Por Susy Aquino Gautreau.
Panorama Opinión. Demonizar la hipocresía en los últimos años ha sido un gran error a escala global. Los tiempos cambian y, con ellos, las normas sobre lo que es socialmente aceptable y lo que no. Hace décadas jamás nos hubiésemos imaginado lo que hoy se aprecia en diversas plataformas digitales y tradicionales, con episodios protagonizados por personalidades y personajes tanto de la vieja como de la nueva escuela de la comunicación. Otros actores de la vida pública, en especial de la política, también tienen su cuota de participación en hechos similares.
Hemos visto varios sucesos este mes que son solo una pequeña muestra de lo que venimos normalizando desde hace más de 22 años. Todos necesitan meterle al bloque para mantenerse vigentes, lo cual lleva a una cadena de irrespetos que, en diversas ocasiones, han devenido en golpes desde hace más de dos décadas.
¿Quién no se ha sentido provocado en algún momento o no ha perdido los estribos, inclusive? ¿A quién no le han llevado al extremo en algún momento? Todos somos propensos a reaccionar desde la ira cuando nos llevan al límite.
Es la invasión de los idiotas descrita por Umberto Eco a quien debo citar constantemente. El acceso masivo a los medios a través de las redes sociales ha modificado los contenidos. Si bien es cierto que esto permite que muchos de nosotros accedamos e incluso poseamos nuestros propios espacios comunicacionales de manera más accesible, también elimina los filtros propios del respeto a la profesión.
Ahora vende lo más estridente, la mala educación disfrazada de organicidad, la perpetuidad del caos reinando sobre el buen criterio. Pero estas conductas no escapan a escenarios internacionales, ya que Emmanuel Macron interrumpió una ponencia en Kenia en esta misma semana pidiendo a los asistentes que escuchasen y no faltasen al respeto a quienes hacían la alocución.
Las formas nunca deben perderse, y la atrevida ignorancia que se pone el seudónimo de autenticidad o sinceridad no es más que un detonante de conflictos verbales, físicos e incluso sociales. No todo lo que pensamos es apropiado para expresarlo, ni todas las maneras son adecuadas para verbalizarlo. Si apostar por el orden, las palabras correctas, el respeto y las conductas positivas es quedarse rezagada, pues es preferible no avanzar. Deberíamos preferir mil veces ser hipócritas antes que trogloditas.