Panorama Opinión. La idea de construir un liderazgo donde todo se le atribuye a una sola persona, no es ni buena ni mala, solo es un estilo donde el líder es el que manda por encima de todo, y cuando se dice todo, es todo; esto incluye por supuesto las propias instituciones. Esta manera de liderar unipersonal, por un lado es buena porque evita que haya un exceso de democracia que pueda perjudicar el objetivo principal. A la vez es perjudicial, porque nada dura para siempre. Los líderes son seres humanos, y por lo tanto algún dia morirán. Lo lamentable es que muchos se llevan al ataúd donde descansan eternamente, las organizaciones a las cuales pertenecieron y encabezaron. Un error garrafal es no dejar o preparar en tiempo oportuno un liderazgo que pueda colocarse, por lo menos uno del par de zapatos del líder.
En tal sentido, Fidel y Balaguer aunque muy distantes en términos ideológicos, ambos cometieron el mismo error o tal vez no… estos dos personajes que convivieron en la misma época, en dos islas del caribe pero con realidades muy diferentes. Uno (Balaguer) pudo hacerse cargo de manera magistral del postrujillismo y el otro (Fidel Castro), avanzó desde las sierras hasta la Habana, cañón en mano hasta terminar con los días de la dictadura de Fulgencio Batista, el 8 de Enero de 1959. Sin embargo, ambos cometieron el “error” de tras su muerte llevarse sus organizaciones a la tumba. Joaquín Balaguer, lo hizo con el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) y lo hizo Fidel Castro con la revolución cubana, porque a su hermano Raúl Castro y a Miguel Diaz-Canel no les sirvieron ni siquiera uno de los zapatos que usó Fidel.
Por lo tanto, Cuba tienes años sobreviviendo con el oxígeno que enviaba la Unión Soviética en su momento; luego la revolución bolivariana con su petróleo pudo más o menos sustituir ese oxigeno con el que Cuba sobrevivió hasta hoy. Pero ya no existe la Unión Soviética, no existe Fidel Castro, tampoco ya Cuba puede contar con Venezuela y su nueva alineación con Los Estados Unidos Imperial de Donald Trump.
De modo que, casi se puede asegurar que los días de la Cuba revolucionaria están contados, porque el hecho y los actores que le dieron inicio a dicha revolución ya no existen. En cambio, hay mucha escasez en Cuba y gente joven que quiere un destino distinto al de sus padres.