Panorama Nacional.- A las 9:40 de la mañana de un lunes, los familiares de dos personas que fallecieron el día anterior esperan frente a la morgue del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) en el cementerio Cristo Redentor. El equipo de Panorama se encuentra en el lugar tras recibir quejas sobre el mal funcionamiento del área. El ambiente es insalubre y el olor a putrefacción es insoportable.
Los familiares se refugian bajo dos carpas sin acceso a comodidades básicas, como asientos cómodos, baños o fotocopiadoras. En el lugar se encuentran dos familias, una que perdió a una menor de diez años que se ahogó en una piscina y otra que perdió a una mujer en un accidente de tránsito.
El alto flujo de trabajo y las precarias condiciones de la morgue dificultan el proceso de autopsias, que se acumulan debido a la falta de personal y equipos adecuados.
Esta es parte que vivió el presidente de la Alianza Dominicana Contra la Corrupción (Adocco), Julio César de la Rosa Peralta al enfrentar la muerte de su hijo Junior de la Rosa Peralta en un accidente de tránsito el pasado 16 de junio.
Julio César de la Rosa Tiburcio, presidente de Alianza Dominicana contra la Corrupción (Adocco), comparte su dolorosa experiencia al retirar el cadáver de su hijo ante el drama que se vive en el Inacif.
«Es tétrico tener que ir a un cementerio a identificar el cadáver de un familiar. Pero, además, las fundas donde entran los cadáveres en otros países no pueden costar gran cosa. No es posible que a usted lo llamen a identificar el cadáver de su hijo envuelto en una funda plástica negra, ¡eso es desgarrador! Tener que irte y volver al otro día sabiendo que dejas el cuerpo de tu familiar ahí dentro en condiciones desastrosas, lleno de sangre y que no puedes retirarlo, a esto debe ponérsele fin, no es posible que siga ocurriendo en República Dominicana.»
“Ocho horas debieron transcurrir para que yo recibiera el cadáver de mi hijo. Es inhumano e indignante el trato que reciben los cuerpos de nuestros seres queridos en estas condiciones. La falta de recursos y personal, sumada a la insensibilidad de las autoridades, hace que este proceso sea aún más doloroso para las familias.”
Sin embargo, el destacado jurista ve en su pérdida un lado diferente:
«Uno tiene que penosamente sufrir la pérdida de un familiar de manera trágica para conocer algunas cosas y yo creo que ese va a ser el legado que Junior va a dejar porque a partir de ahora, yo me propongo hacer el esfuerzo que sea necesario para lograr que las autoridades construyan un instituto de medicina legal con las condiciones de poder respetar con dignidad el cuerpo de la persona fallecida que va al Inacif a recibir una necropsia y que quien lo va a identificar lo haga dentro de la dignidad humana.
Su testimonio nos recuerda la urgencia de construir un instituto de medicina legal con condiciones dignas, que respete la humanidad y dignidad de los fallecidos y sus familiares.