Panorama Estilo de Vida. Especialistas en salud mental coinciden en que una costumbre comienza a convertirse en adicción cuando deja de ser una acción voluntaria y empieza a dominar el comportamiento de la persona. Un hábito es repetitivo, pero controlable. En cambio, una adicción implica pérdida de control, necesidad urgente de repetir la conducta y consecuencias negativas en la vida cotidiana.
Psicólogos explican que la transición ocurre cuando la actividad ya sea usar el celular, consumir alcohol, apostar, comer en exceso o incluso trabaja genera dependencia emocional o física. La persona intenta reducirla, pero no puede, y continúa realizándola, aunque afecte su salud, sus relaciones o su estabilidad económica.
Entre las señales de alerta más comunes se encuentran la ansiedad al no poder realizar la conducta, el incremento progresivo del tiempo dedicado a ella y el abandono de otras responsabilidades. Ante estos indicadores, los expertos recomiendan buscar orientación profesional para evitar que el hábito evolucione hacia una adicción crónica.
Es importante comprender esto, ya que muchas personas adictas se persuaden a sí mismas y a otros de que no tienen ningún problema debido a que no consumen a diario. Frases como «No bebo todos los días, así que ¿cómo podría tener un problema?» o «Solo consumo sustancias los fines de semana. Si fuera adicto, lo haría todos los días» son comunes.
No es la frecuencia o cantidad lo que determina la adicción, sino cómo afecta la sustancia a la persona en el momento presente y el efecto global que tiene en su vida. Este deterioro en la vida, suele darse tras largo tiempo de mantenerse la conducta adictiva en detrimento de un abandono progresivo de aspectos vitales de la persona como el trabajo, conexión social, actividades recreativas, consecución de metas, etc.