Panorama Opinión._
I. El espejismo de la escucha: prólogo desde la caverna milenaria
Hace veinticinco siglos, un hombre encadenado en el fondo de una caverna griega creyó que las sombras proyectadas contra la pared eran toda la realidad. Cuando logró liberarse y salir a la luz, sus ojos ardieron, y al regresar para contar lo visto, sus antiguos compañeros lo amenazaron de muerte. Prefirieron las sombras conocidas al fulgor incómodo de la verdad.
Ese relato de Platón no es solo una alegoría sobre el conocimiento. Es la radiografía más perfecta de la política dominicana de los últimos sesenta meses. Hemos vivido encadenados a una narrativa oficial que nos muestra sombras de prosperidad mientras la deuda crece, los servicios se hunden y una élite empresarial se frota las manos en la penumbra del Consejo de Competitividad. Ahora, quienes gobernaron con la mayoría aplastante —con la sordera institucionalizada— pretenden vendernos un “llamado a la consolidación” como si fuera un acto de grandeza moral. No lo es. Es la más refinada de las manipulaciones, urdida para que dos expresidentes —Danilo Medina y Leonel Fernández— acepten el papel de tontos útiles en una farsa que terminará clavándole la factura al pueblo.
La filosofía milenaria, desde el Tao Te Ching hasta El Príncipe de Maquiavelo, nos enseña que quien tiene el poder absoluto no dialoga por virtud, sino por necesidad. Y la necesidad del Partido Revolucionario Moderno (PRM) después de cinco años de gestión desastrosa es una sola: evitar que la crisis fiscal explote justo antes de las elecciones. Para ello, han inventado un teatro de escucha donde Danilo Medina y Leonel Fernández son convocados a la mesa como si fueran actores con libreto, no adversarios con propuesta. Cuidado, ex presidentes: que no los conviertan en los prisioneros voluntarios de una consolidación que solo beneficia a quienes los derrotaron en las urnas.
II. Sesenta meses de sordera: el gobierno que aprendió a no oír
La memoria en la política dominicana es un bien más escaso que la transparencia. Conviene recordar: desde agosto de 2020 hasta este mismo mes, el PRM ha disfrutado de una mayoría legislativa tan abrumadora que ni siquiera necesitaba simular consenso. Aprobó préstamos por decenas de miles de millones de pesos sin consultar a la oposición. Aprobó presupuestos que endeudaron al país con tasas usurarias. Aprobó modificaciones a leyes orgánicas sin un solo voto en contra, porque sus diputados y senadores actuaban como un coro de yesmen uniformados.
¿Dónde estaba entonces el “diálogo” que hoy pregonan? No existía. Porque el poder cuando es absoluto no necesita seducir; solo impone. Y el PRM impuso durante sesenta meses una agenda que hoy reconocen, entre dientes, como catastrófica: crecimiento económico anémico, inflación que devoró salarios, apagones que humillan a sectores enteros, un sistema de salud que colapsa y una educación pública que sigue siendo una promesa incumplida. Pero la peor herencia no es la pobreza de servicios, sino la pobreza fiscal: el gobierno gastó como si el petrófico fuera eterno y ahora nos dice que todos debemos apretarnos el cinturón.
La filosofía china antigua advierte sobre el gobernante que castiga al pueblo por su propia incompetencia. Confucio escribió en las Analectas: “El que gobierna por la virtud es como la estrella polar: permanece en su lugar mientras las demás estrellas le rinden homenaje”. Pero el que gobierna por el engaño es como un fuego fatuo: atrae para destruir. El PRM, al llamar ahora a Danilo y a Leonel, no busca estrella polar alguna. Busca un biombo. Un biombo detrás del cual puedan disfrazar de “acuerdo nacional” lo que en realidad es una carga impositiva sobre las espaldas de los que menos tienen.
