Panorama opinión. El país se paralizó durante unos minutos. El momento de la ¡gloria! Marileydi Paulino ganó, con amplia ventaja a sus rivales en los Juegos Olímpicos de París, ese viernes, al romper el récord mundial y llevarse la preciada medalla de oro.
Un ejemplo a seguir. Perseverancia, fe, creer en uno mismo, y lo principal, la humildad por sobre todo y todos, llevaron a la “gacela de ébano” dominicana al gran triunfo con mucha ventaja. Casi diez pasos por delante, llegó solita a la meta, con una facilidad increíble.
Una hazaña que todos debemos celebrar y esperar que se cumpla la promesa gubernamental del efectivo para la medalla de oro, una presea más que merecida para esta dominicana sin par, que ha recorrido los caminos más duros y espinosos para llevarse el ¡oro! en París, la Ciudad Luz, cuna de grandes intelectuales, artistas y una revolución que evolucionó al mundo entero.
El orgullo del dominicano, de ese que viene de abajo, no del que ha crecido entre las mieles de la riqueza, enorgullece hoy a todo el país, que quedó paralizado, en suspenso, esperando, y ella con todo el donaire y la gracia de la dominicana común se alzó, como la bandera que representa, ¡más arriba, mucho más!
El himno nacional, una versión de La Marsellesa, pero focalizada en este Caribe insular, de grandes calores y fuertes lluvias, y de hospitalidad sin igual, resonará en los corazones de millones de personas de aquí, allá y acullá.
Hoy, el país refulge en el universo deportivo, y su centro es el sol que Marileydi Paulino, con su fuego interior y su llama positiva, ilumina este país de adelantos y retrancas, ella puso en alto la bandera tricolor, y a ella, solo a ella, es justo darle el lugar y el honor, de surgir de las precariedades hasta alturas impensables.
Disfrutemos, dominicanos, en cualquier lugar que se encuentren de este triunfo de una joven que ha sabido sortear todas las dificultades que se le presentan a una juventud ávida de progresar.
No dejemos de lado, que también hay que reconocer el trabajo esforzado de su entrenador. Las mezquindades no existen, pues se alzó con el primer lugar, sigue brillando con luz propia, que ya te es particular.