Históricas Nacionales

“Operación Power Pack” y ¡llegan los yankees!

Intervención Norteamericana 1965

Una intervención militar disfrazada de ayuda humanitaria y salvaguarda de vidas fue el experimento hacia Vietnam

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Al atardecer del miércoles 28 de abril, se ve en el horizonte del malecón de la ciudad de Santo Domingo, unos buques. Navegan directamente hacia nuestras costas. De pronto, un pescador, da la voz de alerta. Nadie esperaba una invasión, mucho menos una intervención militar, por lo que este suceso tomó desprevenidos a los constitucionalistas.

El campo de polo del hotel El Embajador fue el lugar elegido por la 42 a División Aerotransportada, mientras los buques de guerra avanzan rápidamente hacia las costas del acantilado sur del Caribe. Uno, dos, tres cuatro cinco buques de la Armada norteamericana se mantienen en un arco oscilatorio en el límite mismo del horizonte.

De repente, uno de ellos llega a las costas, 500 marines llegan sigilosamente apertrechados con armamento de todo tipo, pero ¡Ironías de la vida!, no contaban con las municiones necesarias, por lo que tuvieron que dirigirse por la avenida Jiménez Moya, para llegar al hotel El Embajador, en donde ya se encontraba estacionado el primer contingente de una intervención grosera que se disfrazó, días después en una fuerza multilateral, apadrinada por la Organización de Estados Americanos (OEA), que dio carácter legal a este episodio, que pesa como baldón indigno para el organismo y para Estados Unidos.

Los datos están contenidos en los Documentos de Leavenworth, un análisis del profesor Lawrence Yates, de la Escuela de Combate, Comando y Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos, en Texas.

La realidad de este episodio que marcó, de manera imperecera el futuro y la realidad política nacional años después, constituyen un elemento importante para el análisis de nuestra realidad a lo largo de 59 años, los que han transcurrido desde aquel miércoles en que llegaron los yankees a sembrar el terror y la opresión por el temor a que, este pedazo insular se convirtiera en una “segunda Cuba”. Ese fue el disfraz. El pretexto salvaguardar y preservar las vidas de los ciudadanos norteamericanos que residían en el país.

Lo que muchos no saben es que en el mismo momento en que estalla el movimiento cívico-militar el 24 de abril de 1965, ya se estaba gestando una invasión militar norteamericana. Solo faltaba una petición y una firma, y ahí surge la figura de Pedro Bartolomé Benoit, quien cargó con las culpas de un grupo de figuras representantes de los poderes omnímodos del país.

Y ese fue su calvario y su cruz. Así lo expresa de manera clara, precisa y documentada el profesor Lawrence Yates, quien, en su análisis indica: “Al momento en que Benoit redactaba su carta y las acciones presidenciales se llevaban a cabo en Estados Unidos, más de 500 soldados de combate de la Infantería de Marina habían desembarcado en República Dominicana, en medio de un impresionante movimiento que contrastaba con la confusión que caracterizaba la coordinación y el control del empeño de las tropas en toda la cadena de mando”. Es decir, que desde que Washington y el presidente Johnson se enteraron de la situación nacional, ya se había decidido la intervención y el Gran Coloso del Norte apoyaba a los militares “leales” al orden establecido.

“La toma de República Dominicana por los comunistas violaría la política de ‘ninguna segunda Cuba’, aumentaría la atracción revolucionaria de Castro en el hemisferio, abriría a América Latina a mayores penetraciones soviético-cubanas y disminuiría la credibilidad norteamericana en todo el mundo como aliado leal y defensa contra la expansión comunista”. Este y no otro, fue el pretexto del gobierno norteamericano ante la situación dominicana. No se podía permitir al pueblo elegir. Tío Sam, decidió y esto fue lo que sucedió, según manifestara Yates en su análisis.

Encuesta Panorama-Statu Quo

Y para rematar, agrega que “Johnson recalcó este último punto cuando le preguntó a sus asesores a comienzos de la crisis ¿Qué podemos hacer en Vietnam si no podemos limpiar la República Dominicana?”, Yates refiere que el país “había adquirido una importancia simbólica de proporciones mundiales, debido al hecho de que la preparación para un ataque norteamericano en Vietnam se había diseñado para convencer a amigos y adversarios, especialmente en Europa, que Estados Unidos tenía la voluntad y la determinación de cumplir con sus compromisos en todo el mundo”.

El caso específico, como el inicio de una crisis en República Dominicana, ofrecer una respuesta vacilante a esta situación “disminuiría la credibilidad norteamericana en Vietnam, dañando a su vez la credibilidad norteamericana en Europa, el Lejano Oriente y en todas partes, por lo que, establecidos estos nexos y los altos riesgos envueltos, Johnson rápidamente dejó en claro que usaría su máxima prerrogativa presidencial y ordenaría una respuesta norteamericana a la crisis dominicana”.

A grandes rasgos, porque el espacio es muy corto, esta fue la triste historia de un pueblo sin memoria, que no la quiere recuperar, mientras, muchos se lucran y han lucrado por décadas de un episodio negro nacional. La segunda intervención yankee a Quisqueya la Bella, un paisito insular, que, por su ubicación geopolítica, afrentó a Estados Unidos, por lo que la respuesta no se hizo esperar. Y llegaron ellos, atropellando a diestra y siniestra para imponer la supremacía en riesgo de los Estados Unidos de Norteamérica. Esa es la historia real, pura y simplemente. Una barbarie.

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