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¡Felicidades, mami!

Licenciado Jeffrin G. Pacheco Reyes junto a su madre
Licenciado Jeffrin G. Pacheco Reyes junto a su madre
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Por Lic. Jeffrin G. Pacheco Reyes

Panorama_Opinión En este Día de las Madres, quiero rendir homenaje a la mujer más importante de mi vida: Grecia Reyes, mi madre.

Con este escrito no habrá palabras suficientes para describir lo que ella ha significado para mí. Aunque lo escribo hoy, 24 de mayo de 2025, será mañana, Día de las Madres, cuando se lo leeré. Mi madre, una mujer muy joven aún, con apenas 69 años, tristemente hoy se encuentra postrada en su cama por problemas de salud: un cáncer de pulmón, consecuencia de haber fumado por más de cuarenta años.

Pero no me voy a entristecer, y en su día no dejaré pasar por alto estas palabras, que quedarán como testimonio de todo el cariño, la admiración y el agradecimiento que siento por ella. Todo el amor que llevo en mi corazón es también por lo que ella ha sido para nosotros.

Mi madre fue, desde siempre, un ejemplo de sacrificio, entrega y fortaleza. Los recuerdos de mi niñez son verla trabajando sin descanso, luchando para darnos una vida mejor. Trabajó en la compañía telefónica Codetel, hoy conocida como Claro, donde fue una empleada ejemplar. Recuerdo haberla visto salir en la portada del periódico El Siglo y en el Listín Diario, cuando la empresa la reconoció como “Operadora Estrella”.

Un día, un usuario llamó para pedir un número y, sin siquiera buscarlo, mami se lo dio de memoria. Sorprendido, le preguntó: “¿Cómo usted me dio ese número tan rápido?” Ella respondió: “Señor, es que diariamente le suministro a muchas personas los mismos números. Es mi trabajo. Me sé más de 300 de memoria.” Resultó que ese usuario era una persona importante, y su testimonio motivó el reconocimiento: le dieron un bono en numerario, cupones para cambiar el aceite del carro, gomas nuevas y hasta viajes al extranjero. Creo que desde entonces fue que obtuvo su visa.

A los jóvenes quiero recordarles que, antes, para conseguir un número telefónico o hacer una llamada internacional, había que llamar a la central o buscarlo en las páginas amarillas. Era la operadora quien conectaba la llamada. En ese tiempo no existía el celular, ni el iPhone, mucho menos el internet.

También la recuerdo en nuestra casa actual, donde nacimos y nos criamos los cuatro hermanos. Ella, cada día encima del maestro constructor Roberto, compraba cemento, pegaba blocks, tiraba techo y echaba fino para que no filtrara el agua cuando llovía. (Ironías de la vida: ese mismo maestro terminó ayudándome a mí en la construcción de algunas casas más adelante.)

Con los años, mami se fue a Estados Unidos a trabajar con una alta funcionaria del Chase Manhattan Bank. Manejaba un excelente inglés, y dejando atrás lo que más amaba sus hijos, se fue al extranjero para darnos una mejor vida. Ya en ese tiempo, con honor a la verdad, nuestras familias los Lizardo, los Gutiérrez y nosotros éramos de las más pudientes del barrio. Pero ella quiso más para nosotros.

En ese momento, siendo niño, dolía. Pero hoy, como padre, entiendo que fue una decisión valiente. Dejar a tus hijos atrás para darles una vida mejor no es abandono, es amor en su forma más dura. Eso la define: una mujer que dio todo por sus hijos.

A mami, y a mi papi amado Livio Pacheco que se quedó con nosotros mientras ella estaba fuera, les debemos todo. No solo lo material, sino lo más valioso: los valores, el carácter, el amor y la fe que sembraron en nosotros. Aunque estuviera lejos, mami nos monitoreaba 24/7, y su voz siempre fue guía y autoridad.

Mami, en tu día quiero decirte que te amo. Gracias por ser una gran madre, por nunca rendirte, por siempre ver donde otros no veían. Modestamente, creo que eso fue lo que más heredé de ti: ver más allá y la sensibilidad por ayudar a los demás.

Te amo.

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