Panorama Nacional. Una madre destrozada por el dolor clama por justicia mientras el silencio de las autoridades pesa más que la tragedia misma.
El viernes 23 de mayo a las 3:15 de la tarde, como de costumbre, Loaniel Campusano, de apenas 10 años, regresaba a su hogar tras salir de la escuela. Caminaba por la acera junto a sus compañeros, sin imaginar que la vida se le escaparía en un segundo. Al pasar cerca del portón del Centro de Diagnóstico y Atención Primaria El Carril de Haina, una puerta defectuosa se desprendió del riel y le cayó encima con un peso brutal.
Loida de la Cruz, madre del pequeño Loaniel, denuncia que, a más de tres semanas de la trágica muerte de su hijo, ocurrida frente al centro dependiente del Servicio Nacional de Salud (SNS), ninguna institución del Estado ha dado la cara.
“El portón se salió de su riel… nadie nos explicó nada. Uno de los filamentos de esa puerta le rompió el cráneo a mi hijo. Fue tan cruel que la masa encefálica brotó”, narra entre sollozos Loida de la Cruz, quien asegura vivir una pesadilla diaria desde entonces. “Me despierto y pienso que es mentira, pero esa es mi realidad: mi niño ya no está conmigo”.
Pese a la magnitud de la tragedia, la madre asegura que ninguna autoridad del centro médico, del Ministerio de Salud Pública, del Servicio Nacional de Salud, ni del sistema judicial ha ofrecido explicación o asistencia alguna. “No han dicho nada, como si mi hijo no hubiera sido una persona. Como si su vida no valiera nada”, reclama con impotencia.
El centro donde ocurrió la tragedia pertenece al Servicio Nacional de Salud, quienes hasta la fecha no ha ofrecido declaración pública alguna, ni se ha comunicado con la familia afectada. Esta actitud ha sido calificada por la madre como una muestra de indolencia y abandono institucional.
La directora del centro diagnóstico accedió brevemente a responder a este medio, pero se abstuvo de asumir responsabilidades o referirse a la evidente negligencia en el mantenimiento del portón. Según sus palabras, las autoridades “están al tanto” pero han evitado acercarse “por razones humanitarias”, para dar tiempo al duelo.
Sin embargo, Loida insiste en que ese argumento es una burla a su dolor. “¿Qué duelo puede sanar sin justicia? ¿Cómo quieren que yo supere esto si ni siquiera han tenido la humanidad de acercarse a preguntar cómo estoy?”.
El caso resulta aún más alarmante al constatar que, pese a la tragedia, el portón que segó la vida del niño sigue en uso, oxidado y deteriorado, como pudo verificar el equipo del programa Toda La Verdad. La comunidad teme que otra desgracia ocurra.
“Pido justicia por mi niño. ¡Ay, Dios mío! Si ustedes lo hubieran conocido… aunque sea un poquito me entenderían. Él venía como un ciudadano normal. No era solo mi hijo: era una vida, una persona”, expresó la madre en medio del llanto.
La comunidad de La Pared de Haina se ha unido al clamor de Loida, exigiendo a las autoridades una investigación inmediata, sanciones a los responsables y el reemplazo urgente de la puerta que aún representa un peligro mortal.
Mientras tanto, el silencio del doctor Mario Lama director del Servicio Nacional de salud (SNS) sigue siendo ensordecedor. Un silencio que duele, que hiere, que perpetúa la impunidad. Un silencio que una madre, en el momento más oscuro de su vida, no merece.