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El escándalo de Dilon Baby y el incesto de Altagracia: las devastadoras consecuencias de un vínculo prohibido

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Panorama Nacional. Un escándalo se apodera de los medios de comunicación tras las declaraciones de Carolina Serrata, la madre del artista urbano Dilon Baby, en las que admite que sostuvo relaciones sexuales con su propio hijo en estado de embriaguez.

A pesar de que en sus últimas declaraciones ambos «influencers» han desmentido lo afirmado por Carolina, la controversia continúa.

En medio de la polémica, entrevistamos a Altagracia, oriunda de Yaguate, San Cristóbal, una empleada del hogar o trabajadora doméstica que tuvo hijos con su hermano.

Altagracia tiene hijos que también son sobrinos. Sí, tiene dos hijos de su hermano mayor. Hoy tienen 24 y 22 años respectivamente.Eran ocho hermanos. Vivían en una casa donde convivían cinco de ellos, mientras que los tres hermanos mayores vivían con la abuela.

Esa separación generó lazos diferenciados entre ambos grupos de hermanos.Juan, su hermano de entonces 20 años visitaba la casa con frecuencia, y un día, en medio de lo que llama «un juego de manos», besó a su hermana.

Ella afirma que lo vio con naturalidad, hasta que en otras visitas comenzaron ambos adultos a sostener relaciones, y finalmente «formalizaron» el incesto y se mudaron juntos.

Altagracia asegura que que no tenían ‘nada’, no había cuna y dormían los tres en una cama en medio de una casa de zinc. Esta casa, en la que «llovía adentro», era tan pequeña que el único entretenimiento, según ella, era aprovechar que el niño durmiera para seguir con el acto sexual incestuoso.

«Juan y yo estábamos enemigos de toda la familia, nadie nos quería, ¡porque, imagínese usted, doña!, dos hermanos viviendo juntos, eso realmente está muy mal», afirmaba Altagracia por una llamada de WhatsApp.

Continuó contando: «Doña, cuando el grande tenía un año, me embaracé del ‘peloterito’ (apodo de su hijo que jugaba béisbol); y ya usted sabe, doña, eran lágrimas de sangre porque con esa ‘crujía’, dos muchachos, y con toda la familia enemiga, que ahí vivíamos en el mismo sitio y nos pasaban por el lado y ni saludaban».

Al preguntarle sobre el tiempo y las heridas, dijo: «Yo me quedé con Juan, pero mi mamá nunca nos perdonó y mi papá ni me miraba, y la abuela, yo creo que de eso hasta más rápido se murió. Y todavía es la hora que cuando nos reunimos nos reclaman. En casa me pusieron ‘la sucia’.»

Altagracia se dedicó al trabajo doméstico y Juan es albañil. Así levantaron a sus hijos, quienes hoy en día trabajan: el mayor en mecánica en Yaguate, y el pequeño tiene una cafetería. Narra que sus hijos le reclaman constantemente y le dicen «ustedes son bárbaros».Relata que sus hijos les dicen los hermanos-primos y a más de uno le extraña que no hayan resultado con alguna malformación o patología.

Altagracia sugiere las consecuencias emocionales de su unión. Dice que nunca pudo volver a mirar a su familia, y que además, aunque vaya a la iglesia, hoy en día no encuentra cómo pedir perdón a Dios.

No llama a «Juan» esposo, ni marido, por la vergüenza. Un pastor me dijo: ‘Déjalo y Dios te perdona’, pero doña, ¿cómo lo dejo ya con dos hijos grandes? Y yo lo quiero, ya es un dolor con el que cargo yo».

Una visión histórica del incesto y sus consecuencias:

A lo largo de la historia, varios casos de incesto han sido documentados, muchos de ellos relacionados con dinastías reales y familias nobles que buscaban preservar su linaje. La reina Cleopatra de Egipto, por ejemplo, contrajo matrimonio con dos de sus hermanos, una práctica destinada a mantener el control del poder dentro de la familia ptolemaica.

De igual manera, los emperadores romanos Nerón y Calígula son conocidos por haber tenido relaciones incestuosas con sus familiares, lo que refuerza la imagen de decadencia y corrupción asociada a la Roma imperial. La dinastía de los Habsburgo, una de las más influyentes en Europa, también practicó el incesto, desposando a primos durante generaciones, lo que derivó en serios problemas de salud entre sus descendientes.

En la mitología, el incesto también ocupa un lugar prominente. El caso de Edipo, quien sin saberlo se casó con su madre Yocasta, es uno de los más célebres. La tragedia de Edipo es utilizada como un ejemplo de las terribles consecuencias que pueden derivarse de estas uniones prohibidas.

El rechazo al incesto no solo es cultural, sino que tiene bases biológicas. Las relaciones sexuales entre personas con lazos sanguíneos cercanos aumentan el riesgo de enfermedades hereditarias debido a la falta de variabilidad genética.

Estudios científicos han demostrado que este tipo de uniones incrementa la probabilidad de que genes defectuosos se manifiesten en la descendencia, lo que puede resultar en malformaciones, trastornos genéticos como el síndrome de Down y enfermedades graves como la hemofilia.Desde una perspectiva psicoanalítica, Sigmund Freud sugirió que el tabú del incesto se originó en la horda primitiva humana, donde la lucha por el acceso a la reproducción entre los varones causaba tensiones violentas.

Este conflicto habría cargado la práctica del incesto con una carga emocional tan negativa que la humanidad terminó por despreciarla y sustituirla por la exogamia, es decir, las relaciones fuera del círculo familiar.

A pesar de su rechazo generalizado, el incesto sigue ocurriendo en ciertas culturas y contextos, aunque en la mayoría de los países es ilegal y severamente castigado. Las consecuencias de tales relaciones no se limitan solo a la salud física, sino que también pueden provocar serios problemas emocionales y psicológicos en los involucrados.

Las enfermedades derivadas del incesto no son un mito. La historia ha documentado numerosos casos donde la endogamia, o matrimonios entre parientes cercanos, ha resultado en la aparición de condiciones genéticas severas. La hemofilia, conocida como “la enfermedad de los reyes”, es un ejemplo clásico, habiéndose propagado entre la realeza europea debido a la práctica del incesto.

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