Panorama Político. Aunque el concepto de «La Patria Nueva» comenzó a circular en la propaganda oficial desde la década de 1930, el momento cúlmine de esta frase ocurrió el 7 de mayo de 1955. No fue una frase expresada al azar en un discurso improvisado; fue una imposición legal.
El Poder Ejecutivo —entonces formalmente a cargo de su hermano títere, Héctor Bienvenido «Negro» Trujillo— promulgó una ley que declaraba oficialmente a Rafael Leónidas Trujillo Molina como «Padre de la Patria Nueva». La entrega formal del título se realizó el 14 de mayo de 1955 en el Congreso Nacional en Ciudad Trujillo (en la actualidad Santo Domingo).
Anteriormente, el Congreso ya le había otorgado el título de «Benefactor de la Patria» en noviembre de 1932 en Santiago. En 1955, para celebrar las «Bodas de Plata» (los 25 años) del régimen, se fusionaron y maximizaron estos conceptos.

Rafael Leónidas Trujillo Molina conocido como Chapitas fue uno de los dictadores más temidos. Un militar y dominicano quien dirigió la República Dominicana desde 1930 hasta su asesinato en 1961.
También, respetado como «El Jefe», su régimen de 31 años (la «era de Trujillo») se caracterizó por un férreo control político, un marcado culto a la personalidad y una intensa represión. Ejerció el poder de manera directa entre 1930-1938 y 1942-1952, y de forma indirecta mediante presidentes títeres el resto del tiempo hasta su muerte.

Además, otras frases unidas a esta fueron: «Dios y Trujillo» o «En este hogar Trujillo es el Padre». Para 1955, la dictadura se encontraba en su cenit estético, pero empezaba a sentir tensiones internacionales. El régimen necesitaba una gigantesca operación de relaciones públicas para legitimarse.
Ese año fue declarado oficialmente como el «Año del Benefactor de la Patria» y se organizó la fastuosa Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre. Esa frase obedece a la refundación mítica, a la consolidación del culto a la personalidad y a la alineación con la Iglesia y el anticomunismo.

En su impacto ciudadano desde la dictadura importa en el siglo XXI para que las pasadas y actuales generaciones no olviden que Trujillo buscaba, instalar un siguiente mecanismo de control totalitario desde el monopolio de la identidad nacional, la alta traición a la patria, el adoctrinamiento escolar y civil como «En este hogar Trujillo y Dios» y el control del espacio público. Es fundamental para entender la política contemporánea y los riesgos de la manipulación discursiva.