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La diplomacia del Balón

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Panorama Nocional._ Hace algunos días inició la Copa Mundial de Fútbol 2026, el deporte más practicado en el mundo. Esta 23ª edición cuenta con la mayor participación de países de la historia (48 equipos). El Mundial tiene un poder de convocatoria efectivo para unir a millones de personas de todas partes. Los goles provocan las mayores celebraciones, cohesionan a las naciones dejando de lado sus diferencias y mantienen a flor de piel el orgullo nacional, es sin duda, la verdadera fiesta mundial.

Los gobiernos de todo el mundo compiten para ser sede del Mundial por diversas razones. Es un evento que utilizan como herramienta de diplomacia pública, donde se proyecta la cultura propia a través de uniformes que reflejan la identidad nacional, se construye imagen internacional, se proyectan valores, marca país, se fortalecen los vínculos con públicos extranjeros y se atrae a miles de turistas. Es decir, el Mundial ofrece, en efecto, una oportunidad única de diplomacia pública y construcción de soft power.

 Los países están dispuestos a todo para presentarse ante el mundo con lo mejor que tienen, y el evento se convierte en el escaparate que aprovechan para resplandecer. Siempre que exista interés político en sacar partido de esta ocasión para construir o fortalecer ese soft power para una buena opinión internacional que después se traduce en más turistas, derrama económica e incluso más inversiones.

Esta copa tiene como sede a los países del T-MEC (México, Estados Unidos y Canadá), cada uno mostrando sus propias bondades como escaparate. Toda América del Norte realiza así un ejercicio de diplomacia pública que fortalece al bloque regional. México, en particular, se convierte en la primera nación en ser sede de tres mundiales (1970, 1986 y 2026), un país de honda tradición futbolística que encabeza la lista de naciones con mayor base de aficionados en el mundo y que, desde la inauguración del torneo, no ha dejado de celebrar.

En esta gran fiesta, los palcos de los estadios se convierten en espacios diplomáticos de encuentro entre mandatarios que los une el amor al deporte.

 Esta Copa, nos regala moda, las mejores porras (la porra Vikinga de Noruega, conocida como Viking Row), canciones y diversos bailes de las selecciones africanas en el campo y en las calles de las distintas ciudades de los tres países sede, pero también, en los países cuyos equipos participan en la copa: una demostración maravillosa de tolerancia y entendimiento, tan necesaria en estos tiempos. El Mundial ha sido un catalizador de tensiones geopolíticas.  

Históricamente, los goles han logran articular diplomacia:

  • En el Mundial de Alemania 1974, en plena Guerra Fría, Alemania Occidental y Alemania Oriental se enfrentaron en la fase de grupos, y aquel partido mostró que era posible la coexistencia pacífica entre dos países separados por un muro.
  • En Francia 1998, Estados Unidos e Irán, sin relaciones diplomáticas desde la Revolución Islámica de 1979, se midieron en la cancha, pero lejos de cualquier enfrentamiento, los jugadores se fotografiaron juntos intercambiando flores blancas, símbolo de paz en la cultura iraní. Y en 2002, Corea del Sur y Japón fueron anfitriones conjuntos del Mundial por primera vez, logrando una colaboración bilateral histórica entre ambos países.
  • En esta copa 2026, a pesar de los múltiples retos para que la selección iraní jugará en Estados Unidos, la selección se despidió con un gran mensaje: “Desde la antigua Persia de miles de años atrás, hasta el Irán civilizado de hoy, el espíritu de Irán sigue vivo y firme.  Vinimos a Los Ángeles con orgullo, competimos con honor, y nos vamos con dignidad. Gracias, Los Ángeles, por su hospitalidad. Y gracias a cada iraní que dio su corazón, voz y alma por Irán a lo largo de estos 180 minutos. Que la paz, el respeto, y la amistad prevalezcan entre todas las naciones”.

De cara al futuro, otro gran ejercicio diplomático será el Mundial 2030: seis gobiernos y tres continentes coordinando logística de manera simultánea. La FIFA aprobó, en honor al centenario de Uruguay 1930, que Uruguay, Argentina y Paraguay reciban cada uno un partido conmemorativo en la fase de grupos. La inauguración oficial del torneo, sin embargo, tendrá lugar en España, junto a Portugal y Marruecos como sedes principales.

Hace algunos días le pregunté a un gran impulsor del fútbol en el país cuántos años faltarían a República Dominicana para lograr participar en el Mundial, y su respuesta fue contundente: “estaremos listos en ocho años”. Muchos soñamos con ver ondear nuestra bandera tricolor en ese gran escenario. Mientras tanto, como aficionada al Mundial, espero que la Copa se quede en nuestra América Latina, y de no ser posible…this time for Africa.

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