III. El “llamado a la consolidación”: la máscara retórica del oportunismo
En la tradición retórica grecorromana, existe una figura llamada paradiástole: aparentar que se corrige una falta cuando en realidad se está cometiendo otra mayor. Eso es exactamente lo que hacen hoy los voceros oficiales. Dicen: “Vamos a consolidar el país, escuchemos a todos”. Pero lo que callan es que ellos mismos despedazaron el consenso durante cinco años. Consolidar no es sentar a los mismos que ignoraste durante sesenta meses en una mesa de cartón piedra. Consolidar es reconocer que gobernaste sin oídos y que ahora, por puro terror electoral, simulas que te interesa lo que dicen los otros.
Pero cuidado: aquí hay una segunda capa de manipulación. No solo se trata de engañar al electorado. También se trata de domesticar a la oposición. Tanto Danilo Medina (PLD) como Leonel Fernández (Fuerza del Pueblo) han sido convocados a una danza donde el PRM marca el ritmo. Si aceptan, se convierten en cómplices de una reforma fiscal que castigará a la base popular de sus propios partidos. Si rechazan, serán tildados de intransigentes, de enemigos de la “paz social”. Es una trampa de hierro forjada por asesores de imagen que leyeron a Maquiavelo pero no entendieron que el príncipe sabio no humilla a sus adversarios, los convence con hechos. Aquí no hay hechos: hay una cámara de televisión, una mesa redonda y un comunicado conjunto vacío.
La pregunta que ningún medio hace es: ¿de qué van a hablar en esa mesa? ¿De reducir el gasto político? No. ¿De gravar las fortunas ociosas de los grupos que dominan el Consejo de Competitividad? Menos. ¿De eliminar los privilegios arancelarios a los monopolios que importan mientras ahogan al pequeño comerciante? Jamás. Van a hablar de impuestos al salario, al consumo, a los vehículos, a las transferencias bancarias. Van a hablar de cómo exprimir al asalariado y al microempresario para tapar el hueco que dejó una administración derrochadora.
IV. Los ex presidentes: ¿tontos útiles o actores conscientes?
No puedo escribir estas líneas sin dirigirme directamente a Danilo Medina y a Leonel Fernández. Ustedes conocen el poder. Han ejercido la primera magistratura. Saben que cuando un gobierno con mayoría absoluta los convoca a un “diálogo nacional” después de cinco años de ninguneo, no es porque de repente haya descubierto las virtudes de la democracia participativa. Es porque está desesperado.
Danilo Medina fue presidente durante dos períodos. Sabe que el PRM le endosó cada crisis heredada. Ahora, al sentarse en esa mesa, legitima la narrativa de que el problema fiscal es de todos, cuando en rigor es hijo único de una gestión que aprobó préstamos innecesarios y gastó en obras faraónicas sin planificación. Leonel Fernández, por su parte, ha sido tres veces presidente. Conoce los resortes del Fondo Monetario Internacional y sabe que ningún ajuste real ha comenzado por gravar a los dueños de los grandes capitales. Sin embargo, ambos parecen dispuestos a jugar el papel de consensuadores a cambio de migajas de poder futuro.
La filosofía estoica nos enseña que el sabio no se presta a instrumentos que dañan a los suyos. Séneca escribió: “No hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige”. ¿Hacia qué puerto navegan estos ex presidentes? Si es hacia el de la reconciliación nacional, han llegado tarde. Si es hacia el de proteger a sus clientelas políticas, entonces están vendiendo humo. Pero si es hacia el de permitir que el PRM cargue sobre los hombros de los dominicanos comunes una reforma que debieron pagar los grandes empresarios, entonces están siendo exactamente lo que el pueblo teme: tontos útiles de una élite que nunca les ha perdonado haber sido presidentes.
Les digo con respeto, pero con firmeza: cuidado con que la historia los recuerde no como estadistas, sino como comparsas de un gobierno que usó su imagen para legalizar la injusticia fiscal.
