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¿La música fuerte en el gimnasio aporta motivación extra? Lo que descubrió la ciencia

¿La música fuerte en el gimnasio aporta motivación extra? Lo que descubrió la ciencia
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Panorama Estilo de Vida. Un equipo de científicos de los Estados Unidos midió la respuesta de casi 200 personas en clases grupales con distintos niveles de sonido. Cuáles fueron las recomendaciones a partir de los resultados.

Uno de cada tres adultos no alcanza niveles de actividad física, ¿por qué?

Los especialistas pusieron a revisar ese tipo de práctica y revelaron que bajar el volumen durante las clases grupales no cambia la energía ni el esfuerzo de quienes entrenan.

El volumen alto, lejos de sumar ánimo, expone a un riesgo innecesario para la salud auditiva, según el estudio que publicaron en la revista especializada JAMA Otolaryngology–Head & Neck Surgery.

El daño auditivo por exposición a ruidos intensos afecta a una de cada cuatro personas adultas. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de los Estados Unidos ya advirtió sobre el peligro de sonidos superiores a 85 decibeles A (dBA), una cifra que en los gimnasios muchas veces se supera durante las clases grupales.

La investigación fue liderada por Kaitlin Hori, Choo Phei Wee, Nicholas Liu, John Parsons y Janet Choi. Pertenecen a la Escuela de Medicina Keck, el Instituto de Ciencia Clínica y Traslacional del Sur de California y el Departamento Caruso de Otorrinolaringología–Cirugía de Cabeza y Cuello de la Universidad del Sur de California.

El equipo de investigadores buscó poner a prueba ese concepto en un entorno real y con parámetros objetivos, para determinar si la motivación realmente depende del volumen.

Intentaron responder si una reducción concreta en el volumen de la música mantenía la intensidad percibida del ejercicio y protegía la salud auditiva, sin modificar la sensación de motivación.

También se analizaron las percepciones personales sobre el volumen y los síntomas auditivos posteriores a las clases, como el tinnitus, para orientar futuras estrategias de prevención.

Las clases grupales, de una hora y con rutinas de pesas, se dividieron en dos grupos: uno con la música al volumen habitual y otro con una reducción promedio de 3 dBA.

El promedio en las sesiones típicas fue de 91,4 dBA y en las más silenciosas de 88,5 dBA. Al finalizar cada clase, los asistentes completaron encuestas sobre esfuerzo físico, preferencia de volumen y síntomas auditivos.

La percepción de esfuerzo se evaluó con la escala Borg CR-10, donde 0 equivale a descanso y 10 al máximo esfuerzo.

El análisis estadístico ajustó variables como edad, nivel educativo, tamaño de clase e instructor, para asegurar la robustez de los resultados.

La diferencia registrada en la escala Borg entre las clases con volumen alto y bajo fue de −0,66, una cifra que no representa un cambio relevante en términos médicos.

Para los participantes, esa diferencia mínima significó que al bajar el volumen de la música no sintieron menos esfuerzo ni disminuyó su motivación durante el entrenamiento. La experiencia física se mantuvo igual, independientemente del nivel sonoro.

Solo el 2,1% de los asistentes usó protección auditiva durante las clases y el 14,8% reportó tinnitus, un zumbido en los oídos, después de entrenar. El nivel promedio que los participantes calificaron como “justo” fue de 88,7 dBA.

El análisis estadístico corroboró que al reducir el volumen de la música no se produjeron cambios notorios en la motivación ni en la energía con la que se realizó el ejercicio.

“Reducir el volumen de la música en clases grupales de entrenamiento no condujo a reducciones significativas en la percepción de esfuerzo y puede reducir el riesgo de pérdida de audición inducida por ruido”, afirmaron los investigadores.

El equipo recomendó informar a instructores y asistentes sobre los riesgos auditivos, ofrecer protección en los gimnasios y utilizar medidores de sonido en tiempo real como parte de las prácticas más seguras.

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Reconocieron limitaciones: el estudio no fue aleatorizado ni multicéntrico y se realizó en un solo gimnasio, lo que puede limitar la generalización de los resultados. Además, la música y las rutinas variaron según el instructor, lo que podría influir en la motivación.

Los investigadores dejaron en claro que la música fuerte no suma motivación ni esfuerzo, pero sí puede restar salud auditiva. Bajar el volumen no baja el ánimo en el entrenamiento y sí protege los oídos de lesiones evitables.

En diálogo con Infobae, el médico Federico Di Lella, jefe del Departamento de Otorrinolaringología en el Hospital Italiano de Buenos Aires, explicó: “En los gimnasios se suele subir el volumen al buscar motivar y crear un clima especial, pero está comprobado que el ruido intenso perjudica tanto al oído como al bienestar general”.

No solo afecta las células del oído interno, “también influye en el ánimo, la irritabilidad, la presión arterial, la frecuencia cardíaca y hasta en las hormonas. Pone al cuerpo en alerta”, recalcó.

“Se debería tener más en cuenta que un ambiente tranquilo con música suave ayuda a que el sistema nervioso esté relajado y a mantener la calma. En cambio, la exposición constante al ruido, como pasa también en los animales, puede volver a las personas más nerviosas y alteradas”.

El ruido fuerte daña el oído y, además, “provoca cambios en la conducta y en cómo nos sentimos. Hay un umbral de intensidad de sonido a partir del cual se produce daño auditivo, especialmente si la exposición es prolongada”, expresó Di Lella.

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