Panorama Opinión. -Cleopatra VII Thea Filopátor nació en Alejandría en el año 69 a.C. y desde entonces su nombre quedó grabado en la historia. Última soberana de la dinastía ptolemaica, compartió el poder con sus hermanos con quienes, por costumbre dinástica, llegó a casarse y desde muy joven conoció lo que significaba luchar por el trono y sobrevivir en un mundo dominado por hombres.
Durante siglos, Cleopatra ha sido recordada por su belleza. Se decía que su piel era radiante gracias a rituales que hoy siguen llamando la atención: baños de leche de cabra, aceites de rosas y almendras, mascarillas de arcilla del Nilo mezcladas con azafrán… Todo natural, todo exótico, nada industrializado. Hoy, en contraste, la industria cosmética inunda a las mujeres con productos cargados de químicos, obligándolas a exponerse a tóxicos que poco tienen que ver con la pureza de aquellos tiempos.
Sin embargo, mi admiración hacia Cleopatra surge porque fue mucho más que un rostro hermoso. Se educó en matemáticas, filosofía, astronomía y oratoria; además, era políglota: hablaba griego, egipcio, persa y arameo. Su inteligencia la convirtió en estratega, diplomática y líder. Mientras en el presente muchas mujeres limitan sus esfuerzos a la belleza extrema poniendo incluso sus vidas en riesgo con cirugías estéticas, Cleopatra demostró que la preparación intelectual y el poder de la palabra podían ser las armas más efectivas.
Su vida amorosa también fue política. Con Julio César tuvo a Cesarión, proclamado heredero del trono egipcio y romano. Con Marco Antonio tuvo tres hijos más: Alejandro Helios, Cleopatra Selene II y Ptolomeo Filadelfo. Tras la derrota en la batalla de Actium en el año 31 a.C., Marco Antonio se quitó la vida creyendo falsamente que Cleopatra había muerto. Ella, al verse sin salida y rechazada en sus intentos de negociar con Octavio quien se convirtió en el primer emperador de Roma, eligió el suicidio, según la tradición, mediante la mordida de una serpiente venenosa.
Cleopatra fue la última faraona de Egipto, pero también fue mucho más: un símbolo de resistencia en una época en la que las mujeres eran relegadas a la decoración y la obediencia. Ella no aceptó ese papel. Fue una líder apasionada, consciente de su poder, de sus limitaciones y de sus oportunidades.
Hoy, más de dos mil años después, su legado nos recuerda que el verdadero poder de una mujer no radica únicamente en la apariencia, sino en su inteligencia, en su preparación y en la capacidad de decidir su propio destino.
Cleopatra sigue siendo, en el fondo, la prueba de que la historia no se escribe únicamente con espadas ni con coronas, sino también con carácter, preparación, visión y audacia.