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La dura realidad de una familia que pide auxilio para salvar a su hija de la esquizofrenia

Rosalin Soto Martínez padece de esquizofrenia desde los 13 años / Karina Jiménez
Rosalin Soto Martínez padece de esquizofrenia desde los 13 años / Karina Jiménez
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Panorama con el Barrio. En una humilde vivienda, una familia libra desde hace más de 14 años una batalla silenciosa contra la enfermedad mental, la falta de recursos y la ausencia de una respuesta institucional que les permita enfrentar una realidad cada vez más difícil.

Rosalin Soto Martínez tiene 27 años y, según relatan sus padres, desde los 13 comenzó a presentar un comportamiento agresivo y episodios que transformaron por completo su vida y la de toda su familia.

En la actualidad permanece encadenada a una cama de hierro, una medida que sus padres describen como desesperada para evitar que se haga daño a sí misma o a otras personas.

Su padrastro, Teodoro Antonio Guzmán, de 75 años, asegura que la decisión de mantenerla inmovilizada nunca fue una opción, sino la consecuencia de no contar con un lugar donde pueda recibir atención debida permanente.

«Nos duele verla así, pero cuando la soltamos sale corriendo, se desnuda en la calle, rompe vehículos, agrede personas y pone en riesgo su propia vida», relata con evidente impotencia.

Alexandra Hichez lamenta que los pacientes de salud mental no sean tomados en cuenta. (Panorama).

Según explica a Panorama, en varias ocasiones Rosalin abandonó la vivienda y fue víctima de abusos sexuales mientras deambulaba desde el Distrito Nacional hacia Baní. Producto de uno de esos episodios nació un niño que hoy tiene seis años y que, de acuerdo con la familia, también presenta retrasos en su desarrollo y permanece bajo evaluación médica.

Los padres aseguran que durante años buscaron ayuda en distintos centros de salud públicos y privados.

Afirman que fue atendida por especialistas en psiquiatría y psicología, que recibió diversos tratamientos y que incluso permaneció ingresada en un centro especializado para pacientes con esquizofrenia. Sin embargo, sostienen que la especialista les mandó la paciente a su casa, pese a que pagaban unos 25,000 pesos.

“Últimamente hay una psicóloga que era del 28 que nos la internó en un centro de atención a la esquizofrénico y nos la internó en Villa Mella y un día de repente nos la mandó pagándole a nosotros 25,000 pesos mensuales, sin poder, porque yo no podía”, explicó si ofrecer el nombre de la especialista.

De acuerdo con Teodoro Guzmán, el diagnóstico recibido fue de esquizofrenia severa, condición que requiere tratamiento continuo y supervisión especializada.

La situación ha terminado por afectar también la salud y estabilidad económica de toda la familia.

El anciano padece diabetes, fue sometido a una cirugía de corazón abierto y asegura que sus problemas cardíacos ya no le permiten continuar trabajando como fabricante de ventanas, oficio al que dedicó más de cuatro décadas.

«Todos los meses necesito alrededor de 15 mil pesos solo para mis medicamentos. Ya no tengo fuerzas para trabajar y tampoco contamos con los recursos para cuidar a nuestra hija como ella necesita», expresa.

Mientras tanto, la madre de Rosalin combina sus labores con el cuidado permanente de su hija, una responsabilidad que, según la familia, ocupa prácticamente todo su tiempo.

Los padres afirman que han solicitado ayuda en diferentes instituciones, pero aseguran que hasta el momento no han encontrado una solución que permita el ingreso permanente de Rosalin a un centro especializado donde pueda recibir atención médica integral.

Su mayor preocupación es el futuro

Ambos reconocen que su avanzada edad y sus problemas de salud les hacen temer qué ocurrirá con su hija cuando ellos ya no puedan cuidarla.

«Lo único que pedimos es que alguien nos ayude. Si ella pudiera estar en un centro donde la atiendan y nosotros solo pudiéramos visitarla, tendríamos la tranquilidad de saber que está protegida. Nosotros ya no tenemos fuerzas para seguir enfrentando esto solos», manifiesta Teodoro Guzmán.

El caso refleja las dificultades que enfrentan muchas familias dominicanas cuando conviven con personas que padecen trastornos mentales severos y requieren atención especializada de larga duración.

La escasez de centros de internamiento, el alto costo de los tratamientos y la limitada capacidad de muchas familias para sostenerlos terminan convirtiendo el cuidado en una carga física, emocional y económica difícil de sobrellevar.

Mientras esperan una respuesta de las autoridades competentes y de instituciones que puedan brindar apoyo, esta familia continúa luchando día tras día por ofrecer protección a una hija cuya enfermedad cambió para siempre el destino de todos los que la rodean.

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