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¿Quién está protegiendo al productor dominicano?: El campo se ahoga entre importaciones y deudas

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Sacos de arroz sin vender, pérdidas millonarias y dificultades para acceder a financiamiento estatal forman parte de las quejas que están enfrentando los productores de pollo y arroz.

Panorama Nacional. Desde el arroz hasta el pollo, pequeños productores aseguran que enfrentan una competencia desigual frente a las importaciones y la concentración del mercado. Mientras reclaman planificación y apoyo real, muchos advierten que el país podría depender cada vez más de alimentos importados y menos de su propia producción nacional.

“Ahora mismo la principal problemática que son los costos de producción se han elevado en un 40 %, porque la mano de obra se ha incrementado bastante y los fertilizantes también han estado castigando. A pesar de que se dice que tienen un subsidio, ese subsidio no le llega directamente al productor”, denuncia Cecilio Antonio Rodríguez Ramos, productor de arroz.

“Una tarea de arroz, solamente la mano de obra para sembrarla sale en 1,500 pesos. Después se le agregan los fertilizantes. Una tarea consume más o menos 100 libras de abono. El abono está a 3,200 pesos el saco. Entonces, cuando uno va a producir arroz, la ganancia no está apareciendo”, asegura Juan Francisco Bonilla, productor de arroz en La Vega.

Las declaraciones reflejan una preocupación que se repite en distintas provincias agrícolas del país: el aumento de los costos de producción, las crecientes importaciones y la disminución de la rentabilidad del campo dominicano.

El programa Toda la Verdad, conducido por la periodista Odalis Castillo, inició la serie de investigaciones Crisis en el sector agropecuario, enfocada en revelar las dificultades que enfrentan productores dominicanos ante el aumento de las importaciones, las pérdidas económicas y los obstáculos para comercializar sus cosechas.

La primera entrega abordó la situación de los productores de habichuela y cebolla en la provincia San Juan. La segunda presentó la realidad que viven agricultores de Constanza con cultivos como la papa, la zanahoria y el ajo.

En esta tercera entrega, la investigación se traslada a La Vega y San Francisco de Macorís para conocer la situación de los productores de arroz, así como a Moca y Licey, donde pequeños productores de pollo denuncian crisis de rentabilidad, aumento de costos y desplazamiento del mercado.

Datos recopilados para esta investigación muestran que entre 2019 y 2025 las importaciones de arroz crecieron un 35 % en volumen y un 114 % en valor. El punto más crítico ocurrió en 2024, cuando República Dominicana importó más de 213 mil toneladas métricas de arroz, una cifra considerablemente superior a los niveles registrados en años anteriores.

En términos económicos, las importaciones pasaron de poco más de 9 millones de dólares en 2019 a más de 152 millones de dólares en 2024.

Mientras tanto, los productores aseguran que sembrar se ha convertido en una actividad cada vez más costosa y menos rentable.

Durante el levantamiento de información también se identificó un fuerte incremento en los fertilizantes nitrogenados. La urea, uno de los productos más utilizados en las plantaciones de arroz, pasó de 472 dólares por tonelada en febrero de 2026 a 856.9 dólares en abril del mismo año, un aumento de 81.4 % en apenas dos meses.

El incremento equivale a casi 385 dólares más por tonelada, impactando directamente los costos de producción agrícola.

“Hay muchas pérdidas. Muchas veces hay más pérdida que beneficio últimamente, porque los insumos están demasiado altos”, sostiene Juan Francisco Bonilla.

Para muchos productores, la preocupación ya no se limita únicamente al aumento de los costos. También señalan las importaciones como un factor que estaría afectando la comercialización de las cosechas nacionales.

“Las importaciones son otra de las cosas que le están diezmando a uno. Muchas veces, cuando entra la cosecha, ya los almacenes están llenos. Entonces las factorías dicen que hay exceso de arroz y no tienen salida”, afirma Cecilio Antonio Rodríguez Ramos.

El productor también cuestiona las condiciones de pago impuestas por algunas factorías. “Los pagos se los ponen a 30 y 60 días. ¿Cómo uno trabaja una nueva cosecha si todavía no le han pagado la anterior?”, agrega.

