Cada año, el 1 de noviembre, muchos católicos romanos y otros cristianos de todo el mundo celebran el Día de Todos los Santos, que honra a todos los santos de la Iglesia que se considera que llegaron al cielo.
En tal sentido, es propicia la ocasión para conocer diez santos que tras su muerte han mantenido sus cuerpos casi perfectos en algunos casos por más de 1000 años.
¿Pero sabe usted qué es un cuerpo incorruptible?
La incorruptibilidad es la propiedad de un cuerpo, usualmente un cuerpo humano, de no descomponerse después de la muerte. A este cuerpo usualmente se le llama incorrupto o incorruptible.
Se dice a menudo que los cuerpos incorruptibles tienen el Olor de la Santidad y exudan un dulce aroma. Sin embargo, a pesar de muchas afirmaciones, no hay casos verificados científicamente de la incorruptibilidad.
En las culturas Católicas y Cristianas Ortodoxas, si un cuerpo permanece incorruptible luego de la muerte, esto es generalmente visto como señal de que el individuo es un santo, aunque no se espera que cada santo tenga un cuerpo incorruptible.
Algunos cadáveres como los de santa Catalina Labouré o santa Catalina de Siena se encontraron en estado perfecto, pese a que la humedad había penetrado en sus ataúdes. Aún más curioso es san Charbel Makhould (asceta libanés), que fue enterrado sin ataúd y su cuerpo fue encontrado flotando en el barro. Durante la exhumación se descubrió que su cadáver se había preservado por completo y que emite un bálsamo perfumado.
Las causas de la incorruptibilidad no tiene una explicación científica por lo que la razon sigue siendo un misterio, a continuación le presentamos una lista de algunos santos que mantienen sus cuerpos sin la descomposición natural que se espera cuando la persona fallece.

Santa Bernadette Soubirous, Marie Bernard Soubirous en francés (Lourdes, 7 de enero de 1844 – Nevers, 16 de abril de 1879) fue una pastora francesa; la Iglesia Católica la canonizó el 8 de diciembre de 1933, tras dar su confirmación a una serie de apariciones marianas que Soubirous afirmó haber tenido en 1858.
Su cuerpo se encuentra incorrupto y puede verse en el Convento de Nevers, dentro de un féretro de cristal.
Su festividad se celebra el 16 de abril, aniversario de su muerte; es patrona de los enfermos, de las personas ridiculizadas por su piedad, de los pobres y de las pastoras y pastores.
Su cuerpo se encuentra intacto «como petrificado», según testimonio de los médicos forenses y de las autoridades las autoridades presentes durante las distintas exhumaciones de 1909, 1919 y 1925. Solo la cara y las manos parecen haberse oscurecido por la exposición al aire, y el cuerpo se encontraba inclinado hacia el lado izquierdo, la misma posición en que se asentó en la tumba.

El Santo Cura de Ars, proclamado patrono de los sacerdotes cristianos, especialmente de los que tienen cura de almas (Párrocos.) Nació el 8 de mayo de 1786 en Dardilly, al noroeste de Lyon, Francia. Fue el cuarto de seis hermanos de una familia campesina.
A los 32 años fue ordenado sacerdote y enviado al pueblo de Ars, siendo modelo de pastores, por su desinterés, su caridad, su pobreza, penitencia, sencilla y cálida palabra y por su asiduidad en el confesionario.
A él acudían sabios e ignorantes en demanda de consejo, convirtiéndose su parroquia en un centro de peregrinación. Murió en 1859 y fue canonizado por Su Santidad Pío XI en 1925, quien lo proclamó Patrono de los Párrocos y Pastores de las almas.

Nació en Arezzo (Italia) de noble familia, el 15 de julio de 1747. Se llamó Ana María. Fue un alma contemplativa desde muy pequeñita.
Con frecuencia se quedaba ensimismada y preguntaba: «Decidme, ¿quién es ese Dios?»Atraída por el lema de San Juan: «Dios es amor» (1 Jn 4,16), el 1.9.1764 ingresó en el Carmelo de Florencia y el 11.3.1765 vistió el hábito tomando el nombre de Teresa Margarita del Sagrado Corazón de Jesús.
Durante toda su vida vivió el lema: «Escondida con Cristo en Dios». Más que «maestra» fue un continuo y magnífico «testimonio» de vida espiritual. Fue el apóstol del Sagrado Corazón y de la Santísima Virgen del Carmen, a la que amó entrañablemente.
Su lema, como fiel heredera del espíritu del Carmelo, era «Padecer y Callar» y había tomado como pauta de su vida «Vivir escondida con Cristo en Dios».