V. La reforma tributaria que viene: ¿quién pagará realmente?
Aquí es donde el engaño se vuelve obsceno. El gobierno del PRM ha filtrado que la reforma fiscal —que llaman “modernización” o “equidad”— es inevitable porque el Estado no tiene ingresos suficientes. Pero ocultan una verdad incómoda: el Estado no tiene ingresos porque durante cinco años le regalaron exenciones, condonaciones y tratamientos preferenciales a los grandes grupos económicos. El mismo Consejo de Competitividad que hoy se sienta a discutir cómo aumentar la recaudación es el mismo que en 2021, 2022, 2023 y 2024 presionó para que no se tocaran los impuestos a las zonas francas de lujo, a los combustibles de alta gama, a los vehículos blindados, a las telecomunicaciones y a los bancos múltiples.
Los datos son tozudos. Según el propio Ministerio de Hacienda, la presión tributaria en República Dominicana ronda el 14% del PIB, una de las más bajas de América Latina. Pero el 80% de esa recaudación proviene de impuestos indirectos (ITBIS, selectivos al consumo, combustibles) que pagan pobres y clases medias. Mientras tanto, los impuestos directos a la renta empresarial y al patrimonio son ridículos, llenos de agujeros legales, y las grandes fortunas tributan a tasas efectivas inferiores al 5% gracias a ingeniería fiscal que ningún gobierno ha querido perseguir.
¿Qué propone el PRM en su “consolidación”? Subir el ITBIS. Extender la base del ISR a asalariados que ganan más de 40 mil pesos. Crear impuestos a las transferencias bancarias —que castigan al pequeño comerciante que mueve efectivo—. Eliminar exenciones a productos de la canasta básica que hoy alivian a los más pobres. Todo eso mientras mantienen intactos los privilegios de los grupos que financian sus campañas: los dueños de los monopolios de distribución de electricidad (que siguen cobrando subsidios inmorales), los oligopolios de medios de comunicación (que facturan millones sin pagar impuestos digitales), los importadores de combustibles (que fijan precios a su antojo) y los bancos (que ganan con tasas activas usureras).
La filosofía milenaria hindú, en el Arthashastra de Kautilya, advierte: “El rey que exprime a sus súbditos como si fueran cañas de azúcar, sin dejarles ni el jugo para sobrevivir, cosecha rebelión, no riqueza”. Eso es exactamente lo que este gobierno sembrará si insiste en que los de abajo paguen la fiesta que organizaron los de arriba.
VI. El Consejo de Competitividad: el escudo de los monopolios y oligopolios
No podemos entender la farsa del “diálogo” sin nombrar al elefante en la sala: el Consejo Nacional de Competitividad. Este organismo, creado con buenas intenciones, ha sido capturado por las grandes cámaras empresariales. Allí se sientan los representantes de los monopolios eléctricos, las zonas francas que no pagan impuestos, los supermercados que fijan precios, las farmacias que cartelizan medicamentos, los bancos que cobran comisiones abusivas y las telefónicas que ofrecen servicios de tercera a precios de primer mundo.
Este consejo ha logrado, en cinco años, que ninguna reforma fiscal toque sus intereses. Han argumentado que si se les sube un impuesto, “se irán del país” o “despedirán trabajadores”. Es el chantaje clásico de las élites extractivas. Y el PRM, que prometió en campaña “acabar con los privilegios”, ha sido su más leal escudero. Por eso hoy, cuando el Estado está en bancarrota —después de gastar más de 200 mil millones de pesos en subsidios eléctricos que engordan a los mismos grupos—, el gobierno no se atreve a pedirle a esos mismos grupos que devuelvan algo. En cambio, nos dicen a los ciudadanos de a pie: “Ustedes apriétense”.
Mi propuesta, como fundador del movimiento cívico Los De Abajo, es clara: que el Consejo de Competitividad y los grupos empresariales que lo controlan asuman el 80% del financiamiento de la reforma fiscal. ¿Cómo? Eliminando exenciones injustificadas, creando un impuesto mínimo a las grandes fortunas, gravando las utilidades extraordinarias de los monopolios, terminando con los subsidios eléctricos a las industrias más voraces y estableciendo un impuesto a las transacciones financieras de alto monto que solo afecte a quienes mueven millones. Eso no solo es justo, es posible. En Chile, Colombia y México se ha hecho. En República Dominicana no se hace porque el poder político está secuestrado por el poder económico.
