Panorama Opinión. El profesor Juan Bosch fue fundador de dos partidos, en ambos aplicó una línea política rígida. En el primero, los vicios de la pequeña burguesía les torcieron el brazo y finalmente salió a fundar el segundo. Su edad no fue obstáculo para proseguir con un partido rígido en los métodos de trabajo y en la disciplina.
Con esos fines, estandarizó la convivencia entre el pobre, el rico y la clase media; la categoría más alta era ser miembro. Bosch entendió que los partidos no se forman para ganar elecciones; las elecciones son una coyuntura. Bosch organizó un partido para acompañar a la sociedad en sus demandas sociales, pero además para ser la vanguardia social de los cambios sociales y económicos del país.
Con esos fines, creó ‘Vanguardia del Pueblo’ y la revista ‘Teoría y Acción’ para difundir el pensamiento intelectual de lo más granado del partido y de la intelectualidad latinoamericana y mundial. El partido de Bosch era un partido paradigmático, al que toda la juventud llena de sueños por un mejor país aspiraba a pertenecer. En la universidad, los profesores de izquierda y del PRD criticaban a los estudiantes vinculados al partido de Bosch, llamándolos seres superiores cuya superioridad moral exhibían por doquier. Juan Bosch imprimió a su partido ética política y una moralidad a toda prueba.
El partido de Bosch era una expresión de lo mejor de la clase media pensante, una obra de arte de la organización política latinoamericana. Comenzó a entrar en crisis cuando la baja pequeña burguesía empezó a desplazar a los grupos sociales de avanzada, a los progresistas que, a través de la teoría política, pretendían transformar la realidad social. Los Stalin desplazaron a los trotskistas, y el estudio y la reflexión dejaron de ser el centro del debate. Ahora los pragmáticos tomaron el control de la organización, valiéndose del órgano institucional para socavar el partido de Bosch, controlar las ideas y los métodos de trabajo era fundamental para imponer el nuevo orden. Lo demás es historia; el pensamiento de la baja pequeña burguesía terminó imponiéndose, y la meritocracia fue sustituida por aquellos que eran considerados simples mandaderos, otorgándoles categorías políticas según la ambición desmedida de algunos.
Todo político que desee formar una buena organización política siempre tendrá a Bosch como referencia paradigmática.
No se puede hacer una organización política con cada dirigente con una agenda propia.
Si se vuelve a los principios de Bosch, se podrá hacer una oposición digna, no de punto fijo ni de conchupancia, sino honesta, basada en principios y valores que generen la suficiente confianza para convertir el sacrificio colectivo en una acción ética y patriótica. Bosch siempre actual.