Es una de las figuras más representativas del renacimiento católico en la Francia del siglo XVII. Fue fundador de la Congregación de la Misión, también llamada de Misioneros Paúles, Lazaristas o Vicentinos (1625) y, junto a Luisa de Marillac, de las Hijas de la Caridad (1633).
Fue nombrado Limosnero Real por Luis XIII, función en la cual abogó por mejoras en las condiciones de los campesinos y aldeanos.
Realizó una gran labor caritativa, sobre todo tras la guerra de la Fronda, una de cuyas consecuencias fue el incremento de menesterosos en su país. Una de sus frases más representativas es «los pobres son nuestros amos y señores».

Úrsula Giuliani fue una mística italiana que perteneció a la Orden de Clarisas Capuchinas, elevada a los altares de la Iglesia Católica con el nombre de Santa Verónica Giuliani.
En su infancia, si bien en un principio destacaba por ser traviesa, caprichosa e impulsiva, apoyada por sus hermanas va desarrollando progresivamente gran piedad y espíritu de oración. En este contexto comienzan a aparecer sus deseos de ser monja, los cuales se fortalecían a través del tiempo.
Su padre se esforzó por hacerla desistir de sus ideas y que contrajera matrimonio, pero tras varias luchas con sus parientes, con fe y oración Úrsula consiguió ingresar al monasterio.
Como un hecho extraordinario más en su biografía, en su autopsia realizada por el médico Gentili ante autoridades civiles y eclesiásticas, se encontró que su corazón tenía grabada la cruz y los instrumentos de la Pasión de Cristo, tal y como la santa había relatado en su diario.

En la Leyenda de Santa Clara Virgen se narran muchos milagros obrados por esta santa. Cuentan episodios como la multiplicación del pan y las botellas de aceite que aparecen cuando en el convento no quedaba ya ninguna. Pero el más famoso entre todos los milagros obrados por ella es el que ocurrió en 1240, un viernes del mes de septiembre.
Clara se encontraba frente a la amenaza de los soldados sarracenos que habían logrado penetrar el claustro del convento de San Damián. Logró que éstos huyeran mostrándoles la Hostia Santa.

A los dieciocho años viste el hábito agustiniano en el convento de S. Marcos. Poco después hace el noviciado en Bolonia, de donde es trasladado a Roma y de nuevo a Bolonia para el estudio de la filosofía y de la teología. Emitió sus votos religiosos en la Orden Agustiniana el 31 de mayo de 1794. Obligado por las tropas napoleónicas a abandonar los Estados pontificios, regresa a su ciudad de origen, en la que es ordenado sacerdote en 1797, viviendo en el convento de S. Marcos hasta su supresión en 1809.
En 1826 es enviado a Genazzano, donde dedica los últimos años de su vida al ministerio parroquial, atendiendo con solicitud a los pobres y a los niños, su ya viejo pero aún gran amor.
Fue proclamado beato por S. Pío X el 27 de diciembre de 1904.

El cuerpo de San Pío de Pietrelcina, mejor conocido como el Padre Pío, uno de los grandes santos del siglo XX, es una de las reliquias más veneradas en la Iglesia Católica.
Cada año, miles de peregrinos acuden al Santuario de Santa María delle Grazie, en San Giovanni Rotondo, Italia, para orar junto a los restos mortales del Padre Pío, resguardados en un cristal.
Tras la exhumación, Nazzareno Gabrielli, experto del Vicariato de Roma para la preservación de los santos y bioquímico al servicio de la Santa Sede, explicó en una entrevista que, cuando fue exhumado, en 2008, algo llamó la atención de los presentes: la ausencia absoluta de olores.
Sobre el cuerpo, el integrante de la comisión de expertos del Tribunal Eclesiástico para la exhumación, agregó que aún tenía piel en su rostro, las orejas, los labios y la barbilla estaban en buen estado, y conservaba su característica barba, aunque las extremidades inferiores estaban deterioradas.
Es decir, el cuerpo del Padre Pío no fue hallado completamente incorrupto, aunque con partes asombrosamente bien conservadas.
Antes de ser expuesto a la veneración, los restos recibieron un tratamiento para su conservación y se colocó una máscara sobre su cara.