Opinión

No estamos para reformas

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Panorama opinión. La tozudez de los políticos se alimenta del romanticismo de los cánticos que llegan a sus oídos, esos susurros que les hacen creer que todo está bien, y que las acciones que emprenden, a pesar de contradecir sus propias afirmaciones, son en pro del bien colectivo. Nada más alejado de la realidad.

Decir que un tema tan delicado como la reforma fiscal se manejará de una forma y cuando llega el momento de actuar se hace de otra, te convierte en el mismo político que criticabas, en aquel a quien descalificaste, en el susodicho que jurabas que serías diferente. Y yo sigo confiando en que el presidente Abinader es diferente, y va a escuchar.

Hoy en día, el Gobierno del PRM se adentra en un camino tortuoso y peligroso. Se enfrenta a reformas que alejan a la administración de la popularidad y el apoyo del pueblo. Desde hace un tiempo, muchos nos preguntamos: ¿Por qué el presidente se involucra en reformas que son dañinas y controvertidas, en un momento en el que el país enfrenta numerosos problemas? ¿Por qué detenerse para aprobar reformas que afectan el bienestar del pueblo?

Sir Winston Churchill dijo una vez: “La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás”. Escuchar al presidente Luis Abinader referirse a la reforma fiscal como una necesidad vital para la nación nos llama profundamente la atención, pues era él mismo quien, en campaña, afirmaba que tales reformas no eran necesarias, que solo era necesario reducir el gasto en nómina y eficientizar el cobro a los evasores. Con eso, decía, se solucionaría el problema del déficit fiscal, que ha sido un dolor de cabeza para los gobiernos durante años (los tiempos y la situación, así como las circunstancias cambian, eso es cierto) peeeero…

¿Entendemos? Ojo con esto: la reforma fiscal es necesaria. Nuestro país ha sido manejado con un déficit fiscal por más de 20 años, cubierto nuevamente por préstamos y adendas. La reforma es imprescindible para que el gobierno cuente con más recursos destinados a la inversión.

Ahora bien, ¿cuál es el problema? Que tenemos un gobierno que ha incrementado el gasto en nómina en más del 30-35%. No observamos que otro sector, aparte de la clase media, se sacrifique. No vemos a los funcionarios, diputados o senadores haciendo sacrificios como nosotros; sí, observamos la carga abrumadora que soporta la clase media, la verdadera fuerza que enciende y pone en marcha la economía dominicana. Ya no podemos soportar más, señor presidente.

Pero aún más alarmante es el hecho de que hemos sido testigos de un Estado que ha perdido completamente el control en cuanto a la toma de préstamos. Para darles una idea, el expresidente Danilo Medina heredó un gobierno de Leonel Fernández con una deuda de casi 20 mil millones de dólares, y la elevó a 44 mil millones de dólares; es decir, tomó prestados poco más de 3 mil millones de dólares por año durante su mandato, algo que consideramos un escándalo, especialmente porque fue el mismo gobierno que implementó una reforma fiscal en 2012. Aun con un aumento de impuestos, nunca dejó de incurrir en deudas.

Pero, amigos y amigas, el gobierno del presidente Luis Abinader tomó la deuda de 44 mil millones de dólares, dejada por su antecesor Danilo Medina en 2020, y la llevó a 74,600 millones de dólares. En otras palabras, estamos hablando de más de 7,600 millones de dólares en préstamos por año. Si antes nos escandalizábamos, ahora la situación es aún más alarmante. Recuerden, esto es un gobierno que yo apoyé y un presidente a quien brindé mi respaldo. Sin embargo, lo que está hecho está dicho, y nosotros debemos ser coherentes, aunque eso, lamentablemente, no abunda en el país. ¿Por qué traigo estos datos? Simple: cuando un Estado se acostumbra a endeudarse, jamás deja de hacerlo.

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Para ilustrar, el gobierno apunta a recaudar cerca de 120 mil millones de pesos con la reforma fiscal, que son aproximadamente 2 mil millones de dólares. Pero ya mencioné que se han tomado prestados más de 7,600 millones de dólares al año. Entonces, surge la pregunta: ¿hemos mejorado el servicio hospitalario? ¿Hemos avanzado en la educación del país? ¿Contamos con mejores carreteras? ¿Existe un servicio público eficiente? ¿Tenemos garantías de vida en la ley de seguridad social? Si tu respuesta es “sí”, perfecto. Pero si es “no”, entonces, ¿a dónde ha ido a parar todo ese dinero?

El IPI

El impuesto a la propiedad inmobiliaria (IPI) está en la mira, y se proyecta reducir el umbral de 9 millones 400 mil pesos para ser exento a solo 5 millones 25 mil pesos. Esta medida representa un golpe significativo para un sector que ha soportado una carga enorme desde el año 2020, manteniendo una de las bases de la economía dominicana. En nuestro contexto, donde cualquier vivienda básica puede costar más de 5 millones de pesos, imponer un 1% de impuesto a personas que han utilizado sus fondos de retiro para adquirir un pequeño apartamento con el fin de obtener una renta y cubrir apenas sus necesidades básicas, resulta ser una clara injusticia.

Además, esta reducción del umbral del IPI podría desacelerar notablemente tanto el desarrollo de la construcción como la actividad inmobiliaria en nuestro país.

Señor Presidente, es crucial que tome conciencia de esta situación. Le insto a abrir un diálogo urgente con todos los sectores involucrados y a considerar sus inquietudes. No es aceptable que una propuesta se apruebe únicamente por tener una mayoría, sin escuchar las voces que realmente representan a los ciudadanos. Sabemos que usted es un líder que escucha; mantenga esa cualidad que lo distingue.

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