Miles de familias enfrentan con nervios la temporada ciclónica, en especial, cuando llega noviembre por las tragedias ocurridas en los últimos años en este mes.
Siento temor cada vez que anuncian lluvia, dice Eneroliza Pérez, nacida y criada en el barrio Capotillo, quien vive en una casucha de madera con techo de zinc a orillas del río Ozama, específicamente en el sector El Túnel de Capotillo.
Recorriendo un camino lleno de casuchas, Panorama se trasladó al albergue habilitado por las autoridades en el Centro Educativo El Túnel, donde Eneroliza y un grupo de personas en condición de vulnerabilidad estuvieron refugiadas tras el paso de la tormenta Melissa sobre República Dominicana, el pasado mes de octubre.
Eneroliza, madre soltera de 24 años, tiene cinco hijos con edades entre 13 y 2 años, y se encuentra en espera del sexto. Nos contó que cada vez que llueve siente pánico por ella y sus hijos, porque su casa está en riesgo de ser arrastrada por el río.
“Yo siento temor, porque imagínate, hay que salir huyendo cada vez que el río sube y se mete en la casa, y uno con cinco muchachos… hay que salir a rastro con ellos”, manifestó la joven quien hace arepitas para subsistir.

“Las arepitas las vende mi niña de trece años, pero ahora no estoy haciendo absolutamente nada, solo esperando, como dicen”, agregó.
Mientras Melissa seguía siendo una amenaza, Eneroliza describió a este medio cómo es su vivienda: totalmente de madera y con techo de zinc; al abandonar su hogar, afirmó que ladrones aprovecharon para entrar y robarlo todo.
“Dejé todo recogido en bañitos y fundas, y los ladrones se metieron por la puerta de atrás y se llevaron la ropa de los muchachos, los zapatos, los cuadernos… todo se llevaron”, señaló.

Además, explicó que en otras ocasiones el río ha invadido su casa y arrasado con sus pertenencias, y no solo las suyas, sino las de todos los vecinos que viven al borde del río. Durante el paso de la tormenta Melissa, el agua dañó la nevera, y de la estufa solo funciona una hornilla.
Huracán Melissa activa alerta y deja zonas vulnerables en riesgo en República Dominicana
El huracán Melissa, que alcanzó la categoría 5 en el Caribe y arrasó en Jamaica, pasó por el país siendo tormenta tropical y provocó que las autoridades dominicanas activaran un amplio sistema de alertas para proteger a la población. Según el Centro de Operaciones de Emergencia (COE), cuatro provincias del país —Barahona,
La historia de Gilda y su temor cada vez que llueve
Gilda contó a Panorama que, tras el anuncio del paso de la tormenta Melissa por el país, sintió mucho miedo porque vive pegada al río Ozama. La joven madre de 30 años explicó que cada vez que se pronostican lluvias fuertes tiene que abandonar su vivienda.

“Hay vaguadas que llueve mucho y el río no nos saca, pero cuando es ciclón, obligado nos saca”, expresó.
Al igual que Eneroliza, Gilda nació y creció en Capotillo y ha sufrido los efectos de vivir a orillas del río. En varias ocasiones ha perdido sus ajuares debido a crecidas.
“He perdido la nevera, la lavadora, la cama, y he tenido que comprar todo otra vez. Vivo con temor, porque en una de esas lluvias se cayó una mata grande cerca de mi casa y, gracias a Dios, no cayó encima de nadie”, relató.
Dijo que en esta ocasión dejó sus enseres en la casa, solo sacó el colchón para dormir y empacó todo “como si se fuera a mudar”, al igual que su padre, quien vive al lado. Es madre soltera de tres niños y sobrevive con lo poco que aporta el padre de sus hijos.

