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“¡Yo no me empleo ni loco!”, la informalidad, una salida a salarios pírricos

Trabajos informales

Más del 60 por ciento de los trabajadores formales dominicanos percibe un salario de RD$30,000 mensuales o menos, lo que es duplicado y hasta triplicado por la mayoría de los informales.

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La informalidad es un factor común en las economías de América Latina. En algunos países como Honduras y Bolivia supera el 80%, y en los mejores casos no alcanza el 30% como en Uruguay y Chile.

República Dominicana está entre las dos aguas. De acuerdo a estadísticas del Banco Central, que comprenden el primer trimestre del año, la informalidad en el país es de 53.4%.

Pero el concepto informalidad ha variado a través del tiempo, como lo explica la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su informe “Empleo informal en América Latina”, pues en la actualidad el término abarca a “los trabajadores por cuenta propia y los empleadores cuyas empresas no están registradas, los asalariados sin contrato y la de los trabajadores familiares no remunerados. Además, el término se ha utilizado para describir a quienes trabajan en establecimientos cuya productividad es baja y a personas ocupadas que no están cubiertas por los sistemas de seguridad social”.

En el mismo documento, la propia CEPAL advierte de un tímido crecimiento del empleo en la última década, siendo en promedio de 1.1 por ciento en la zona. Sin embargo, el Banco Central sitúa ese crecimiento en 4.7 por ciento en el último año.

¿Por qué hay más informalidad?

En una economía que crece permanentemente, como la dominicana, uno de los factores del aumento de la informalidad puede ser la alta carga impositiva para las pequeñas empresas, muchas de las cuales desaparecen en los dos primeros años de constitución, aunque la principal razón pueden ser las mayores rentas que en muchos casos se generan en el sector informal sin la necesidad de obligaciones tributarias.

En la última década, la tecnología ha generado nuevos puestos de trabajo informal, como es el caso de las aplicaciones de transporte como Uber, InDrive y Didi, así como las de entrega de comida a domicilio como Pedidos Ya, e incluso enseñanza de idiomas sin ningún tipo de certificación.

En el caso de los primeros, generan ganancias, en muchos casos, por encima de los 100,000 pesos al mes cumpliendo un horario de al menos ocho horas por día, sin la necesidad de sumar tiempo al traslado a su trabajo, puesto que trabajan mientras se trasladan.

Es cierto que para este tipo de oficio no existen prestaciones de ley como seguro médico, salario de Navidad, vacaciones, cesantía en caso de un desahucio, pero triplicando el ingreso promedio mensual del 53% de los dominicanos del sector formal que percibe entre RD$15,000 y RD$30,000, de acuerdo a datos de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS), esos beneficios de esos empleos denominados “seguros” se podría cubrir con creces.

“Mi hermano, yo no me empleo ni loco otra vez. Yo estuve 20 años en una empresa y con lo que me dieron (de prestaciones laborales) saqué este carrito, que si lo hubiera sabido antes hace rato lo hubiera hecho. Aquí si yo quiero no salgo a trabajar un día, salgo en la noche o en la tarde, soy mi propio jefe, me voy a una playa cuando quiero… Es verdad, que a veces la calle se pone difícil, pero lo prefiero mil veces antes que estar en una empresa otra vez cumpliendo horario”, indica Aurelio, conductor en una de las plataformas digitales.

Es precisamente este último aspecto, el horario, lo que motiva a muchos capitaleños, sobre todo, a optar por este tipo de trabajo, ya que Santo Domingo en horas pico se ha tornado intransitable aumentando la cantidad de horas que necesita un trabajador para alistarse y llegar a tiempo a la empresa donde labora e incluso retornar a casa al final del día.

Así como Aurelio otros estuvieron años trabajando en el sector privado formal hasta que encontraron una nueva oportunidad, pero en la actualidad son muchos los jóvenes de entre 18 y 21 años que optaron por conducir un carro como modo de vida sin tener experiencia previa, a veces sin terminar la secundaria y graduándose en las calles de la capital.

“Yo conseguí este carrito porque mi mamá me ayudó. Aprendí a manejar, saqué mi licencia y me va bien. Todavía lo sigo pagando. Al principio es difícil porque uno no conoce las calles y uno pasa pila de lucha porque no gana mucho, pero uno mejora su nivel en la plataforma y le caen mejores viajes”, narra Junior, que a sus 21 años acumula tres años de experiencia en una de esas aplicaciones de transporte.

