Los tanques de agua frente a cada vivienda, colocados en galerías, patios o justo a la entrada de las casas forma parte del paisaje cotidiano en el municipio de Baitoa, ubicado en la zona sur de la provincia Santiago. Estos recipientes plásticos, de color azules en su mayoría, no son simples objetos utilitarios, sino símbolos visibles de una carencia histórica.
En cada tanque se almacena el agua que llega a las viviendas de manera irregular, transportada en camiones cisterna que aparecen sin horarios fijos ni garantías de abastecimiento continuo. Esa agua, esencial para las tareas más básicas del hogar, debe ser comprada a precios que varían según la demanda y la escasez, golpeando de forma directa el ya limitado presupuesto de las familias de dicha localidad.
Para muchos hogares, esto implica destinar una parte significativa de sus ingresos únicamente a asegurar el acceso al líquido, obligándolos a reducir gastos en alimentación, salud u otras necesidades prioritarias, en una lucha diaria por mantener condiciones mínimas de vida.
Generaciones enteras han crecido viendo estas barricas como parte esencial del hogar, aprendiendo desde temprana edad que abrir una llave no asegura nada. La cultura del almacenamiento ha sustituido la confianza en un sistema de distribución de agua que nunca ha terminado de materializarse.
Lo más paradójico es que este municipio, cercado de fuentes acuíferas y vinculado directamente a la presa de Tavera, continúa sin un servicio de agua potable.
El actor de cine dominicano de fama internacional, Manny Pérez, ha asumido un rol activo en la denuncia de la crisis por falta del suministro que históricamente ha afectado al municipio de Baitoa, su comunidad natal.
Pérez ha calificado esa situación como “injusta y contradictoria”, dado que esta demarcación está rodeada de importantes fuentes hídricas, además del embalse, por su territorio atraviesa el río Yaque del Norte.
El actor, reconocido por su trayectoria en cine a nivel internacional, ha utilizado su voz pública para visibilizar la precariedad en el acceso al agua por tuberías que enfrentan sus parientes y miles de compueblanos.
Pérez ha expresado su indignación ante esta realidad, señalando que resulta inconcebible que comunidades ubicadas en el corazón de una de las principales cuencas hidrográficas del país carezcan de un servicio básico tan esencial. Su postura ha generado eco tanto en redes sociales como en medios de comunicación tradicionales, donde ha insistido en que el acceso al agua potable es un derecho fundamental, no un privilegio.
La lucha de Manny Pérez no solo ha servido para amplificar el reclamo comunitario, sino también para presionar a las autoridades a buscar soluciones concretas. Organizaciones sociales, líderes comunitarios y representantes religiosos se han sumado al llamado, denunciando décadas de abandono y promesas incumplidas por los diferentes gobernantes que han dirigido la nación.
El sacerdote católico José Olivo, párroco de la iglesia San Ramón Nonato en Baitoa, describe la situación como un “drama histórico” que ha sido ampliamente conocido, pero poco atendido por las autoridades.
“Es una situación que ya la conocemos todos, un drama de más de 50 años”, expresó visiblemente consternado el religioso.
El padre contó que la realidad diaria de los habitantes de esa demarcación es dura. Dice que más del 80 por ciento de la población depende de la compra de agua en camiones o en botellones que son comercializados en los colmados, un gasto constante que golpea directamente el bolsillo de los munícipes.
“Es penoso que un pueblo como Baitoa, junto con Sabana Iglesia, que cedió recursos hídricos para la construcción de presas, tenga que estar ahora prácticamente mendigando agua”, afirmó el sacerdote.
En el caso de la iglesia que administra José Olivo, explica que han tenido que adaptarse para garantizar el suministro, recurriendo a la instalación de un espacio para almacenamiento. Detalla que, ante la irregularidad del servicio por tuberías, han establecido una especie de logística interna para priorizar el uso del agua en actividades esenciales, como la limpieza del templo, los servicios sanitarios y las actividades comunitarias que allí se desarrollan. Esta situación, afirma, no solo incrementa los costos operativos de la iglesia, sino que también limita la frecuencia de algunas jornadas, obligando a reorganizar horarios y reducir el consumo al mínimo indispensable.
“Aquí hemos dispuesto una cisterna desde hace muchos años y nos sostenemos básicamente con agua de lluvia. Cuando hay crisis, compramos algún camión para abastecerla”, detalló.
Para el religioso, el escenario que allí se vive “da pena” y refleja una deuda histórica del Estado dominicano con los residentes en esa comunidad.
El padre recuerda que la actual administración gubernamental ha prometido en al menos dos ocasiones la construcción de un acueducto, pero hasta ahora no hay resultados concretos.
“Son promesas que muchas veces se quedan en el aire”, lamenta.
Mientras tanto, el diario vivir en Baitoa se desarrolla marcado por la incertidumbre del agua. Cada jornada implica no solo conseguirla, sino también administrarla con precisión casi milimétrica. En los hogares, el uso del líquido se planifica, se reutiliza y, en muchos casos, se limita a lo estrictamente esencial.
El negocio de los camiones cisternas
Rafael Núñez explica que paga entre 1,000 y 1,300 pesos para que un camión cisterna le llene sus barricas.
“Aquí uno tiene que resolver como pueda”, dice el señor, de unos 70 años de edad.
Explica que, en condiciones normales, un tanque puede durar entre dos y tres días en su familia.
Amas de casa relatan que, en muchos casos, el agua adquirida apenas alcanza para cubrir las necesidades básicas.
