Panorama Opinión. A lo largo de mi vida política, he sido un firme defensor de la participación de la mujer en la política. He apoyado públicamente a figuras como Hillary Clinton y Kamala Harris, y sigo creyendo que Michelle Obama sería la candidata ideal para convertirse en la primera mujer presidenta de los Estados Unidos. Mi enfoque está claro: cero cuotas, equidad es mi fórmula favorita. Es hora de que las mujeres dejen de ser vistas como una minoría en el ámbito político y sean reconocidas por su capacidad y liderazgo.
A principios de este siglo, me sedujo el carisma, la narrativa política y el accionar de la doctora Milagros Ortiz Bosch, quien hizo historia al convertirse en la primera mujer en alcanzar la vicepresidencia de la República Dominicana después de la muerte del tirano. Desde entonces, he seguido con gran atención las trayectorias de diversas mujeres líderes en la política.
Hoy en día, los vientos de cambio soplan con fuerza, y se empieza a vislumbrar un escenario prometedor para las candidaturas presidenciales femeninas. Recientemente, el equipo de Carolina Mejía compartió un estudio que sugiere que el contexto actual favorece una candidatura presidencial femenina para las elecciones de 2028. Este estudio, realizado en noviembre en diversas zonas urbanas y rurales, reveló datos reveladores sobre la disposición de la población a apoyar a una mujer en la Presidencia.
Los resultados de la encuesta, realizada a 1,324 personas, son contundentes. En la zona urbana, un 81.9% de los consultados expresaron que votarían por una mujer como candidata presidencial. Solo un 17.2% se mostró en desacuerdo, mientras que un 0.9% no respondió o no sabía qué opinar. En las zonas rurales, los resultados fueron igualmente alentadores: un 79.9% mostró apoyo, un 18.4% se opuso y un 1.6% no contestó. Estos números demuestran que la mayoría de los votantes, tanto en áreas urbanas como rurales, están dispuestos a dar su apoyo a una mujer para ocupar el cargo más alto del país.
Al analizar los datos por sexo, los resultados son aún más claros. Un 77.1% de los hombres y un 86.0% de las mujeres estarían dispuestos a votar por una mujer para la Presidencia. Estos números confirman que el apoyo a una mujer en la política no es solo una cuestión de género, sino también una cuestión de convicción política y de reconocimiento al liderazgo.
Ante estos resultados, es difícil no cuestionar las declaraciones de algunos dirigentes que parecen no estar en sintonía con los tiempos. La joven dirigente Gloria Reyes, quien se ha expresado en contra de la posibilidad de una candidatura presidencial femenina, ha quedado completamente desbordada por la realidad de los números. Su posición parece desinformada, sobre todo cuando observamos el apoyo masivo que las mujeres líderes reciben tanto de hombres como de mujeres en todo el país.
En este contexto, me resulta interesante reflexionar sobre las opciones que se barajan para las elecciones de 2028. Carolina Mejía, quien lidera el Proyecto Presidencial Carolina (PPC), parece ser una de las figuras más destacadas. Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿sería ella la mejor opción? O, por el contrario, ¿tendría que ser una figura como Raquel Peña, quien también ha ganado fuerza en la política dominicana? La decisión no es fácil, pero lo que está claro es que la política dominicana necesita más mujeres en posiciones de liderazgo.
Como dijo el narrador deportivo cubano en la época romántica del béisbol criollo: «No se vayan, que esto se pone bueno». Y es que el futuro de la política está lleno de posibilidades para las mujeres, y es fundamental que aprovechemos esta oportunidad histórica. No se trata de ser mujeres por ser mujeres, sino de ser líderes competentes, capaces y comprometidas con el bienestar de la nación. La participación femenina en la política no solo es un derecho, es una necesidad para el fortalecimiento de nuestra democracia.
En definitiva, el camino hacia la Presidencia no será fácil, pero las mujeres están demostrando que tienen el apoyo y la determinación para liderar. El 2028 podría ser el año en que finalmente veamos a una mujer ocupando el cargo de presidenta en la República Dominicana. Sin cuotas, solo equidad. Y ese es el verdadero desafío.