Panorama Estilo de Vida. -El matrimonio, entendido como la unión entre un hombre y una mujer ante Dios y la ley, implica deberes y responsabilidades para convivir como pareja. Sin embargo, cuando la relación se quiebra y los esposos no logran permanecer unidos, muchas parejas recurren al divorcio.
En el caso de la Iglesia católica, no existe la figura del divorcio, sino un proceso denominado Declaración de Nulidad Matrimonial, mediante el cual se determina si un matrimonio fue válido desde el inicio.
De acuerdo con el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Santo Domingo, para solicitar la nulidad es necesario presentar un Escrito de Demanda dirigido al Vicario Judicial, que debe incluir datos personales de ambos cónyuges, fecha de la solicitud, información de contacto y una exposición de los motivos por los cuales se considera que el matrimonio es nulo, basados en los cánones 1083-1103 del Código de Derecho Canónico.
Además, se requiere un relato detallado de la historia de la relación, desde el noviazgo hasta la separación definitiva, incluyendo aspectos familiares, religiosos, conflictos, intentos de reconciliación y, en caso de que existan, evaluaciones psicológicas o médicas.
El expediente debe acompañarse de documentos como actas de matrimonio civil y canónico, sentencia de divorcio civil, actas de nacimiento y certificados de bautismo, así como la referencia de cinco testigos que hayan conocido la relación.
El proceso tiene un costo de RD$10,000, con un pago inicial de RD$2,000 al momento de depositar los documentos, los cuales solo se reciben los martes y jueves de 9:00 a.m. a 12:00 p.m. El tribunal aclara que no se aceptan expedientes incompletos.
Finalmente, la Iglesia subraya que la aceptación de una solicitud no garantiza la nulidad, ya que el tribunal debe analizar si el matrimonio fue válido desde el principio. La declaración de nulidad no afecta la legitimidad de los hijos ni exime a los padres de sus responsabilidades.
El pastor Feliciano Lacen Custodio, representante del Consejo de Unidad Evangélica (CODUE), aclaró que, aunque los pastores pueden casar legalmente a parejas, la iglesia no tiene la potestad de expedir papeles de divorcio. Para la separación legal de un matrimonio, los fieles deben acudir a un abogado.
“Ese es un proceso legal que, aunque los pastores sean abogados, mayormente no realizan. Nosotros nos enfocamos en oficializar matrimonios con efectos civiles y en fortalecer la unidad familiar”, explicó.
Custodio destacó que la comunidad evangélica mantiene una alta tasa de matrimonios estables y que las iglesias trabajan activamente en el fortalecimiento de la familia, especialmente cuando hay niños involucrados. Sin embargo, aclaró que esto no implica que las parejas deban soportar maltrato: “No apoyamos que alguien permanezca en una relación violenta. Siempre se remite a profesionales y autoridades competentes cuando hay indicios de agresión”.
El pastor también enfatizó la labor preventiva de las iglesias mediante charlas, terapias familiares y mentorías, comparando estas acciones con la atención primaria de la salud, enfocadas en evitar problemas antes de que se agraven.
Finalmente, Custodio recordó que desde la promulgación de la Ley 128-11, los pastores deben cumplir estrictos requisitos y capacitaciones, supervisadas por la Junta Central Electoral, para poder celebrar matrimonios con validez civil.