Panorama Nacional. La inteligencia artificial es una realidad en la sociedad del siglo XXI la cual ha llegado para facilitar la búsqueda, filtración y transmisión de datos e información, más no para reemplazar la aptitud humana y los alcances de la ciencia en manos del hombre.
Para tales fines, Bladimir García, un especialista en Ciberseguridad e Inteligencia Artificial aclaró que detrás una simple IA existe análisis de patrones y ciencia de datos con un sinnúmero de información, por ejemplo, ChatGPT.
García explicó que, entre el crono, kairos y ion, la República Dominicana está en el Kairos, el tiempo idóneo para hacer las cosas y en la era de la internet y la inteligencia artificial, “y nosotros tenemos que aprovechar eso porque ya otros países de la región están aprovechando al combatir la maleza con tractores autónomos”.
“También, lo están haciendo en los Estados Unidos con la hotelería, con robots que pueden realizar tipos de tareas que se utilizan por humanos, en la construcción como lo hacen en China”, explicó el especialista en IA.
El estudioso dijo que hay un impacto desde la robótica y la inteligencia artificial, “entiendo que debemos de ver esos sectores que son estratégicos para la República Dominicana y nosotros impulsarlos, construir un ecosistema que pueda contribuir con la economía dominicana”.
García recomendó que primero se debe crear el empuje, por ejemplo, en el sector agropecuario, la inversión para emprendedores y hacer conciencia de los modelos económicos y aprovechar para implementar el uso de los drones.
La Inteligencia Artificial (IA) se ha consolidado como el motor principal del crecimiento económico moderno, con el potencial de incrementar el PIB global en un 14% para el año 2030 según estimaciones de firmas globales como PwC. Esta tecnología transforma profundamente la estructura productiva, laboral y competitiva de cualquier país al actuar como un catalizador transversal en todos los sectores económicos.
En el ámbito de la productividad nacional, la IA impulsa la eficiencia mediante la automatización de tareas operativas, lo que libera tiempo valioso para que los trabajadores se enfoquen en la innovación. Asimismo, optimiza las cadenas de suministro reduciendo costos logísticos de forma masiva, predice fallos industriales para evitar paros en las fábricas a través del mantenimiento predictivo y acelera la toma de decisiones estratégicas al procesar volúmenes masivos de datos en tiempo real.
Esta revolución tecnológica también transforma radicalmente el mercado laboral, generando una alta demanda de nuevos empleos especializados como ingenieros de datos y expertos en IA, mientras fuerza la evolución de los roles tradicionales hacia habilidades blandas y analíticas. Aunque los sectores tecnológicos altamente tecnificados experimentan un aumento en sus remuneraciones, el riesgo de desplazamiento de la fuerza laboral exige que los gobiernos implementen de forma urgente planes de reentrenamiento laboral o reskilling.
A nivel global, la adopción de la IA fomenta la competitividad internacional de una nación al atraer capital extranjero, ya que los inversores globales buscan activamente ecosistemas que cuenten con una infraestructura digital avanzada. Los países líderes en este rubro logran exportar servicios de alto valor, como software y patentes tecnológicas, fortaleciendo su soberanía tecnológica y reduciendo la dependencia estratégica de potencias extranjeras.
De igual forma, la IA aporta una enorme eficiencia al sector público y a los servicios ciudadanos básicos. Su aplicación en la salud pública permite diagnósticos rápidos y predictivos que reducen el gasto hospitalario estatal, mientras que en la educación facilita plataformas adaptativas que mejoran el capital humano nacional. Además, el Estado optimiza su recaudación fiscal mediante algoritmos avanzados que detectan fraudes y evasión de impuestos con alta precisión.
Finalmente, para que una nación maximice este impacto económico y aproveche verdaderamente el potencial de la IA, necesita ejecutar una estrategia gubernamental estructurada y continua. Este camino requiere una fuerte inversión inicial en infraestructura digital como redes 5G y tecnología en la nube, seguida de una reforma educativa profunda enfocada en disciplinas STEM y programación.
Para consolidar el ecosistema, es indispensable diseñar marcos regulatorios que sean flexibles y éticos, complementados con incentivos fiscales atractivos para las empresas tecnológicas.