Panorama Opinión. El derecho a la protesta está estipulado en la constitución dominicana, pero no se define como un artículo único, sino que se sustenta en tres ejes fundamentales: el derecho a la libertad de reunión que está en el artículo 48, la libertad de expresión (Art. 49) y la libertad de asociación (Art. 47). Sin embargo, protestar tiene sus límites, para ser legítimas, las manifestaciones deben ser estrictamente pacíficas. El ejercicio de este derecho no puede vulnerar el orden público, la seguridad nacional ni los derechos de terceros.
En tal sentido, los dominicanos nos hemos puesto creativos cuando de protestar hablamos, desde “los cacerolazos” hasta pararse en medio de la “plaza de la bandera” para que los gobernantes de turno sientan el enojo y la inconformidad social del momento. Toda protesta es válida y se justifica siempre y cuando haya argumentos que la sustenten. Cuando se van sumando y acumulando heridas al bolsillo de los dominicanos, ver como se protesta, simplemente debe servir a las autoridades para tomar nota y dar un giro al timón para buscar soluciones a las problemáticas del país.
Ciertamente, todo gobierno está en la obligación de brindar una mejor vida a los dominicanos, y satisfacer las demandas sociales. Pero hay matices que deben ser observadas por las propias autoridades: quiénes protestan y por qué protestan. Quienes son los que protestan, pues al gobierno del PRM es casi un hecho que los que empiezan “los cacerolazos” son los votantes de la oposición y/o militantes de dichos partidos; sin embargo, detenerme ahí seria simplista de mi parte, habría que tomar en cuenta también a los que se dejan llevar del “coro” y poner una atención especial a los que tocan su cacerola y simpatizan con el gobierno de turno. Es por esto que a la base electoral del PRM y a la población sin contaminación partidaria opositora, hay que explicarles que si los alimentos han subido y que si los combustibles han subido de precio, es porque estamos sintiendo una factura inflacionaria importada, por el contexto internacional en el que nos encontramos.
Luis Abinader no ha tenido ni un minuto de respiro, comenzando por la pandemia del Covid 19, pasando por la guerra Rusia – Ucrania, hasta llegar al conflicto entre USA e Irán y la crisis del estrecho de Ormuz. Aun así la República Dominicana, mantiene un crecimiento económico por encima del promedio de Latinoamérica, pero hay que cuidar a toda costa la “Paz Social”.
Nadie invierte en un país con conflictos internos, nadie visita un país anarquizado, no se genera empleo en un lugar donde la calle es un polvorín. La República Dominicana está por encima de cualquier interés o capricho particular, algunos de los revoltosos del momento no tienen mucho que perder si todo se va al garete y copiamos de nuestros vecinos de al lado (Haití).