Panorama Tecnología. Hace una semana, las redes sociales se inundaron de imágenes animadas al estilo Studio Ghibli; la famosa animación japonesa conocida a nivel mundial por sus películas y estética.
La comunidad virtual fue testigo de la avalancha de caricaturas. Todos convertían sus fotografías en imágenes con el icónico estilo artístico, gracias a la nueva función de ChatGPT.
Fascina el fenómeno de la «ghiblificación», sin embargo, detrás de esta maravilla de la inteligencia artificial, surgen las dudas sobre los límites de la herramienta tecnológica y sus implicaciones para el futuro del arte y la creatividad humana.
El modelo GPT-4o de OpenAI es capaz de replicar de forma prácticamente idéntica, estilos reconocidos, lo que hace pensar en el tema del uso de material protegido por derechos de autor en la IA. Recientemente, un juez rechazó la petición de OpenAI de desestimar la demanda que The New York Times, interpuso por entrenar sin permiso modelos de inteligencia artificial con artículos del periódico. Esta negación podría marcar la regulación de la inteligencia artificial.
Otro punto de preocupación en cuanto a la IA recae en los artistas y creadores. Un diseño que le puede llevar esfuerzo, dedicación y mucho tiempo, es replicado en varios segundos provocando la pérdida de exclusividad.
Un usuario en la red social X reflexionó: «Lo que llevó a los artistas años de dedicación, práctica y lucha ahora puede ser replicado sin esfuerzo por la inteligencia artificial por nada».
La inquietud va más allá de este tipo de arte, si la inteligencia artificial puede imitar esto, puede hacerlo con otras disciplinas como la programación, la música y la escritura, sin mucho esfuerzo.
Mientras esto ocurre, el CEO de OpenAI, Sam Altman, celebra la viralidad de la ghiblificación. Su compañía, alcanzó un millón de nuevos usuarios en sólo cinco horas durante el pasado fin de semana y consolidando una cuota de mercado del 43% en IA generativa.
Ciertamente la inteligencia artificial ha venido a ayudar a simplificar muchas cosas, es útil y avanza a pasos agigantados, pero el dilema radica en “la ganancia de una herramienta que facilita todo y la pérdida de la creatividad humana al ser sustituida por algo artificial”.