Otros testimonios reflejan una realidad aún más cruda. Juan Luciano, quien reside en la zona desde el año 1979, asegura que el servicio llega en algunos sectores de manera esporádica.
“A veces llega cada doce o quince días, pero hay sectores donde no ha llegado nunca”, explica.
En lugares como la parte céntrica del municipio, el callejón de Sánchez, La Lomita, Los Prados o La Vereda del Liceo, la escasez es permanente.
Para algunos, la situación ha sido invariable durante toda su vida. Juan Disla, de 79 años, lo resume sin rodeos. “En los años que tengo de vida nunca he tenido agua por tubería”. Su testimonio evidencia que el problema no es reciente.
La falta del servicio limita el desarrollo de los sectores productivos de la zona, donde la precariedad del suministro condiciona desde la higiene hasta la actividad económica.
Promesas repetidas
El proyecto de construcción del acueducto de Baitoa continúa sin materializarse pese a haber sido anunciado en al menos dos ocasiones por las autoridades durante los últimos periodos gubernamentales, lo que ha generado cuestionamientos entre los residentes de esa localidad enclavada en la zona sur de la provincia Santiago.
Se recuerda que, en el año 2022, el presidente Luis Abinader informó sobre la construcción del sistema de agua potable para el municipio. Sin embargo, tres años después, en septiembre de 2025, la obra volvió a ser presentada públicamente sin que hasta el momento se haya concretado su ejecución.
El nuevo anuncio fue realizado por el director ejecutivo del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA), Wellington Arnaud, quien dio a conocer los detalles del denominado Acueducto Múltiple Baitoa–Taveras durante un encuentro con munícipes de ambas demarcaciones y que fue coordinado por representantes de la Iglesia Católica y las autoridades civiles locales.
De acuerdo con lo explicado por el funcionario –Wellington Arnaud- en materia acuífera, el proyecto contempla la construcción de una planta potabilizadora con capacidad de producción de 100 litros por segundo, así como cuatro estaciones de bombeo, de las cuales dos serán de agua potable y dos de agua cruda.
Además, detalló que la obra incluye la instalación de 142 mil metros de tuberías y la construcción de tres nuevos tanques de almacenamiento, componentes que buscan garantizar un servicio continuo y eficiente para la población de Baitoa y Tavera.
En ese momento, el director del INAPA informó que la inversión estimada asciende a RD$1,460 millones. Aseguró que la iniciativa forma parte del compromiso del Gobierno del presidente Abinader de ampliar el acceso al agua potable en todo el país.
“Estamos enfocados en garantizar agua potable, en cantidad, calidad y presión, a cada hogar dominicano, honrando la palabra del presidente Luis Abinader, que está comprometido a mejorar la calidad de vida de nuestra gente”, expresó el servidor público durante el encuentro.
Al ser consultado por Panorama sobre la nueva promesa, el alcalde de Baitoa, Bernardo López, afirmó que en esta ocasión sí se materializará la construcción del acueducto del municipio, se pondría fin a una obra esperada por más de 50 años y que ha sido anunciada sin éxito en otras gestiones gubernamentales.
El ejecutivo municipal sostuvo que, a diferencia del pasado, el proyecto presenta condiciones concretas que garantizan su ejecución. Entre ellas aseguró que ya cuentan con una licitación en curso por más de mil millones de pesos, la asignación de recursos y su inclusión en el Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP).
“Antes podía verse como una promesa más, pero ahora es una realidad. Existe el código SNIP, están los recursos y el proceso de licitación, que es lo que asegura que, una vez adjudicado, se inicien los trabajos de la obra”, expresó López.
El alcalde atribuyó el avance del proyecto al impulso del gobierno encabezado por el presidente Luis Abinader, destacando que la actual gestión ha priorizado el acceso al agua potable en distintas comunidades de toda la geografía nacional.
Según dijo, la expectativa es que la construcción del anhelado acueducto sea iniciada a finales de este año 2026 o a inicios del próximo 2027, ¨lo que marcaría un antes y un después para el municipio¨.
López recordó que la obra ha sido prometida durante décadas sin concretarse, al punto de que, según dijo, “ni siquiera había nacido” cuando ya se hablaba del proyecto. Sin embargo, insiste en que las condiciones actuales generan confianza en que esta vez sí se cumplirá la promesa.
Beneficiados con el acueducto
La obra beneficiará a los más de 22 mil habitantes de Baitoa y localidades aledañas, quienes actualmente se abastecen mediante pozos tubulares, conexiones improvisadas y camiones cisternas, una situación que impacta la calidad de vida y limita el desarrollo de esa demarcación.
La población perjudicada se ve obligada a recurrir a la compra de agua en camiones cisterna o el almacenamiento en recipientes para utilizarla en sus necesidades básicas como cocinar, asearse y limpiar.
Los munícipes advierten que la escasez del servicio limita actividades esenciales como la higiene personal, la limpieza del hogar y la preparación de alimentos, lo que ha provocado malestares y afecciones físicas por no contar con un líquido de calidad, y de continuar podría derivar en problemas de salud pública.
Ante este panorama, comunitarios hacen un llamado a las instituciones responsables para que adopten medidas efectivas que garanticen un suministro continuo, seguro y de calidad, a fin de mejorar las condiciones de vida de más de 22 mil ciudadanos, quienes se mantienen en el escepticismo. Los residentes han escuchado promesas durante décadas, sin ver resultados. Por eso, más que anuncios, esperan acciones concretas.