Panorama Opinión. El regreso al poder de presidente Donald Trump, coincide con el periodo más largo en los últimos 30 años (aproximadamente 5 años), de ausencia de un embajador de dicha nación en nuestro país. La entonces embajadora Robin Bernstein, fue la última funcionaria en ocupar dicho cargo -curiosamente- durante la primera administración del actual mandatario, posición que estuvo vacante todo el gobierno demócrata Biden-Harris.
La nueva embajadora designada en la República Dominicana, S.E. Leah Francis Campos, señaló recientemente como parte de su discurso ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, que las temáticas que prevé establecer como sus principales ejes y prioridades de trabajo una vez asuma formalmente su puesto ante el Gobierno dominicano, se refieren de manera específica a enfoques tales como la desarticulación de las operaciones de los carteles de la droga y de las organizaciones criminales transnacionales, así como el reforzamiento a la seguridad fronteriza y la reducción de la inmigración ilegal hacia los Estados Unidos.
Al destacar estos temas en un momento tan importante como la audiencia para la ratificación de su nombramiento por parte del poder legislativo se concibe como un llamado de atención a los lineamientos que serán priorizados por su misión diplomática, entendiéndose, además, que los mismos están acordes con la agenda de política exterior que desarrolla la actual administración del presidente Trump en la región y, sobre todo, en las relaciones bilaterales con nuestro país.
En adición, vale destacar aquellas directrices mencionadas por ella en el contexto indicado, que se referían a “contrarrestar la influencia del Partido Comunista Chino en la República Dominicana” , siendo esta temática una novedad en el presente escenario internacional, no sólo porque por primera vez en los últimos tiempos un embajador de los Estados Unidos en el país se refiere públicamente a un tema de tales características, sino porque estas declaraciones provienen de un representante diplomático formado -además- en el área de la inteligencia, pues la embajadora designada Leah F. Campos se desempeñó por alrededor de diez años como funcionaria del principal servicio de inteligencia exterior de dicha nación como lo es, la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en ingles).
De igual manera, con respecto a este enfoque, resulta importante señalar el hecho de que, las dos primeras temáticas son identificadas de manera reiterada en anteriores agendas de cooperación bilateral en el marco de la seguridad hemisférica, como amenazas latentes que afectan a ambas naciones. No obstante, es preciso señalar que hablar del Partido Comunista Chino es lo mismo que referirse a la República Popular de China, pues es el principal órgano de conducción política de dicho estado. En esta misma vertiente es necesario tomar en cuenta la realidad geopolítica actual, la cual se contrapone a la vivida en el pasado en época de la Guerra fría, momento histórico en el cual existía una gran cooperación entre Estados Unidos y Latinoamérica, sobre todo, en temas como el combate al comunismo como principal amenaza a las democracias representativas prevalecientes en la región y en el cual la República Dominicana no contaba con relaciones diplomáticas con China y de igual forma, el hecho de que los Estados Unidos de América es un importante aliado político y principal socio económico.
Es evidente que, en medio de los factores antes señalados, tal prioridad demanda de un tratamiento y gestión especial de lo que seguro está consciente la embajadora Campos, dado su perfil técnico y profesional con amplios conocimientos sobre lo que esto representa e implica.
Por Wilfredo Ortiz Báez,
vicealmirante (r) de la Armada de RD