Las carreras de motores clandestinas en el territorio dominicano se hacen cada vez más comunes, y la autopista 6 de noviembre es un punto de referencia para este tipo de competencias ilegales.
La mayoría de los jóvenes en el caliche de Haina ven en las carreras de motores una manera de entretenimiento, y como muchos de ellos tienen motores para trabajar como mototaxis, o motoconcho, se les facilita caer en este tipo de actividad, que ha cobrado la vida de varias personas.
“Me llamaron que venía de su trabajo, venía con su ropa y echando carreras se estrellaron de frente con otro motorista”, lamentó Victoriano Encarnación, uno de los padres afectados por las carreras de motores en la carretera 6 de noviembre. Su hijo Víctor Manuel Encarnación, de 31 años, falleció hace tres meses.
Las competencias clandestinas de motor tienen su protocolo y uno de ellos es la transformación del motor para que sobrepase la velocidad normal con la que viene del fabricante.
“De la agencia el motor te viene tirando a 100, pero es un 100 normal, entonces cuando se modifica para ponerlo a correr lo más rápido posible”, explica José Antonio Campusano, exorganizador de carreras al programa Toda la Verdad, que se transmite los domingos, a las 8 de la noche, por VTV, canal 32.

A esto le sigue el proceso de convocatoria, que puede iniciar desde el mecánico que ha transformado la velocidad del motor hasta los directivos de las paradas de motoconchos que instan a sus grupos a competir.
De acuerdo a la investigación del equipo que produce el referido programa, se trata de carreras donde se apuestan altas sumas de dinero.
“Eso viene siendo como en forma de un gallo, dependiendo cómo el gallo esté, uno le mete. Cuando es carrera organizada se va lejos, hay gente que le ponen hasta 800 mil pesos y así por el estilo”, revelan algunos de los participantes entrevistados.
Sin embargo, los padres de algunos de los que han fallecido en estas carreras, aseguran que la motivación a entrar en estas competencias clandestinas sobrepasa a la necesidad de dinero.
“Él le dijo un amigo que él era adicto a eso, que él quería dejarlo pero que no podía”, reveló Giannina del Carmen Campusano, madre de un joven de 23 años que murió en carrera de motores.
Estas carreras clandestinas son la constante entre los moradores del Caliche y barrios aledaños a la autopista 6 de noviembre. Los jóvenes comienzan a participar con sus motores a muy temprana edad.
Y es que, para los jóvenes del barrio, este es un desafío a las autoridades, al peligro y la misma muerte.
En la carrera interviene un participante que lo nombran como tasador que es quien resguarda el dinero de las apuestas, están los competidores que son quienes se “planchan” o acuestan en los motores para evitar que el viento le quite velocidad y tener según ellos más posibilidades de ganar, también los mecánicos, que son quienes revisan los motores una vez ha terminado la competencia para verificar el cumplimiento de los reglamentos de la carrera.
Muchas veces otro riesgo al que se enfrentan los competidores, es que cuando se da el veredicto del ganador, se presentan inconformidades y terminan en peleas que pueden llegar hasta la muerte. Pero también se enfrentan a trampas mortales en el transcurso de las competencias.

Esta semana, el Senado de la República aprobó en primera lectura un proyecto de ley que modifica el artículo 304 de la Ley 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial. La modificación propuesta convierte en infracción agravante la acción de provocar accidentes al conducir motocicletas levantándose en una rueda en las vías públicas.
Además, la legislación propuesta establece sanciones para aquellos que participen en competencias de vehículos de motor en la vía pública o manejen sin contar con la póliza de seguro correspondiente, abordando así conductas que pongan en riesgo la seguridad vial por exceso de velocidad, conducir bajo efecto de alcohol o drogas, entre otras.
El proyecto de ley es un gran paso, pero las medidas reactivas no son el todo para resolver este problema, también harán falta medidas preventivas como la vigilancia en las carreteras donde se hacen estas carreras y programas de educación vial impulsados desde las escuelas.