Limpieza, hidratación y protección: los tres pilares sobre los que se asienta cualquier rutina de belleza, sea la que sea, pueden ampliarse en función de las necesidades o del nivel de dedicación con el que se realice el ritual. Sin embargo, existe otro paso que, si bien podría incluirse en la primera categoría, en realidad va más allá aunque muchas lo eviten por miedo a la irritación o la sequedad.
Nos referimos a la exfoliación y resulta que es el secreto que alarga el bronceado, suaviza la superficie de la piel, combate el acné causado por los residuos de fotoprotección solar y favorece la absorción de cualquier fórmula que se aplique a continuación. Un superhéroe cosmético que hay que manejar con precaución para disfrutar de sus beneficios sin efectos secundarios.
Los expertos no se cansan de repetir que la protección solar es fundamental los 365 días del año y el verano es la estación en la que nos enfrentamos más intensamente a sus rayos, por lo que la reaplicación del producto a lo largo del día es la única forma de mantener su «efecto pantalla». Aunque las fórmulas han evolucionado y ahora son tan invisibles como absorbentes, la única manera de eliminarlas por completo al llegar a casa es una limpieza a fondo que, si se queda corta, puede provocar la obstrucción de los poros y la aparición de granitos. La buena noticia es que la exfoliación funciona como un seguro antiimperfecciones bastante fiable, aunque los especialistas avisan de que los de naturaleza mecánica y abrasiva podrían dañar el cutis.
En el caso de los exfoliantes mecánicos, habrá que elegir una fórmula de partículas suaves para evitar daños en la piel; también existen los químicos a base de ácidos como el glicólico, AHA’s o BHA’s; por último, los peelings enzimáticos eliminan las células muertas a base de activos vegetales, generalmente derivados de frutas como la papaya o la piña. Una vez que se ha encontrado el método a medida con la ayuda de un dermatólogo, la periodicidad es vital, siendo en general el par de veces por semana (e incluso una sola) la frecuencia más recomendada.
Aparte de un seguro antiacné y gran aliado antiedad al favorecer la renovación celular, la exfoliación también ayuda a preparar la piel para conseguir un bronceado óptimo y alargarlo en el tiempo. El motivo es que, al exponerse al sol (siempre con protección alta), se parte de una piel «nueva», suave y uniforme, por lo que los rayos incidirán por igual, es decir, el tono quedará homogéneo y, en consecuencia, más bonito.
Eso sí, la hidratación posterior es otra clave para prolongarlo y también el paso que debe preceder al de exfoliar la piel tras una jornada de sol. Y ahora que conocemos el ritual completo, te proponemos algunas fórmulas con las que poner en práctica el cuidado imprescindible del verano.
Fuente: Hola