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Hay dos caras en esta historia, y la diferencia entre ambas no es menor

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Por Augusto García

Panorama Opinión.__ Cuando se cuestiona públicamente a Carlos Pimentel por decisiones adoptadas desde la Dirección de Compras y Contrataciones, se habla de ataques, de manipulación, de intentos de hacer daño. Se reclama prudencia. Se exige responsabilidad en el debate público. Se presenta la crítica como una agresión.

Pero cuando desde esa misma posición se emiten declaraciones que proyectan sospecha sobre empresas sin que exista sentencia judicial firme ni resolución sancionadora definitiva, entonces se presenta como firmeza institucional. Cuando él señala, es defensa del sistema. Cuando lo señalan a él, es persecución.

Esa es la doble cara de la moneda.

La diferencia fundamental es esta: Carlos Pimentel es un funcionario público. No es un actor privado. No es un ciudadano común opinando en redes sociales. Es el director de un órgano rector del sistema de contrataciones públicas. Y por esa razón, su actuación, sus decisiones y sus declaraciones están —y deben estar— sometidas a escrutinio público.

Gobernadora Rosa Feria Santiago.-- Panorama.

El escrutinio no es un ataque; es la consecuencia natural del poder. Quien ejerce autoridad administra recursos públicos y toma decisiones que afectan empresas, contratos y reputaciones. Por tanto, debe aceptar el debate, la crítica y la revisión. Eso no debilita la institucionalidad; la fortalece.

Lo que no puede ocurrir es que desde el poder se proyecten sospechas que dañen reputaciones antes de que la justicia se pronuncie y luego se exija inmunidad frente al cuestionamiento. No puede haber un estándar para atacar y otro para ser atacado. No puede pedirse prudencia cuando se es señalado y, al mismo tiempo, emitir declaraciones que tienen el peso del Estado y generan consecuencias reales en el mercado.

La presunción de inocencia no se negocia. La rendición de cuentas no es agresión. Y el cargo público no es un escudo contra el escrutinio; es precisamente la razón por la cual ese escrutinio es necesario.

En democracia, el poder se fiscaliza. Y quien lo ejerce debe estar preparado para responder, no para descalificar.

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