VII. La paz social en juego: cuando los de abajo ya no tienen nada que perder
La lección más antigua de la filosofía política es también la más ignorada: un pueblo exprimido hasta el tuétano no se resigna, se levanta. El mismo Maquiavelo que aconsejaba al príncipe ser temido advertía: “No te hagas odiar, porque el odio del pueblo es el único poder que ningún ejército puede vencer”. Hoy, el PRM está construyendo ese odio ladrillo por ladrillo. Cada vez que un pobre ve que le suben el precio del pollo por un impuesto nuevo, y al mismo tiempo ve que los dueños de los supermercados estrenan camionetas blindadas, algo se quiebra en el contrato social.
No exagero. Recorrí las provincias durante los últimos dos años en las asambleas de Los De Abajo. He hablado con vendedores ambulantes, con motoconchistas, con maestras, con pequeños agricultores. El sentimiento general es uno: “Ya no podemos más”. La inflación nos comió el salario. Los apagones nos mataron los pequeños negocios. Los préstamos a altos intereses nos dejaron sin aire. Y ahora, este gobierno quiere encima más impuestos. ¿Con qué cara? ¿Con qué legitimidad?
Si la reforma fiscal que salga del “diálogo” termina cargándole la mano a las clases populares y medias mientras los grandes capitales siguen nadando en exenciones, la paz social que tanto pregonan los voceros oficiales se convertirá en un recuerdo. No porque seamos violentos, sino porque la paciencia tiene un límite. El Evangelio según Mateo lo dice de otra manera: “Al que tiene, se le dará; y al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará”. Eso no es justicia divina, es la descripción de una sociedad que camina hacia el abismo.
Por eso hago un llamado a Danilo Medina y a Leonel Fernández: si realmente les importa el pueblo que dicen representar, no se sienten a esa mesa a legitimar una reforma que castigará a sus propios votantes. Exijan que el 80% del ajuste recaiga sobre las grandes empresas, los monopolios y los oligopolios. Exijan que se abran las arcas de los que han acumulado durante décadas sin tributar. Exijan que el Consejo de Competitividad deje de ser un club de protectores de privilegios y se convierta en una mesa de equidad. Si no lo hacen, entonces serán cómplices de la mayor transferencia de riqueza desde abajo hacia arriba que haya visto este país en democracia.
VIII. La hipocresía histórica del PRM: ¿y los empresarios?
Conviene hacer un poco de historia reciente. El Partido Revolucionario Moderno nació como una escisión del PRD, pero con un discurso supuestamente reformista y socialdemócrata. En 2020, ganaron con la promesa de “cambiar el modelo”. ¿Qué cambiaron? Cambiaron los nombres en los contratos, pero no la estructura de privilegios. Los mismos grupos que financiaron al PLD durante dieciséis años hoy financian al PRM. Y esos grupos nunca han pagado impuestos proporcionales a sus ganancias.
El presidente Luis Abinader, en su primer año, creó la Mesa de Competitividad como un gesto de apertura. Pero esa mesa se convirtió rápidamente en un parlamento empresarial donde se deciden las políticas públicas antes de que lleguen al Congreso. Allí se cocinó la Ley de Alianzas Público-Privadas, que regala obras millonarias a cambio de concesiones. Allí se negoció la reforma del Código de Trabajo, que favorece a los empleadores. Allí se diseñó la Ley de Mercado de Valores, que beneficia a los grandes fondos. ¿Y el pueblo? El pueblo nunca ha tenido asiento en esa mesa.
