Panorama Opinión. El reportaje del Periódico Panorama, que revela que la Oficina del Defensor del Pueblo gastó RD$1,538 millones en cuatro años, no solo evidencia un desorden administrativo: expone una institución que abandonó su misión esencial. La entidad creada para ser la voz del ciudadano terminó atrapada en viáticos, combustibles, publicidad y burocracia, mientras la gente enfrenta abusos policiales, negligencias médicas, estafas inmobiliarias y apagones sin una defensa institucional real.
La pregunta es simple: ¿dónde estaba el Defensor del Pueblo cuando más se le necesitaba?
Con RD$1,538 millones, el país pudo haber construido el mayor sistema de protección ciudadana de su historia. Por ejemplo:
Para vigilar hospitales, policías, cárceles, escuelas, energía y agua, con informes trimestrales que obligaran a corregir abusos.
Ocho oficinas con abogados, psicólogos y trabajadores sociales, para que cualquier dominicano pudiera denunciar violaciones de derechos sin viajar a la capital.
El 60% de nuestros presos no tiene condena. Este programa habría acelerado juicios y liberado a quienes llevan años encarcelados sin sentencia.
Una línea 24/7 para denunciar abusos policiales, negligencia médica o desalojos irregulares, con unidades de respuesta rápida.
Campañas, talleres en escuelas, contenido digital y manuales para empoderar al ciudadano común.
Indemnizaciones rápidas, apoyo psicológico y asistencia legal a familias afectadas por abusos del Estado.
Expertos supervisando compras públicas, salud, energía, transporte y obra pública.
Estadísticas en tiempo real, trazabilidad obligatoria y mapas de violaciones de derechos.
Total: RD$1,350 millones, con RD$188 millones sobrantes para fortalecer programas adicionales.
Es decir: sí había recursos para defender al pueblo… lo que faltó fue voluntad y dirección.
Mientras tanto, la realidad fue otra
Lo que más creció fueron los gastos administrativos y la autopromoción.
Y en los temas que más golpean a la gente, la Defensoría brilló por su ausencia:
• Indexación salarial: silencio absoluto.
• Defensa de la cesantía: ni una postura firme.
• Apagones, facturas infladas, abusos eléctricos: ni informes, ni presión, ni investigación.
• Estafas inmobiliarias: familias enteras engañadas sin una sola acción contundente.
Cuando el país necesitaba un contrapeso, tuvo una oficina decorativa.
Un Defensor del Pueblo debe ser incómodo
Debe ser el abogado del ciudadano, no un gestor de gastos; un contrapeso del Estado, no un acompañante administrativo.
Aquí la pregunta no es solo qué pasó con el dinero, sino qué pasó con la institución.
¿Quién defiende al pueblo cuando su Defensor no lo hace?
La República Dominicana necesita un Defensor del Pueblo fuerte, técnico, valiente e independiente.
No uno que pierda su misión entre viáticos y burocracia.
Hoy más que nunca, el pueblo necesita ser defendido.
Y es hora de recordarle a esa institución cuál es su verdadero rol.