En un estudio dado a conocer el pasado miércoles por el Banco Central y el Ministerio de Industria y Comercio se destacó la importancia de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Mipymes) en la economía de la República Dominicana.
De acuerdo a ese estudio, que incluyó una Encuesta Nacional del sector 2022-2023, las Mipymes contribuyen con el 32 % del Producto Interno Bruto (PIB), generan el 61.6 % del empleo total en el país y representan un tercio de la economía nacional.
El objetivo principal de esta encuesta fue identificar y recopilar información económica y financiera sobre las Mipymes, que juegan un papel crucial en el desarrollo económico del país. El estudio abarcó 470,527 negocios, de los cuales 404,034 fueron clasificadas como Mipymes, excluyendo aquellas que forman parte de conglomerados de grandes empresas, estaciones de expendio de combustibles, clínicas privadas y bancas de apuestas.
El estudio también reveló que el sector de las Mipymes emplea a 3,052,449 personas a nivel nacional, lo que equivale al 61.6 % del total de ocupados en el país. Sin embargo, solo el 14.8 % de estas empresas cuenta con el Registro Nacional de Contribuyentes (RNC), mientras que el 85.2 % restante operan en la informalidad.
Este informe resalta la necesidad de fortalecer y formalizar el sector de las Mipymes para maximizar su contribución a la economía y mejorar las condiciones laborales en la República Dominicana.
Con esas conclusiones del importante estudio estamos todos de acuerdo, ahora lo más relevante es conocer por qué las Mipymes prefieren operar en la informalidad, para luego tratar de simplificarle la vida a través de políticas públicas acertadas y eliminación de trabas burocráticas, veamos:
La formalización implica enfrentar una serie de costos administrativos y fiscales, además de trámites burocráticos que pueden ser complicados y demorados. Muchos pequeños empresarios prefieren evitar estos gastos y procesos para ahorrar tiempo y recursos.
Para formalizarse, las Mipymes deben cumplir con obligaciones fiscales y de seguridad social que pueden ser percibidas como una carga económica significativa. En un esfuerzo por reducir sus gastos operativos, optan por mantenerse fuera del sistema formal.
Muchos propietarios de Mipymes carecen de información sobre los beneficios de la formalización o no están bien educados sobre los procedimientos necesarios para formalizar sus negocios. La falta de conocimiento puede llevar a una percepción de que formalizarse es más complicado y costoso de lo que realmente es.
Las Mipymes que operan en la informalidad pueden tener dificultades para acceder a financiamiento formal. Sin embargo, muchas veces prefieren los métodos de financiamiento informal (familia, amigos, prestamistas locales) que consideran más rápidos y menos burocráticos, a pesar de las tasas de interés más altas.
Operar en la informalidad permite a las Mipymes una mayor flexibilidad en la gestión de su negocio, incluyendo la contratación y despido de personal, así como la adaptación rápida a cambios en el mercado sin tener que cumplir con regulaciones estrictas.
Existe una desconfianza generalizada en las instituciones gubernamentales y en el sistema tributario, lo que lleva a los pequeños empresarios a evitar la formalización por miedo a corrupción, sanciones arbitrarias o mala gestión de los recursos públicos.
Para abordar estas cuestiones, es crucial que el gobierno y las instituciones relevantes trabajen en simplificar los procesos de formalización, educar a los empresarios sobre los beneficios de operar formalmente, y proporcionar incentivos fiscales y financieros que hagan más atractivo para las Mipymes pasar a la formalidad.