Panorama Salud. El funcionamiento del sistema inmunológico volvió a ocupar un lugar central en las investigaciones sobre salud y bienestar. En los últimos años, distintos especialistas comenzaron a analizar cómo factores cotidianos, desde la alimentación hasta el descanso y el estrés, pueden influir en las respuestas defensivas del organismo y en el desarrollo de enfermedades inflamatorias.
Durante una entrevista con Jonathan Wolf para el ZOE podcast, la gastroenteróloga Giulia Enders abordó temas como el impacto de las bebidas azucaradas en el riesgo de artritis reumatoide, la importancia del sueño profundo para la producción de células inmunitarias, el efecto del estrés sobre el aparato digestivo y el papel de la alimentación y el ejercicio en el equilibrio del organismo.
La especialista también cuestionó algunas ideas extendidas sobre las defensas del cuerpo y explicó por qué síntomas frecuentes, como la congestión o la fiebre, forman parte de los mecanismos naturales de protección frente a virus y otros agentes externos.
“El consumo frecuente de bebidas con alto contenido de azúcar puede aumentar el riesgo de desarrollar artritis reumatoide, ya que el azúcar aporta al sistema inmunológico una gran cantidad de energía para producir más células defensivas. Cuando esa actividad se intensifica en exceso, también crecen las posibilidades de que el sistema inmunitario funcione de manera desregulada”, puntualizó Enders en el ZOE podcast.
La especialista resaltó que no existe un solo factor responsable y aclaró que otras variables, como la predisposición genética o el entorno, también inciden.
Analizando estudios realizados durante dos décadas, Enders subrayó que quienes beben refrescos azucarados de manera regular presentan un riesgo superior de artritis reumatoide y afecciones autoinmunes similares.
Por qué no siempre es bueno fortalecer el sistema inmunológico
Respecto a la idea extendida de fortalecer el sistema inmunológico de manera indiscriminada, la especialista señaló que no necesariamente se trata de una estrategia beneficiosa, ya que un sistema inmune enfocado constantemente en atacar puede generar mayores niveles de inflamación y respuestas innecesarias del organismo.
La gastroenteróloga subrayó en ZOE podcast que el equilibrio es clave: “No buscamos el sistema inmunitario más robusto, sino uno equilibrado. Un sistema inmunológico sobreestimulado puede ser tan perjudicial como uno débil”.
Los síntomas del resfriado y la respuesta del sistema inmunológico
Enders desafió la noción de que los síntomas del resfriado evidencian una “falla” del cuerpo. “El dolor de garganta, la congestión o la fiebre no los causa el virus, sino la reacción de defensa del sistema inmunológico”, sostuvo.
Estos síntomas actúan como mecanismos de protección: la congestión facilita la llegada de células defensivas al área afectada, y la fiebre genera un entorno poco favorable para los microbios. “Incluso la diarrea y la tos ayudan a expulsar agentes infecciosos, reduciendo la carga viral”, precisó.
Para Enders, estos signos evidencian la capacidad del cuerpo para protegerse y adaptarse ante agentes externos, lejos de ser indicativos de un organismo defectuoso.
“La mayor producción de células inmunológicas ocurre durante el sueño profundo, porque es el momento en que el cuerpo logra reponerse plenamente”, explicó en el ZOE podcast.
Enfatizó que la primera mitad de la noche resulta especialmente importante. “Durante esa etapa, las células cometen menos errores al dividirse y el organismo puede reparar procesos internos con mayor eficiencia”, destacó.
La falta de sueño aumenta el riesgo de enfermedades, ya que obstaculiza la formación de nuevas células defensivas y afecta otros sistemas. Recomendó priorizar un descanso nocturno de calidad y, si es necesario, aprovechar una siesta corta cuando el sueño nocturno fue insuficiente.
El papel del azúcar y la dieta en la inflamación del organismo
Enders explicó que la alimentación cumple un papel central en las respuestas inflamatorias del organismo y advirtió que el consumo excesivo de azúcar, junto con alimentos ricos en grasas poco saludables, puede elevar los niveles de inflamación.
La especialista también señaló que el estrés crónico disminuye el flujo sanguíneo hacia el aparato digestivo, lo que facilita que sustancias irritantes actúen sobre las células y desencadenen respuestas defensivas. Según indicó, cuando esa situación se mantiene durante períodos prolongados, puede favorecer la aparición de problemas intestinales y afectar la eficacia del sistema inmunológico.