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Cuando eres culto

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Panorama Opinión. -Una de las frases célebres del historiador griego Diógenes Laercio (S. III d. C.) dice: “La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad”. Una gran verdad. Sin embargo, una parte importante de la humanidad sigue viendo la cultura y el intelecto como un concepto elitista. Quiero dejar claro que no es así.

Hago un llamado especial a los jóvenes: no pierdan lo más valioso que poseen, el tiempo. Estar frente a un celular o frente a la televisión, viendo programas vacíos, como “La Casa de la Ignorancia”, o cualquier otro contenido que no aporte al conocimiento, no solo es estúpido, sino también penoso e insípido. Con su lenguaje soez, lejos de enriquecer el pensamiento, lo embrutece.

La cultura no es un adorno para presumir en círculos sociales. En su sentido más profundo y humano, es el conocimiento del mundo en el que vivimos y la comprensión de nuestra propia historia. Es la herramienta que nos permite caminar la vida con lucidez en medio de tantas mentiras y de la invasión tecnológica que vivimos hoy.

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La cultura nos ayuda a enfrentar con naturalidad lo inevitable: la muerte, el dolor, el fracaso. Pero también nos enseña a vivir el éxito con serenidad, sin arrogancia ni desmesura. Nos nutre espiritualmente, nos centra y nos conecta con la imaginación creadora, sin importar si se es rico o pobre, un trabajador común o un artista. La cultura es un escudo, un caparazón frente a las trampas y vicisitudes de la vida, porque nos brinda referentes, ejemplos y claves para interpretar lo que sucede a nuestro alrededor. Nos templa interiormente y, por todo ello, expande la conciencia. Y cuando uno vive consciente, deja de preocuparse por la reputación: la conciencia es lo que realmente somos; la reputación, apenas lo que otros piensan de nosotros… y eso no es nuestro problema.

La incultura, en cambio, nos deja desnudos. ¿Cómo puede explicarse que un dominicano no sepa que en 1844 conquistamos nuestra independencia, que en 1965 sufrimos una ocupación militar estadounidense, o que Anacaona (c. 1460–1504) fue nuestra primera princesa taína, hermana del cacique Bohechío y esposa del poderoso Caonabo? Es como andar sin brújula. Sin esas referencias históricas y culturales perdemos mecanismos de defensa y hasta analgésicos frente a la derrota. Carecemos de lucidez, de perspectiva y de memoria.

En las tertulias del parque Mirador Sur y en la librería de Casa Cuesta, siempre me encuentro con el catedrático Iván Gatón. Una de sus frases predilectas, que considero casi célebre, dice: “Los dominicanos deben conocer su historia, y si la conocen, amarán a su país”.

En conclusión, la cultura no es un lujo ni un accesorio: es una necesidad VITAL. Nos defiende de la ignorancia, nos ilumina en la oscuridad y nos da fuerzas para no sucumbir ante la crudeza de la vida. La cultura no solo mantiene vivo el espíritu de un pueblo: es la llama que garantiza su dignidad y su libertad.

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