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PLD defiende comerciantes fronterizos ante amenazas de «modernización del mercado»

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Panorama Político. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) expresa preocupación ante la implementación de proyectos de puertos secos en la frontera dominico-haitiana.

En ese sentido, consideramos que estas iniciativas amenazan el comercio tradicional que, durante décadas, ha servido de sustento para miles de familias fronterizas.

El comercio dominico-haitiano no fue construido por grandes corporaciones multinacionales ni por élites económicas alejadas de la realidad fronteriza.

Por el contrario, fue levantado, durante décadas, por el esfuerzo cotidiano de miles de comerciantes, transportistas, productores y pequeños emprendedores de las provincias de la frontera, que lograron desarrollar uno de los mercados binacionales más dinámicos del Caribe.

Ese tejido económico constituye una importante economía social fronteriza que ha permitido sostener empleos, ingresos y estabilidad en comunidades históricamente abandonadas por el Estado.

Hoy, mas de 13 mil comerciantes dependen directamente de la dinámica comercial fronteriza y esto impacta de manera indirecta a más de 100 mil personas en las provincias de Jimaní, Elías Piña, Dajabón y Pedernales, entre familias, transportistas, trabajadores informales, productores agrícolas, suplidores y pequeños negocios locales.

Por esto, el PLD considera que cualquier iniciativa orientada a modernizar el comercio con Haití debe partir de un principio fundamental: la modernización no puede significar el desplazamiento de los actores económicos tradicionales de la frontera ni la concentración del comercio en pocas manos.

El Decreto 166-26, mediante el cual el Gobierno declara de alto interés nacional la construcción y operación de puertos secos en la zona fronteriza, plantea objetivos legítimos como ordenar el comercio, fortalecer controles y desarrollar

infraestructura logística.

Sin embargo, el problema no está únicamente en los objetivos declarados, sino en las consecuencias económicas reales y sociales que podría generar un modelo mal diseñado en un país con debilidades institucionales y limitaciones históricas en materia de control aduanero y lucha contra el contrabando.

Particular preocupación genera el artículo 5 del referido decreto, el cual establece que toda sociedad comercial que pretenda obtener la habilitación para la operación de los denominados puertos secos deberá construir y desarrollar una terminal intermodal terrestre, además de cumplir con múltiples requisitos en materia de infraestructura de transporte, capacidad operativa, plataformas tecnológicas, servicios especializados, manejo logístico y estándares ambientales.

La realidad es que esas exigencias técnicas, financieras y operativas resultan prácticamente imposibles de cumplir para la mayoría de los comerciantes tradicionales de la frontera, pequeños y medianos empresarios que históricamente han sostenido el comercio binacional.

Esto crea el riesgo de excluirlos del nuevo modelo económico y transferir la actividad comercial hacia grandes operadores con alta capacidad de inversión.

A la situación se suma la necesaria articulación con los puestos interagenciales ya existentes en la frontera, estructuras implementadas precisamente para fortalecer el control migratorio, aduanero, sanitario y de seguridad.

El país necesita claridad sobre cómo coexistirán ambos modelos operativos, cómo se evitará la duplicidad institucional y cuáles serán las garantías reales para impedir mayores espacios para el contrabando y la informalidad.

El riesgo es evidente. Primero, que el comercio fronterizo tradicional sea sustituido por estructuras altamente concentradas; segundo, que pequeños y medianos comerciantes dominicanos sean desplazados; tercero, que grandes operadores importen mercancías extranjeras destinadas supuestamente al mercado haitiano y que una parte significativa de esos productos termine penetrando ilegalmente al mercado dominicano, afectando la producción nacional, el empleo y las recaudaciones fiscales.

La experiencia dominicana demuestra que cada vez que los mecanismos de control fallan, quienes terminan pagando las consecuencias son los productores nacionales, especialmente los sectores agropecuario, industrial y comercial.

Más preocupante aún es que el modelo propuesto parece privilegiar una lógica de enclave logístico bajo régimen de zona franca, orientada más hacia grandes operadores económicos que hacia el fortalecimiento del aparato productivo nacional y las economías fronterizas.

El PLD considera que la frontera no puede ser concebida exclusivamente como un corredor para importaciones y reexportaciones.

La frontera debe ser un espacio de desarrollo nacional, producción, integración territorial y fortalecimiento de la soberanía económica dominicana.

Por eso, el PLD propone que cualquier proceso de modernización del comercio fronterizo se sustente en cinco principios fundamentales:

1. Protección del comercio fronterizo tradicional y de los pequeños y

medianos comerciantes dominicanos.

2. Garantías estrictas contra el contrabando y la triangulación comercial, mediante controles tecnológicos, trazabilidad y supervisión independiente.

3. Participación obligatoria de productores y comerciantes fronterizos en la

gobernanza de los puertos secos.

4. Prioridad para productos dominicanos y encadenamientos productivos nacionales.

5. Transparencia absoluta en las concesiones, permisos y operadores

autorizados, para evitar monopolios y concentración económica.

El intercambio comercial con Haití tiene una enorme importancia para la economía dominicana.

Las exportaciones dominicanas hacia Haití superan ampliamente las importaciones y constituyen una fuente relevante de ingresos para miles de empresas y trabajadores.

Pero precisamente por esa importancia, las decisiones sobre la frontera no pueden adoptarse sin consenso nacional ni sin evaluar cuidadosamente sus impactos económicos, sociales y de seguridad.

La República Dominicana necesita modernizar su frontera. Pero modernizar no puede significar sustituir la economía nacional por un modelo de intermediación importadora vulnerable al contrabando, la evasión y la concentración económica.

Desde el Partido de la Liberación Dominicana asumimos la defensa de los comerciantes y familias que dependen de esta dinámica económica; el comercio fronterizo no puede modernizarse destruyendo la frontera. El desarrollo de la frontera debe hacerse con la frontera, no contra la frontera.

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