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La semana de los acuerdos invisibles, los virus convenientes y el Pilato de la minería

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Panorama Opinión. El presidente arrancó la semana pasada haciendo algo que le salió bastante bien: lavarse las manos. El tema esta vez fue Gold Quest y su polémica concesión minera. Como si fuese un buen discípulo de Poncio Pilato, Abinader señaló hacia el pasado —ese pasado que cada vez trabaja más horas extras para este gobierno— y se desentendió del asunto con la elegancia de quien tira la piedra y esconde el brazo. Lo que no dijo es que eso es apenas la punta del iceberg. Debajo hay capas y capas de concesiones, silencios y conveniencias que, con el tiempo, irán saliendo a flote.

Financiamiento partidario y democracia constitucional

Pero no nos detengamos ahí, porque la semana fue generosa en material.

El miércoles aterrizó en Punta Cana —discretamente, como quien no quiere que lo vean— el presidente ecuatoriano Daniel Noboa. Se reunió con Abinader, firmaron un acuerdo, y Noboa voló de regreso antes de que muchos dominicanos supieran siquiera que había venido. El Gobierno dominicano, fiel a su vocación de transparencia selectiva, no informó nada durante horas. Fue la prensa ecuatoriana la que llenó el vacío: Noboa celebró en Instagram haber gestionado «más inversión y más empleo para los ecuatorianos.»

Nótese el detalle: para los ecuatorianos. No para los dominicanos. No para ambos pueblos. Para los ecuatorianos.

La sociedad dominicana sigue sin saber con exactitud qué vino a buscar Noboa a estos dos tercios de isla, qué cedimos, qué ganamos, ni bajo qué condiciones. El documento firmado, según El Universo de Ecuador, apunta a fortalecer el comercio, la inversión y la cooperación mutua —fórmula tan vaga que sirve para todo y no compromete nada. Recuerda inevitablemente al maíz que Abinader anunció con bombos y platillos que se sembraría en Guyana.  Mientras ese maíz germina, nos imaginamos usos versátiles para la tuza. 

En medio de ese ambiente de opacidad, la semana también nos trajo el cierre de un capítulo que la sociedad dominicana no ha podido —ni  debe— olvidar del todo. Mario Redondo Llenas salió de Najayo tras 30 años de condena por el brutal asesinato de su primo, el niño José Rafael Llenas Aybar.   La justicia formal cerró su expediente. La herida en el alma colectiva, esa no prescribe ni se cierra con ninguna sentencia.

Y como si la semana necesitara más ingredientes, el viernes, mientras el Mandatario estaba en Costa Rica, apareció el Caribbean Princess en Puerto Plata con un brote de norovirus a bordo. El crucero llegó desde Puerto Rico, con 26 personas en aislamiento, y partió ese mismo día hacia Nassau. El Ministerio de Salud activó protocolos, emitió comunicados tranquilizadores, y todo quedó bajo control —o al menos eso nos dijeron.

Pero el episodio abre una reflexión que conviene no ignorar: en un país donde las emergencias sanitarias han justificado, especialmente en el último lustro, compras sin licitación y suspensiones de todo control, un crucero con virus es mucho más que un problema de salud pública. Es una oportunidad logística. Súmele la guerra entre potencias que mantiene al mundo en vilo, y Abinader tiene un menú completo de coartadas.

Para rematar Magín Díaz, ministro de Hacienda ahora con el PRM, tuvo la ocurrencia de informarnos que debemos sentirnos privilegiados. Según él, República Dominicana registra los menores aumentos en gasolina y gasoil de la región. Verdaderamente echamos de menos los días del ¡cuánto abuso!

Con ese arsenal de excusas —el pasado culpable, el virus importado, la guerra ajena y la comparación regional— ¿quién se atreve a hablar de rendición de cuentas?

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