Opinión

LA Semanal: croniquillas de ambiente pasarela de modas, chicas “fashion” y otras cositas más

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Por Claudia Fernández

El otrora solemne Salón de las Cariátides, en el Palacio Nacional, se convierte los lunes en una especie de jolgorio. Pasarela de modas, es decir, chicas “fashion” con vestimentas que harían palidecer de envidia a cualquier modelo de alta costura. Melenas a la última moda entre miradas soterradas y comentarios mal intencionados. El color predominante en la vestimenta femenina es el negro.

Negro con blanco, blanco con negro, parece ser la tónica común de las “fashionistas”, perdón, quise decir comunicadoras que acuden de manera muy puntual a este intercambio del mandatario Luis Abinader con la prensa.

Por otro lado, los comentarios, las peticiones, los saludos entre colegas comunicadores. La moda es ser comunicador y alardear de ello, el periodismo decae. Notas curiosas, hilarantes unas, extrañas otras, como si el periodismo se volcara al puro y simple figureo. Y el salón se va llenando. Las Cariátides parece que no soportan el peso de tanta banalidad y fruslería, mantienen sus ojos de mármol cerrados ante tal situación.

Para buen observador, ojo de pájaro, decían antes.

El exhibicionismo prima entre los asistentes, que, cuando ven acercase un camarógrafo o un fotógrafo, de una vez se ponen en pose y las señas veladas a estos, para que les hagan acercamientos, parece ser la tónica del momento.

Los comentarios, los señalamientos parecen ser otra forma de comunicación, y en lo que transcurre el tiempo para que haga aparición el mandatario, se ve y oye de todo.

Llega un señor entradito en carnes, con más pinta de Sancho Panza, el escudero de don Quijote, saludando a granel y en un momento se le acerca alguien y le susurra algo al oído, hubiera querido saber qué fue lo que dijo, ya que este nuevo escudero, en voz medio alta, se apresura a contestar: “El presidente no es el que sabe, el que sé soy yo”.

Me acabo de enterar de que es el coordinador de LA Semanal, Jorge Taveras Gil, quien, como su homólogo, el desparecido pianista y director musical, el maestro Jorge Taveras, dirige la orquesta de preguntas y respuestas y decide quién las hará.

Muchos se quejan de los favoritismos. “Jorgito, yo levanté la mano tres veces”, “yo tengo preguntas”, pero la inflexibilidad prima. Y él es quien decide y señala a quién entregar el micrófono para formular preguntas.

Por los altavoces se escucha el llamado a los asistentes. Por favor, hacer silencio, el mandatario va a iniciar. ¡Qué va! Nadie hace caso. Todos siguen hablando como si nada. Y el murmullo es ensordecedor, hasta que hace su aparición el presidente de la República. Y se hace el silencio. Menos mal, ya me estaba volviendo loca.

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