Por: María Díaz
Panorama Opinión._ El fin de año moviliza a miles de familias dominicanas que se reencuentran tras largos meses de espera. Las carreteras se llenan de historias, de abrazos pendientes y de sueños compartidos. Sin embargo, también se convierten en escenarios de riesgo cuando la prisa, el cansancio, el alcohol o el exceso de confianza toman el volante. Cada accidente en esta temporada nos recuerda que la seguridad vial no es un trámite, es una responsabilidad con la vida propia y la ajena.
Viajar seguro implica decisiones simples pero vitales: planificar el trayecto, respetar los límites de velocidad, evitar distracciones, usar el cinturón y nunca conducir bajo los efectos del alcohol. No se trata de llegar primero, sino de llegar bien. El verdadero espíritu de las fiestas no está en la velocidad, sino en regresar a casa para contarlo.
Con el cierre de la temporada festiva llega también el retorno a la rutina. Escuelas, trabajos y compromisos demandan un tránsito más ordenado y consciente. Iniciar el nuevo año con responsabilidad vial es un acto de amor colectivo. Que este fin de año nos deje una enseñanza clara: ninguna celebración vale más que una vida.