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Voltagabbana: arte universal del acróbata político

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Panorama Opinión. La política italiana ha infiltrado términos en el vocabulario global con la misma elegancia que su gastronomía, pero ninguno con tanta justicia poética como voltagabbana. Literalmente, quien voltea el gabán: en la Edad Media, los soldados desertores invertían su capa para no ser reconocidos en la huída. El término describe hoy en día a quien, por oportunismo y beneficio personal, cambia de opinión y de bando con ligereza. Este fenómeno es universal — Joseph Fouché, el «genio tenebroso» que sirvió a regímenes antagónicos, fue su gran precursor—, en España le llaman tránsfuga, en inglés, turncoat. Pero es quizás en Italia donde ha alcanzado su mayor refinamiento e impunidad cultural.

Como observadora de mis dos patrias, la de nacimiento (República Dominicana) y la de adopción (Italia), me fascina cómo el arte del equilibrio político define a ambas sociedades.

El Olimpo de los Equilibristas

En el panteón italiano destaca Pier Ferdinando Casini, quien en 2022 fue candidato al Quirinale tras una carrera política de 42 años, transitando desde la Democracia Cristiana hasta la izquierda del PD. A su lado, Beatrice Lorenzin justifica sus constantes cambios de sigla con una frase para la posteridad: «Solo los tontos se quedan siempre en el mismo sitio».

Italia enseña además una lección notable: Los líderes partidarios pueden ser desplazados por sus propios sucesores. Matteo Salvini, actual vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Transportes del gobierno de Giorgia Meloni, desplazó al fundador Umberto Bossi en la Liga Norte. Giuseppe Conte, un profesor outsider “sacado del sombrero” que fue Primer Ministro en dos ocasiones, le arrebató el Movimiento 5 Estrellas (M5S) al mismísimo fundador, el comediante Beppe Grillo. Angelino Alfano, el “delfín” ungido por Berlusconi, lo abandonó en 2013 llevándose 59 parlamentarios.

Pero también existe una cultura de la retirada ante el fracaso: Pier Luigi Bersani dimitió de la secretaría general del Partido Democrático tras la derrota de 2013; Gianfranco Fini, aliado incondicional de Berlusconi abandonó la política cuando su partido, Alianza Nacional, se pulverizó; y el propio Matteo Renzi (PD) renunció como Primer Ministro tras perder en el 2016 el referéndum constitucional que él mismo impulsó.

La Era de los «Responsables» y el «Paraculismo»

Un hito del transfuguismo ocurrió en diciembre de 2010, cuando el gobierno de Silvio Berlusconi se salvó gracias a Domenico Scilipoti y Antonio Razzi, quienes abandonaron el partido de  Antonio Di Pietro en el momento crítico, pasando al bando del Cavaliere, archi  enemigo del famoso exmagistrado, evitando que se aprobara una moción de censura en contra de Berlusconi. Razzi incluso confesó que lo hacía por su pensión, inmortalizando el cínico lema: «Piensa en tu bolsillo». Desde entonces, se llama sarcásticamente «responsable» a quien cambia de bando por favores y conveniencia personal. 

El ciclo se cierra con el M5S, que pasó de ser un grito «antisistema» a gobernar con la ultraderecha y luego con la tecnocracia de Mario Draghi en una misma legislatura. Fue el reconocido periodista Giuliano Ferrara quien definió este tránsito como el paso del vaffanculismo (el insulto) al paraculismo (el cinismo oportunista).

Frente a este mar de piruetas, surge la rara excepción de Giuliano Pisapia, síndico de Milán entre 2011 y 2016 —el primero de centroizquierda en la capital económica de Italia tras dieciocho años de dominio derechista—, quien en pleno éxito de gestión y sin presión de nadie anunció que no se repostularía. Su explicación merece ser grabada sobre la piedra: no era cansancio, dijo, sino “coherencia”, porque “la política debe ser un ponerse al servicio” y nadie es indispensable. Cumplió la promesa que había hecho el día que ganó: un solo mandato.

Como veremos en la segunda parte, en mi amada Quisqueya, las tradiciones son, por lo general, distintas.

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