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El comercio chino: la competencia desleal, estrategia mercantilista de un nuevo orden económico mundial

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Panorama Opinión. La República Popular de China (RPC),  viene dando muestras inequívocas de su gran determinación para la consecución de sus objetivos estratégicos como potencia global que aspira a imponer su hegemonía. Lo que acontece en América Latina con la gran cantidad de denuncias sobre las violaciones y malas prácticas de las que son acusados los comerciantes chinos por parte de sectores comerciales e industriales de la región que se sienten afectados, es solo uno de los indicadores de esta agresiva política comercial que el Estado asiático desarrolla a gran escala en el marco del propósito antes señalado. Estas acusaciones catalogadas como competencia desleal se vienen esparciendo como epidemia en la mayoría de los países latinoamericanos, replicándose como pautas a seguir por las empresas comerciales chinas radicadas en los mismos, solo con sus pequeñas variaciones, dependiendo de la naturaleza del mercado local y el objetivo perseguido en consecuencia. Las listas de violaciones y malas prácticas coinciden, salvo algunas excepciones.  

El presidente Luis Abinader agarra el toro por los cuernos

Contrabando y subvaluación de mercancías importadas. 

Impago de impuestos

No emisión de factura o boleta con comprobante fiscal

No pago de seguridad social

 Violaciones de las normas de etiquetado y ausencia de registro sanitario en productos alimenticios.

 Maltrato y humillaciones contra empleados nacionales.

 Prácticas de dumping en artículos importados desde la China.

 Agregándose a éstas, la novedad de que en muchos casos no aceptan el pago con tarjeta de crédito.

 Ya muchos expertos en derecho comercial internacional han identificado este comportamiento como la parte fundamental de una ¨estrategia mercantilista¨que el Estado chino está aplicando de manera agresiva, cuyo objetivo primario es aperturar una gran cantidad de establecimientos comerciales chinos en cada país para a través de los mismos, manejar un gran volumen de importación de artículos desde dicha nación y colocarlos a un precio mucho más bajo que los ofertados por los comerciantes e importadores locales,  aprovechando para ello las facilidades aduanales otorgadas para la importación de furgones cargados de mercancías, junto al ¨ahorro¨ que les representa cometer  las violaciones y malas prácticas ya mencionadas. El propósito fundamental es crear una fuerte distorsión del mercado interno que les permita desplazar a los sectores del comercio nacional quienes no pueden competir bajo estas condiciones, creando en consecuencia una gran masa cautiva de consumidores mediante el atractivo de los bajos precios. Siendo esto una iniciativa que la nación asiática desarrolla por toda América Latina con el propósito de asegurar una demanda importante de sus productos de bajo costo que son el sostén principal de sus PYMES y que generan una cantidad importante de fuentes de trabajo de baja calificación para su población. Con esta práctica comercial hacia América Latina la potencia asiática también evade eventuales sanciones comerciales de los Estados Unidos de América, a la vez que contribuye a incrementar su presencia económica en nuestra región. Al mismo tiempo, dicho país se prepara para dar un gran salto hacia su consolidación como líder importante en la industria de la innovación tecnológica que le generará una gran cantidad de ganancias.  

 El economista y autor español Olegario Llamazares García -Lomas ofrece una explicación sobre el comportamiento de los comerciantes chinos en un artículo titulado ¨Costumbres chinas que influyen en los negocios¨ en el que recomienda tener conocimiento sobre las costumbres de dicho pueblo, que muchas veces provienen de su legado cultural con el fin de tomarlas en cuenta al momento de establecer negocios con las empresas chinas. Entre las cuales resalta la referente a la ética ( lunlixue). El autor plantea que “para entender el concepto de ética en China hay que recurrir a la filosofía de Confucio, donde la moralidad se basa en las circunstancias del momento y no en principios universales. Lo que a partir de ello se permite cambiar las condiciones pactadas y que en la cultura occidental se considera malas prácticas e incluso son causas para iniciar procedimientos judiciales, mientras que en China son perfectamente asumibles y aceptadas” Lo cierto es que tales circunstancias cobran una mayor dimensión cuando la sombra del Estado chino está detrás y una simple negociación es un elemento más de una política de Estado que persigue un objetivo estratégico mayor. En otras palabras, el Estado chino aplica una versión muy particular del libre mercado, donde las normas que lo regulan adquieren la categoría de circunstanciales y no de compromiso formal. En tal sentido, el doctor Mark Wu, quien es profesor de derecho, director de la facultad Centro Fairbank de Estudios Chinos de la Universidad de Harvard, en el marco de un de una entrevista sobre el comercio internacional, consideró “que durante años la República Popular de China ha sido objeto de muchas acusaciones sobre prácticas comerciales desleales diseñadas para servir a los intereses mercantilistas”. Este agregó “que ya muchos socios comerciales de   China están revisando su posición con respecto a los negocios, llegando inclusive a imponer aranceles antidumping para proteger a sus empresas frente a estos competidores”, tales como lo hicieron México, Chile y Uruguay. 

El citado profesional también establece “que muchos socios comerciales han recurrido al sistema de solución de disputas de la OMC para exponer sus preocupaciones sobre lo que consideran violaciones a las normas por parte de las empresas chinas. Sin embargo, se vuelven cada día más desconcertados, desconfiando de la capacidad de dicho organismo para ser un ente efectivo en conducir arbitrajes, si antes no se logra actualizar a gran escala las normas existentes lo que parece cada vez más improbable”. La situación anterior concita una gran preocupación para Occidente, si tomamos en cuenta que la República Popular de China está empleando agresiva y determinantemente el poder duro de sus importantes medios económicos para imponer un nuevo orden económico mundial que busca desplazar al   existente en el que los Estados Unidos de América, como máximo exponente de Occidente, tiene una gran hegemonía.  En tal sentido la potencia asiática ha sido la pieza fundamental para la creación en el 2010 del bloque de economías emergentes BRICS,  cuyo propósito fue la formación de un bloque geopolítico capaz de contrarrestar la influencia que tienen las instituciones financieras occidentales sobre la economía mundial. En la actualidad este bloque se ha expandido hasta convertirse en una gran plataforma internacional integrada por 20 países, (10 miembros y 10 socios), que en conjunto concentran el 44% de la economía del PIB mundial ( PPA) y el 56% de la población global. La República Popular China no oculta tales pretensiones, pues implícitamente lo deja entrever en documentos oficiales, como el programa llamado Hecho en China 2025, a partir del cual esta nación aspira a convertirse en una superpotencia manufacturera para el 2049, bajo el enfoque de lograr el mejor posicionamiento de sus empresas en los mercados mundiales, con el objetivo de generar bienestar económico para su pueblo y poder para el Estado chino. Al tiempo que la potencia asiática marcha decidida y sin mayores contratiempos hacia la consecución de sus metas programáticas.  En Occidente, tanto los Estados Unidos de América como su máximo referente, al igual que Europa, atraviesan por una grave crisis de identidad que ha fragmentado su cohesión social, debilitado la gobernabilidad y sus instituciones y en el caso de la nación norteamericana, ha afectado su proyección internacional como potencia global que está poniendo en juego su hegemonía frente a un adversario que aspira a superarlo en los distintos escenarios de gran confrontación geopolítica.

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