Por: Susy Aquino Gautreau.
Panorama Opinión. Hace un tiempo se transmitió una conversación muy interesante en el programa Panorama de la Mañana con el ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, en la que se discutía el sitial de los dominicanos como representantes del merengue. Salcedo hacía un recuento de cómo artistas de otras nacionalidades están liderando el escenario internacional con este ritmo que nos identifica principalmente a los quisqueyanos. También comentaron durante la entrevista que estas nuevas generaciones no salen a bailar merengue ni otros ritmos tropicales, la música urbana domina la pista en las raras ocasiones en que los jóvenes suelen bailar.

El aporte del merengue como pieza fundamental de nuestra identidad cultural debe preservarse a toda costa sin importar el espacio que puedan ocupar otras manifestaciones artísticas. Es necesario implementar un plan en el que determinemos ¿Qué quiere República Dominicana que la defina como país? ¿En qué queremos que piense la gente alrededor del mundo cuando le llegue el nombre de nuestra nación a la mente? ¿Cuáles son los valores, costumbres y características que queremos exportar y por los cuales vamos a traer a los visitantes?

Aprendamos de México, que tiene iniciativas como el Sistema Nacional de Fomento Musical para niños y jóvenes proveyéndoles de formación, así como oportunidades. También desarrollan el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, tanto en la modalidad de Músicos Tradicionales Mexicanos (MTM) y Artes en Lenguas Indígenas Nacionales (ALIN). Adicionalmente, cuentan con cinco programas de desarrollo cultural regional, entre otros.
Y aunque es comprensible que el Estado debe hacer más, también se debe tener claro que se necesita que se destinen los recursos necesarios para los fines. Que se comprenda el valor, en su conjunto, que tiene la música no solo en materia cultural, sino también turística e incluso económica. Grandes conciertos pueden generar importantes aportes económicos, como lo hizo Bad Bunny en 2025 con su residencia en Puerto Rico la cual incrementó el PIB de ese país en un 7%. Esto precisamente con un espectáculo que visualmente se basó en la añoranza de la cultura boricua aunado a un álbum que mezcló los ritmos urbanos con plena, salsa y bolero.

Este es un dato que los empresarios no pueden obviar; es su responsabilidad, o al menos deberían considerar como su deber, destinar un porcentaje de sus fondos de patrocinio a quienes puedan dar la cara por RD de manera digna. Cuando se privilegian apoyos a los antivalores, se está tomando la decisión de fomentar, aplaudir y promover lo nocivo, mientras se asfixia económicamente o se obliga al exilio a nuestros músicos más formados.
Darles un espaldarazo a las nuevas generaciones, tanto a los jóvenes como al público adulto joven, también es hacer patria. Incentivar a que nuestros cantantes de balada, pop y géneros urbanos hagan suyo también al merengue es un paso definido que ayuda a garantizar que nuestra identidad se fortalezca y no perezca.

Qué orgullo ver a Manny Cruz poniendo en alto a nuestra bandera en escenarios internacionales y que ahora explora el típico al grabar ¨Pa´Perderte¨con el Blachy. Pero también apreciar el retorno de Gabriel Pagan con el afromerengue ¨To’ de Ti¨ luego de dos años de ausencia. Techy Fatule tiene ya varios temas en merengue y está promocionando su tema ¨El Sabe¨ con Fefita La Grande. Diego Jaar que abrió el concierto de Ed Sheeran en Santo Domingo inició su presentación con su merengue urbano un tanto apambichao titulado ¨Dando Aco¨. Ellos son solo una pequeña muestra de todo el potencial que tiene Quisqueya para retomar los sitiales más importantes de nuestra música globalmente. Sin el respaldo apropiado en medio del dominio de lo fácil ¿Cómo van los jóvenes a cargar solos sobre sus hombros el merengue dominicano?
Nuestros pilares de los 80´s y 90´s han hecho y continúan sacando el pecho por este ritmo pero ahora le toca al sector público y privado ver el ejemplo de otras naciones para replicar ese modelo de éxito y hacer que sigamos dominicanizando el mundo pero con lo mejor de lo nuestro.