Panorama Salud.- Los niveles de COVID-19 están cerca de sus mínimos históricos en Estados Unidos, pero una nueva serie de variantes del virus amenaza con cambiar esta tendencia a medida que el país se adentra en el verano. La variante KP.2, una de las conocidas como variantes FLiRT, ha superado a la JN.1 para convertirse en la dominante en el país, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Hasta el 11 de mayo, KP.2 es responsable de más de un cuarto de los casos, casi el doble que JN.1. Una variante relacionada, KP.1.1, representa aproximadamente el 7% de los casos.
Las variantes FLiRT son derivaciones de la variante JN.1, todas parte de la familia más amplia de ómicron, que causó la ola de invierno pasado. El nombre FLiRT se refiere a las ubicaciones de las mutaciones de aminoácidos que el virus ha adquirido, algunas de las cuales permiten evadir la respuesta inmune y otras aumentan la transmisibilidad.
«Las variantes de COVID-19 están acumulando mutaciones que hacen una de dos cosas: o bien causan que los anticuerpos generados por vacunación o infección ya no se unan al virus, lo que llamamos escape de la inmunidad, o bien aumentan la afinidad del virus por las células», explicó el Dr. Andy Pekosz, virólogo de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins.
Aunque este patrón de evolución del virus es familiar, los expertos aún no pueden predecir con exactitud dónde ocurrirán los próximos cambios o cómo afectarán la propagación del virus en la población.
Las mutaciones en las variantes FLiRT aumentan la transmisibilidad, haciendo que una posible ola de verano sea una amenaza real. El COVID-19 está mostrando patrones estacionales, que han incluido aumentos en veranos anteriores, aunque el nivel exacto de riesgo para este año sigue siendo incierto.