En números

Tuvimos acceso al panel de ganancias de uno de los conductores, que prefirió conservar el anonimato, y lo menos que genera en una semana de trabajo con un día de descanso son poco más de RD$32,000 pesos, incluyendo la comisión de la plataforma, a lo que solo resta deducir los gastos operativos.

Según el más reciente boletín de la TSS, solo el 36.7 por ciento de los dominicanos del sector formal tiene un salario superior a los 30 mil pesos al mes. Solo un 17.5 por ciento ingresa más de 50,000 pesos mensualmente, lo que indica que menos de dos de cada 10 dominicanos puede costear el promedio de la canasta básica familiar establecido por el Banco Central en julio pasado en los RD$47,041.41, aunque en Santo Domingo esa cifra aumenta a RD$54,275.90. La mayor parte de estos trabajadores están contratados en los sectores comercio y manufactura.

Otra cara

Las generaciones conocidas como millenials o centennials veían en los estudios superiores una opción para mejorar su situación económica, lo que en los tiempos actuales no mueve a muchos en la sociedad dominicana, que optan por la informalidad sin pasar por la universidad, como en los casos mencionados. Otros prefieren cursos técnicos que les permitan instalar sus propios negocios.

Juan Carlos Ortiz, peluquero desde hace más de dos décadas, tras formarse en el Instituto de Formación Técnico Profesional (Infotep), decidió iniciar su negocio en casa hasta captar clientes y crear una reputación. Hoy como trabajador por cuenta propia percibe ingresos que normalmente triplican los de un empleado formal.

“Como todo el mundo se dedicaba a la peluquería y no se necesitaba una empresa formal, uno iniciaba en su casa, luego alquilaba un local hasta conseguir los clientes”, precisa.

No obstante, Ortiz tuvo un primer empleo en el sector formal y recientemente obtuvo un título universitario, con el cual genera ingresos como asalariado, aunque para él no sería una opción abocarse 100 por ciento a la formalidad y dejar de lado su negocio.

“Me gustaría trabajar en una empresa porque ahí solo tienes responsabilidades de 8:00 AM a 5:00 PM, diferente a la peluquería, pero eso depende del salario porque, en general, uno percibe más ingresos en el sector informal”, agrega.

Otros informales

Además de los negocios propios, los chiriperos y choferes de aplicación están los trabajadores por cuenta propia, que ofrecen servicios a clientes o instituciones sin una empresa registrada, por lo que también caen dentro del grupo de los informales.

Un ejemplo de estos son los corredores de seguros, intermediarios entre aseguradoras y clientes, para cuyo trabajo necesitan de conocimiento de las normas del sector y de los productos que ofertan, mas no de estudios superiores para ejercerla, aunque obviamente es un extra para quienes tienen determinados títulos.

“Trabajé durante los primeros 20 años de mi vida laboral como empleado, pero me inicié en esto en busca de mejores condiciones e independencia de lo esclavizante que es trabajar para otros. Indudablemente, un trabajador informal percibe más ingresos que uno informal, por lo que no volvería a ser empleado”, declara Hamlet Rodríguez, corredor de seguros.

Para él, las ventajas de la informalidad son mayores respecto a las desventajas en comparación con el sector formal. “Todos los que están en el sector informal le temen a formalizar sus oficios en términos institucionales por lo engorroso, complicado y poco atractivo, sin olvidar que el emprendedor que reporta desde el principio no compite y desaparece”.

Las razones

Un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) del año pasado indica que la informalidad se ha mantenido a los mismos niveles en las últimas dos décadas, es decir, por encima de un 50 por ciento de la población ocupada, esto pese al crecimiento económico que ha tenido en país en ese lapso.

Lo que ha sido evidente, y que reafirma el estudio en sus conclusiones es que “la República Dominicana no ha logrado reducir en igual medida los niveles de pobreza y desigualdad.

Esta situación la atribuyen, en parte, a la estructura económica del país.

En ese sentido, el informe evalúa como una posibilidad la promoción de un crecimiento económico “que genere empleos productivos y estimule la formalización como mecanismo para favorecer la cohesión social y el crecimiento inclusivo”.

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