Panorama Opinión. -En los últimos años, el sistema Político Dominicano ha sido permeado por una serie de prácticas y valores que poco tienen que ver con el bien común. No parece tratarse de una simple coincidencia, sino de un patrón cada vez más evidente que amenaza la institucionalidad y el tejido social del país.
Infiltración del narcotráfico y lavado de activos
La política se ha convertido en un espacio atractivo para sectores vinculados al crimen organizado. A través de financiamiento ilícito, el narcotráfico y el lavado de activos encuentran en los procesos electorales la oportunidad de obtener legitimidad e impunidad, debilitando la democracia desde dentro.
Corrupción como norma
El uso del poder público para fines privados ha sido tan frecuente que la corrupción parece naturalizada. Esto ha minado la confianza ciudadana y ha reforzado la percepción de que el Estado no está al servicio de la sociedad, sino de élites que se enriquecen a costa de los recursos colectivos.
Desprecio por los más vulnerables
Mientras los indicadores macroeconómicos muestran crecimiento, la realidad de miles de niños y familias en situación de pobreza sigue marcada por la precariedad. Educación de baja calidad, deficiencias en salud y carencia de políticas de protección a la infancia son signos de un modelo político que da la espalda a quienes más necesitan del Estado.
Ausencia de propuestas reales
Las campañas políticas, en su mayoría, se han reducido a consignas vacías, clientelismo y espectáculo. Falta un enfoque claro en temas esenciales como acceso al agua potable, empleo digno, vivienda adecuada y seguridad ciudadana. La población recibe promesas, pero carece de respuestas tangibles.
El desafío ciudadano
La propagación de estos valores antisociales en la política no es inevitable. La solución pasa por rescatar la ética pública, blindar las instituciones frente al crimen organizado, garantizar la independencia del sistema judicial y fortalecer la participación activa de la ciudadanía. La política no puede seguir siendo un espacio secuestrado por intereses particulares, mientras se posterga la dignidad de los más vulnerables.