Cuatro decretos, un jet, veinte millones de los verdes y la oposición pagando la cuenta.
Panorama Opinión. Hay una diferencia entre predicar y practicar. También la hay entre ayunar y hacerse el ayunador; en buen dominicano decimos a Dios rezando y con el mazo dando.
El último capítulo de esta película de terror es conocido: crisis en Medio Oriente, incertidumbre global, y el Ejecutivo se despacha con la receta de siempre. Austeridad. El decreto número cinco en lo que va de gestión —porque ya van cuatro anteriores: el 396-21, el 3-22, el 71-24 y el 105-25— llega con su acostumbrada solemnidad de papel mojado. En su momento, cada uno prohibió compra de vehículos, restringió viajes, limitó agasajos. En la práctica, el Estado derrocha fortunas alquilando oficinas, sedes institucionales y hasta ambulancias que nunca serán suyas. El colmo de los colmillos: el Ministerio de la Vivienda vive alquilado.
Y hablando de gastos que ningún decreto menciona: el mismo presidente que viajó a la ONU en clase turista terminó comprando un jet privado con fondos públicos. Tampoco aparece en ningún decreto la delegación de casi cien personas enviadas a la COP28 en Dubái, ni la mastodóntica representación dominicana que cada año va a FITUR Madrid —ambas, curiosamente, en plena vigencia de alguno de esos cuatro decretos anteriores. El cielo, literalmente, no tiene límite.
Pero la medida estrella de este quinto acto es el recorte del cincuenta por ciento al financiamiento público de los partidos. Populismo quirúrgico. Si bien el sistema de financiamiento partidario merece una reforma seria, lo que aquí se ejecuta no es reforma: es cirugía selectiva. El PRM gobierna y tiene sus ávidas manos sobre los recursos del pueblo dominicano —subsidios, pensiones, bono esto y bono aquello, un dispendio que no figura en ningún decreto pero que todos conocen—, se hacen los graciosos ante el pueblo con esta medida que al oficialismo no le afecta en nada, pero que busca sofocar a quienes intentan desalojar del poder al PRM. Jesús lo dijo con menos palabras: “Atan cargas pesadas y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.” Mateo 23:4. Los fariseos de entonces al menos cumplían la letra de la ley. Estos ni eso.
Y la fresita en el pastel: mientras se decreta austeridad hacia adentro, el canciller Roberto Álvarez —que, como es sabido, no decide nada de esta naturaleza sin aprobación de las altas instancias— formalizó el 1 de mayo ante la ONU una contribución de US$10 millones a la GSF en Haití, con otros US$10 millones comprometidos para 2027. Veinte milloncitos de los verdes para una misión cuyo historial conocemos de sobra: depredación de recursos, impunidad garantizada y ningún resultado palpable en términos de estabilización del vecino país. La misma piedra de Sísifo, empujada esta vez con fondos dominicanos y presentada como solidaridad regional.
Ningún decreto toca las llamadas pensiones solidarias, inmerecidas en la gran mayoría de los casos, los vehículos de protocolo con sirenas que circulan los fines de semana, ni la evasión fiscal, mucho menos se intenta frenar la elusión de quienes tienen sus capitales durmiendo cómodamente en paraísos fiscales. En la Patria de Duarte no pagan ni un centavo de impuestos. Y siguen a Dios rezando y con el mazo dando. Las medidas buscan recortarle el oxígeno a la oposición y terminarán sometiendo al pueblo de a pie a más penurias. Pero esa conversación requiere valentía, coherencia y congruencia, cualidades desconocidas para esta gestión.
Como dijo el rey Salomón: “El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Este gobierno no confiesa ni se aparta. Solo decreta.