Panorama opinión. La República Dominicana tiene en las costillas uno de los récords más lamentable del mundo… somos el país con más muertes por siniestros viales. Una realidad que nos debería avergonzar y causar una preocupación extrema, porque la mayoría de esas muertes son evitables y en gran medida los que pierden la vida son gente joven, en edad productiva y con toda la vida por delante.
En tal sentido, cabe mencionar que dentro de estos siniestros viales existen los motoristas, quienes son según las estadísticas el 70% de dichos siniestros y aportan entre el 52% al 70% de las muertes por accidentes de tránsito. Esto es algo que exige la diligencia de las autoridades y el convenio de toda la sociedad para aportar soluciones concretas a un cáncer que se lleva miles de vidas de dominicanos cada año, como si de una pandemia se tratase. No hay espacio para el lamento, debemos actuar para que haya un resultado positivo en cuanto a esto. El talón de Aquiles del flagelo ya está identificado, se llama: “Motorista”.
Sin embargo, ahora tenemos que sumarle a esta triste realidad, algo que parece complicar aún más la situación, y es el comportamiento de los “jodidos motoristas”, ya no solo se conforman con violar todas las normas de tránsito, si no que se han convertido en verdaderos “terroristas motorizados”, causando pánico y terror en las vías de las principales ciudades de la República Dominicana. En defensa de los “jodidos motoristas” puedo decir que no son todos, pero cada vez son más.
Por lo tanto… ¿Dónde podría estar la solución al problema? Bueno, empezando en que no cualquiera está capacitado para andar en motocicleta. Las autoridades deben ser más exigentes para otorgar una licencia de conducir (pruebas de todo tipo, incluyendo psicológicas y psiquiátricas); fiscalizar todo tipo de infracción de un motorista con todo el peso de la ley; compra: comprar una motocicleta debe ser algo más complejo que solo ir con el dinero o sacarla a crédito.
Autoridades, ¡Decídanse! ¿Nosotros o los terroristas motorizados?