Panorama Opinión. Entiendo la explicación oficial sobre la entrega gradual de la nueva cédula. Comprendo que se trate de un proceso por etapas, que requiere orden, logística y pruebas previas para evitar fallos mayores. Eso es razonable y necesario. Nadie quiere un caos nacional por un documento tan sensible.
Aun así, no puedo evitar preguntarme por el criterio humano detrás del orden escogido. Al escuchar que los primeros grupos incluyen políticos, figuras públicas, deportistas y líderes religiosos, surge una inquietud legítima: ¿dónde quedan los envejecientes, las personas con discapacidad, los ciudadanos con movilidad reducida o quienes, por su condición, enfrentarán mayores dificultades cuando el proceso se masifique?
No se trata de restar méritos a nadie, sino de sumar sensibilidad. Hay sectores que no solo aportan, sino que necesitan con más urgencia acompañamiento, facilidades y prioridad. Personas para quienes hacer filas largas, esperar turnos o trasladarse varias veces no es sencillo.
Tal vez el plan funcione desde lo técnico. Pero desde lo social, esta también pudo ser una oportunidad para enviar un mensaje distinto: que la organización del Estado empieza por cuidar a quienes más lo necesitan. A veces, la verdadera modernización no está solo en la tecnología, sino en el orden de las prioridades.