Guillermo Alexander, también productor de arroz, advierte sobre el impacto que podrían tener las importaciones masivas en la sostenibilidad del sector agrícola nacional. “Si siguen las importaciones, con el tiempo los productores van a desaparecer, porque tú estás masacrando al productor nacional. Cuando tú tienes 1,500 sacos en el campo que no puedes vender por una importación que llegó descontrolada, tus rubros pierden valor”, expresa.

El doctor en Economía Agrícola, Winston Marte, considera que las preocupaciones del sector encuentran respaldo en las cifras oficiales.

“El arroz, el año pasado, se importó alrededor de 25 mil toneladas, que es un volumen aceptable y que no causa graves daños a la producción nacional. Pero en 2024 sí se importó demasiado: casi 214 mil toneladas de arroz. Por eso, en la segunda cosecha de 2025, los productores tuvieron grandes dificultades para vender sus cosechas”, explica.

La situación, sin embargo, no se limita al arroz.

En Moca, pequeños y medianos criadores de pollo también denuncian problemas relacionados con importaciones, sobreproducción y concentración del mercado.

“La queja de nosotros, los pequeños, es que el sector se lo han entregado prácticamente a ocho o diez empresas. A los que realmente han luchado por mantenerse en el sector se les ha ido desplazando”, denuncia Ambiorix Cabrera, presidente de la Asociación de Pequeños y Medianos Productores de Pollo.

Según Cabrera, otro de los problemas es la falta de planificación de la producción. “Duré siete u ocho meses tratando de llamar al gobierno para que planificara el sector y nadie me hizo caso. Antes nos reunían a todos: estaba el ministro, estaba Ganadería y se planificaba la producción. Ahora no”, afirma.

Las estadísticas también muestran un aumento sostenido de las importaciones de carne de pollo.

Entre enero y marzo de 2026, las importaciones crecieron un 36 % en comparación con el mismo período de 2025. Solo en marzo, el volumen importado pasó de poco más de 6,900 toneladas métricas a más de 10,700 toneladas.

Winston Marte asegura que el fenómeno viene creciendo desde hace años. “En 2019 se importaban 51 mil toneladas de pollo y el año pasado se terminaron importando casi 86 mil toneladas métricas. Eso representa un aumento de 67 %”, señala el economista agrícola.

El especialista advierte que el impacto podría sentirse principalmente entre los pequeños productores. “Lo que esto está provocando es que los pequeños productores desaparezcan del sector. Recientemente hemos visto pollo congelado importado vendiéndose a 35 pesos la libra en supermercados”, indica.

Los productores consultados sostienen que la combinación entre sobreproducción, importaciones y falta de controles ha reducido considerablemente la rentabilidad del sector avícola. “Se creó una sobreproducción y una mala importación. El pequeño ha tenido que vender pollo a 30 y 31 pesos la libra, perdiendo hasta 40 pesos por pollo. Hay pequeños productores que ya no pueden continuar”, asegura Ambiorix Cabrera.

En medio de estas denuncias también surgen cuestionamientos sobre el acceso al financiamiento estatal. “Dicen que hay ayudas para pequeños y medianos productores, pero nosotros no conocemos a nadie que haya recibido esos recursos. Nosotros intentamos conseguir financiamiento en el Estado y nos pusieron muchas trabas. Finalmente tuvimos que acudir a la banca privada”, sostiene Cabrera.

Desde San Juan hasta Constanza, y ahora en Moca, La Vega y San Francisco de Macorís, una misma preocupación se repite entre productores de distintos sectores: el aumento de los costos, el crecimiento de las importaciones y la percepción de que el mercado favorece cada vez más a grupos con mayor capacidad económica.

Los datos recopilados durante esta investigación muestran un patrón difícil de ignorar: mientras aumentan las importaciones de alimentos esenciales, pequeños productores hablan de menor rentabilidad, endeudamiento y dificultades para mantenerse en actividad.

Y aunque las importaciones pueden formar parte de estrategias para garantizar abastecimiento o estabilizar precios, la interrogante que emerge desde el campo es otra: ¿qué  ocurrirá con la producción nacional si el país depende cada vez más de alimentos importados?

El desafío ya no parece ser únicamente producir alimentos. El verdadero desafío parece estar en definir qué lugar tendrá la producción nacional en el futuro económico y alimentario de República Dominicana.

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