Panorama Opinión. En este país, hay inmensidad de gente que se queja de que “la cosa está mala”, que cada vez se reduce su poder adquisitivo respecto a la capacidad de compra y con relación a los ingresos que recibe. En esto, compromisos y responsabilidades van la mano: saber administrarse con salarios bajos y asumiendo todos los riesgos.
En sentido general, los comerciantes tienen los precios de productos básicos de amplio consumo siempre muy por encima de los niveles de inflación que cada mes da a conocer el Banco Central. Aún cuando la tasa cambiaria de las últimas semanas da cierto respiro a la moneda nacional, con algunos puntos a favor, lo cierto es que la población, en sentido general, sufre los rigores de los pesos devaluados.
Lo que hace un año se podía adquirir con 100 pesos, ya a estas alturas tiene menos calidad, menor volumen o tamaño, algo comprobado con distintos productos de consumo masivo.
Cien pesos dan para llevar menos de 5 plátanos a la casa (si es en supermercado, pues en un colmado ni siquiera 3). Quizás ese billete alcance para una tacita con café en una plaza comercial. Por esa suma, ni siquiera se puede saborear un helado en barquilla.
Por igual, 100 pesos apenas dan para llevarse 2 libras y media de yuca en un supermercado, pero no alcanzan para una libra y media de yautía blanca o amarilla, cuyos precios por libra se cotizan a 80 pesos. Si se acude al colmado hay que buscar más.
Da para poca cosa
Productos de amplio consumo como café en polvo, agua embotellada, aceites comestibles, pollo fresco y congelado, limones agrios, tomates, cebolla están entre los que han experimentado alzas de precios en los últimos meses. El pan tamaño normal (de agua o sobao) sigue al mismo precio, cada vez con menos calidad.
De seguir por este derrotero, y con amenazas de que el mundo está a merced de una crisis alimentaria, la situación se torna más que tétrica. El Gobierno ha sido reiterativo de que a raíz de iniciarse el conflicto en Medio Oriente no se han registrado alzas de precios ni desabastecimientos de alimentos.
Aún cuando los niveles de inflación presenten de manera oficial porcentajes reducidos, en la realidad la población, en su inmensa mayoría y de manera cotidiana tiene menos posibilidades de adquirir bienes de consumo y servicios con los ingresos que recibe.
Las ventas populares de Inespre tendrán precios más asequibles, pero el grueso de la población no accede a esas unidades.
Los intermediarios
El intermediarismo acapara lo que viene a ser la masa principal en la distribución de un determinado producto, por no decir todos. En la economía doméstica hay una serie de situaciones que se dan en la cadena de distribución desde el productor, el mayorista, el minorista o agente hasta el consumidor final.
Y no solo esa situación es exclusiva con los alimentos básicos. Las medicinas y los productos ferreteros han registrado alzas que han puesto el grito al cielo de los millones de consumidores a nivel nacional. Tampoco se queda fuera el sector automotriz y todo lo que tiene que ver con los mantenimientos y uso de vehículos de motor.
Los empleados que perciben salarios comprendidos entre 12 mil y 35 mil pesos tienen que hacer malabares para poder suplir las necesidades más perentorias en sus hogares. Máxime si son padres y madres de familia. Y todo se complica cuando tienen que cumplir con pagos de cuotas por préstamos bancarios para viviendas o automóviles.
Enfrentarse a responsabilidades de suplir alimentación, pagar facturas de colegio, de electricidad, teléfono, agua, gastos en transporte, tema de salud, vestimenta, diversión (por si se puede), son obligaciones sine qua non a las que hay que asumir con salarios depreciados, y que cada vez alcanzan para menos.
Aun cuando el Banco Central divulga que la inflación se ha mantenido en el rango meta de 4% ± 1, no es raro encontrarse con la sorpresa que un supermercado aumentó 8% ó 10% el precio de un determinado producto.
Cobertura a medicinas
Las farmacias tienen una consigna cotidiana: “El seguro no le cubre”. Casi siempre es la misma respuesta a pacientes interesados en conseguir determinados tipos de medicamentos, aparte de las alzas de precios que estos han experimentado.
Los gremios choferiles son oportunos en eso de advertir que aumentarán los pasajes ante cualquier situación que tenga que ver con alzas de combustibles y otros renglones vinculados a ese sector. Siempre en detrimento de los usuarios.
En todo esto lo cierto es que habrá comerciantes que se aprovechan de situaciones y abusan de la población, aún cuando sus existencias de mercancías sean desde antes de nuevas alzas.