Ahora pretenden que el pueblo pague por sus excesos. Es como si un incendio provocado por el dueño de la casa le pidiera a los vecinos que paguen los bomberos. No, señores. Los que provocaron el incendio fiscal son los mismos que hoy se sientan en el Consejo de Competitividad. Ellos presionaron para que no se subieran los impuestos a las grandes rentas. Ellos presionaron para que los préstamos se aprobaran sin control. Ellos presionaron para que el gasto corriente se disparara en nóminas paralelas y asesores fantasma. Que ellos paguen.
IX. No más engaños, no más cargas: la rebelión de los de abajo
Desde el movimiento cívico Los De Abajo hemos dicho una y otra vez: no estamos en contra de una reforma fiscal justa. Estamos en contra de una reforma fiscal regresiva. No nos oponemos a que el Estado recaude más. Nos oponemos a que recaude siempre de los mismos: los que trabajan, los que producen con sus manos, los que no tienen para esconder dinero en paraísos fiscales.
La filosofía milenaria africana, a través del concepto ubuntu, nos recuerda que “yo soy porque nosotros somos”. No hay sociedad que prospere cuando una minoría nada en la abundancia mientras la mayoría se ahoga en la escasez. Por eso, mi llamado a todos los dominicanos mayores de 18 años —sin distinción de partido— es a estar alertas. No permitan que les vendan un “acuerdo nacional” que en realidad es una sentencia de pobreza. Exijan que el debate fiscal sea público, con números en la mesa, con nombres de los empresarios que deben pagar más, con cifras de cuánto tributan los grandes grupos hoy y cuánto deberían tributar.
Y a los ex presidentes Danilo Medina y Leonel Fernández les digo, con la crudeza que merece el momento: no sean los fósiles decorativos que use el PRM para lavar su reforma. Si aceptan esa mesa sin condiciones, la historia los recordará como los que abrieron la puerta para que los pobres pagaran la irresponsabilidad de sus adversarios. Ustedes tienen pluma, tienen experiencia, tienen conocimiento de la administración pública. Úsenlo para exigir que la reforma sea progresiva: que paguen más los que más tienen, que paguen los monopolios, que paguen las grandes fortunas. Si no lo hacen, entonces serán exactamente lo que el gobierno quiere: tontos útiles.
X. Conclusión: el umbral de la dignidad
Hemos recorrido un largo camino en este artículo, desde la caverna de Platón hasta el ubuntu africano, desde Maquiavelo hasta Kautilya, desde Confucio hasta Séneca. La lección que todas estas tradiciones nos dejan es una sola: ningún poder se mantiene por mucho tiempo sobre la base del engaño y la explotación. Tarde o temprano, la verdad emerge. Tarde o temprano, los de abajo se levantan.
El PRM tiene hoy una oportunidad histórica: demostrar que su “llamado a la consolidación” no es un espejismo electoral, sino un verdadero cambio de rumbo. Pero para eso no basta con sentar a los ex presidentes en una mesa. Es necesario sentar también a los representantes de los trabajadores, de los pequeños comerciantes, de los campesinos, de las comunidades empobrecidas. Y es necesario, sobre todo, reconocer que el 80% de la carga fiscal debe recaer sobre los hombros de quienes tienen la capacidad de pagar: los grandes empresarios, los monopolios, los oligopolios, los dueños del Consejo de Competitividad.
De lo contrario, la paz social se pondrá en juego. No es una amenaza, es una advertencia basada en la historia. Los pueblos cuando ya no tienen nada que perder, encuentran fuerzas que ni ellos mismos sabían que tenían. Los pobres de este país ya han dado todo. No pueden dar más. No tienen más. Que los que tienen abran sus arcas. Esa es la única reforma justa. Ese es el único acuerdo posible.
Porque como escribió el poeta dominicano Manuel del Cabral: “El pueblo no es un coro para aplaudir a los vencedores. El pueblo es la voz que nunca termina de nacer”. Que esta voz, la de Los De Abajo, sea la que guíe el debate. No más engaños. No más cargas. Que paguen los que pueden. Que los pobres respiren. Y que la historia nos encuentre del lado correcto.