Panorama Opinión. La sociedad dominicana, en su gran mayoría, es muy proclive a la inmediatez del «pica pollo y los quinientos pesos», un problema que persiste y se hace evidente en cada proceso electoral. Esta realidad plantea un gran dilema: ¿cómo es posible elegir senadores y diputados que en realidad sepan o que vayan a legislar, cumpliendo así sus verdaderas funciones como legisladores, si la base del electorado se mueve por incentivos de corto plazo y no por ideales o propuestas?
El reto del presidente Abinader: Más allá del 2028
El presidente Luis Abinader tiene ante sí un gran reto: culminar su segundo mandato de manera exitosa. Está obligado a realizar una mayor inversión pública, eliminar gastos superfluos y reducir el despilfarro en publicidad. Si continúa con la misma dinámica, con los mismos funcionarios que no aportan nada a su gestión de gobierno y que no hacen un uso eficiente de los recursos del Estado (salvando algunas excepciones), el presidente no llegará a un buen término en el 2028. Se hace necesario un mejor enfoque de los recursos públicos que impacten directamente a la ciudadanía.
El presidente Abinader tiene que desterrar del gobierno a los «faraones» y «faraonas» que, en vez de hacer un bien, están perjudicando su gestión. Este 16 de agosto es el mejor momento para relanzar su gestión y limpiar su gobierno de algunos funcionarios que se consideran caciques revestidos de dictadores, que anteponen sus intereses personales a los del Estado o el pueblo dominicano. Que llevan como estandarte el nepotismo, favoreciendo así a sus familiares, amiguitos y lambiscones, e introduciéndolos al tren gubernamental para provecho propio, como si el Estado fuera una finca de su propiedad. Cuidadito, presidente, si se hace el ciego y el sordo con este maleficio de algunos que, desde el gobierno, están ejerciendo un comportamiento no muy alentador para su gestión.
El principal desafío político del presidente es trabajar para garantizar la permanencia de su partido en el poder más allá de su periodo. Este objetivo de dejar al PRM instalado como una fuerza duradera plantea el gran dilema de la sucesión: ¿a quién se le debe pasar la antorcha para liderar el camino? La elección de un sucesor capaz y aceptado por las bases será crucial para mantener la cohesión del partido y asegurar su futuro.
Los desafíos del PRM como partido
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) enfrenta desafíos estructurales y de credibilidad. Uno de los más importantes es recuperar la confianza que, dicho sea de paso, ha perdido desde que conoció las mieles del poder. Debe intentar, mediante un torniquete, frenar la hemorragia del descontento y el malestar que persiste a lo interno, trabajando más en su fortalecimiento y crecimiento como organización política. El partido debe volver a articular un discurso convincente que inspire a la población a darle otra oportunidad.
Otros retos importantes son:
Fortalecer sus estructuras: Es imperativo que el PRM fortalezca sus bases a nivel nacional y en el exterior, reconectando con los militantes de a pie que han sentido el abandono de una forma brutal.
Definir su ideología: El partido debe definir claramente cuál es su ideología y qué representa para el país, desmarcándose de la etiqueta de que no saben gobernar y de que todo lo que tocan lo dañan. Esta percepción es un lastre que el PRM debe combatir con resultados tangibles y una visión clara.
La importancia de la unidad
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) tiene que permanecer unido después del proceso interno venidero. No puede volver a repetir los vicios del pasado, dejando de lado las diatribas, los “sillazos” y los “tiros”. El partido debe ser consciente de que, si va dividido, tiene el 70% del pleito perdido.
Conclusión
El futuro del presidente Abinader y el PRM está directamente ligado a su capacidad para superar estos retos. Para lograrlo, deben volver a la esencia de lo que fueron antes del proceso electoral de 2020: un movimiento de cambio, con una conexión genuina con sus bases y un compromiso firme con sus principios. Retomar esa identidad es el único camino para garantizar su legado y la continuidad de su proyecto político.
Cierro con esta frase de mi autoría:
«El engaño en política se castiga con el rechazo. El cambio no es una quimera, es la fuerza de un compromiso colectivo».