Panorama Nacional. El periodista Obniel Ramírez afirmó este viernes que el discurso contra la corrupción por parte del Gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha sido un bulto y los funcionarios que se pronunciaban en la oposición, se han silenciado desde sus actuales cargos.
Ramírez sostuvo que la República Dominicana no está en el nivel de crisis política, sin embargo, para evitar llegar a ese punto, “se debe cambiar un poco la retórica o el discurso. Son los políticos. Para cuando llegue a una posición y comiencen a cuestionarlo, no se sientan mal”.
El analista político se preguntó dónde están los reclamos de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, “que agarraba con su lengua visperina, desde el Congreso, y acababa con todo el mundo y ya nadie la oye porque está en el poder”.
Aclaró que el objetivo de sus planteamientos y truenos está direccionado hacia la protección del sistema de partidos políticos, “todavía la República Dominicana tiene tranquilidad. Una persona gana las elecciones y es proclamado horas después sin problemas”.
La sociedad dominicana necesita partidos políticos fuertes. Pero, solo se tendrá si el país tiene a políticos responsables con un mejor discurso, a consideración del conductor de “Con todo menos con miedo” por VTV canal 32 y Panorama 96.9 FM.
La importancia del discurso político en la democracia y en los sistemas de partidos es central porque el discurso no es solo “lo que se dice”, sino cómo se construye el poder, la representación y la legitimidad en una sociedad plural.
En una democracia, el poder se ejerce mediante la palabra más que por la fuerza. El discurso político cumple funciones clave:
Informa: permite a la ciudadanía conocer propuestas, programas y posiciones.
Delibera: hace posible el debate público, el contraste de ideas y la toma de decisiones colectivas.
Legitima: justifica el ejercicio del poder ante la sociedad.
Moviliza: incentiva la participación política (voto, militancia, protesta, apoyo).
Sin un discurso político libre y plural, la democracia se debilita, porque se reduce la capacidad ciudadana de elegir conscientemente.
El discurso influye directamente en cómo las personas interpretan la realidad política:
Define problemas públicos (qué se considera una crisis o una prioridad).
Propone marcos de interpretación (seguridad, justicia social, libertad, identidad).
Construye consensos o polarización.
Por eso, el control del discurso —a través de medios, redes sociales o instituciones— tiene un impacto profundo en la calidad democrática.
En los sistemas de partidos, el discurso político es esencial para:
Diferenciar ideologías y programas entre partidos.
Construir identidad partidaria (valores, símbolos, narrativas).
Competir electoralmente y atraer votantes.
Mantener la cohesión interna de militantes y dirigentes.
Un sistema de partidos sólido necesita discursos claros, coherentes y reconocibles. Cuando los discursos se vacían de contenido o se vuelven contradictorios, aumenta la desafección política y la crisis de representación.
El discurso político también puede tener efectos negativos cuando:
Se basa en la desinformación o manipulación.
Fomenta el odio, la exclusión o la polarización extrema.
Reduce la política a consignas simples sin debate real.
Debilita la confianza en las instituciones democráticas.
Estos riesgos afectan tanto a la democracia como a la estabilidad de los sistemas de partidos.
El discurso político es un pilar fundamental de la democracia y del funcionamiento de los sistemas de partidos. A través de él se expresan ideas, se disputan proyectos de sociedad y se construye la relación entre representantes y ciudadanía. Un discurso plural, responsable y orientado al debate fortalece la democracia; uno manipulador o excluyente la pone en peligro.