Durante su estadía en el albergue, afirmó que reciben comida, agua y, “a veces, traen chocolate y pan para los niños.
Temporada ciclónica: comunidades vulnerables en RD
Cada año, del 1 de junio al 30 de noviembre, República Dominicana enfrenta la temporada ciclónica. En el Caribe, donde se ubica la isla, este periodo la expone a la formación de huracanes y tormentas tropicales, que provocan inundaciones en gran parte de la capital debido a las intensas lluvias. Tras el paso de la tormenta Melissa, los más afectados fueron las personas que residen en las orillas de ríos, arroyos y cañadas.
Clamor en Los Guaricanos: “Necesitamos ayuda, la comunidad está colapsando”
Panorama recorrió varias demarcaciones vulnerables en temporada ciclónica. Los Guaricanos, es una de estas zonas; allí sus residentes se quejan de que cada vez que se presenta un temporal de lluvias, el río Isabela se desborda; hicieron un llamado urgente a las autoridades ante el deterioro de las vías y el colapso de una poza que servía para el drenaje de la comunidad.
Los comunitarios explicaron que la situación se ha vuelto insostenible, especialmente para los niños que deben cruzar diariamente para ir a la escuela. Relataron que, debido a la obstrucción, improvisaron un pequeño puente de madera para poder pasar, pero ya se encuentra deteriorado, poniendo en riesgo a quienes lo utilizan.

“Necesitamos que las autoridades vengan en nuestro auxilio. Aquí no hay calles, los niños llegan sucios a la escuela, los derrumbes son constantes y el basurero está empeorando la situación”, expresó uno de los residentes.
Los munícipes solicitaron la intervención de las autoridades
“Si alguien se enferma, tenemos que cargarlo al hombro porque los motores y vehículos no pueden pasar”, denunciaron.
“Estamos fatigados, asustados. En cualquier momento puede ocurrir una tragedia”, advirtieron.
“Aquí el agua nos persigue”: Vecinos de La Zurza viven en alerta constante por inundaciones
El temor se ha convertido en rutina para los residentes de La Zurza, quienes aseguraron a Panorama que viven con el miedo permanente a que sus hogares vuelvan a inundarse, aun con una ligera llovizna.
“Cada vez que veo un chin de agua, ya yo estoy subiendo mis cosas. Desde esa inundación yo quedé con nervios”, narró una vecina, señalando sus pertenencias colgadas en las paredes para evitar que se dañen. Según relató, el agua llegó hasta las vigas del techo durante una crecida pasada, obligándola a huir junto a su familia.
Los comunitarios denunciaron que, pese a los riesgos y pérdidas sufridas —colchones, muebles y electrodomésticos dañados—, no han recibido asistencia adecuada de las autoridades.

“Estamos abandonados. Desde que cae diez minutos de agua, esto se llena. Siempre vivimos así, el agua sube y tenemos que correr”, afirmaron. Señalaron que enfermos y niños son los más afectados, y que en ocasiones han tenido que evacuar cargando a personas con dificultades de movilidad.
Los residentes exigen una intervención urgente en la cañada, alegando que la inundación no depende de grandes fenómenos atmosféricos, sino que ocurre incluso con lluvias leves. “Aquí no hay calma. Si se nubla, ya sabemos lo que viene. Necesitamos una solución real”.
Clamor por soluciones
Tanto Eneroliza como Gilda, ambas desean que el Gobierno las reubique en un lugar más digno para vivir.
“Que nos saquen de aquí porque no es una vida fácil. Yo no trabajo, soy madre soltera, y cuando hay ciclón yo me preocupo. No es fácil. Uno tiene su familia… yo quiero un lugar digno para vivir con mis hijos”.

De su lado, Eneroliza, anhela, casi desesperada: un hogar seguro donde criar a sus hijos. “Si me pudieran ayudar a conseguir otra casita, otro sitio… que esas personas que ellos mandan a censar sean reales, que nos ayuden a toditos aquí abajo. Nos estamos jugando la vida”.
Un clamor que no puede esperar
El clamor de Eneroliza, Gilda y cientos de familias que viven en las riberas de ríos y cañadas no es un pedido aislado; es un llamado urgente a políticas públicas sostenibles y acciones concretas.

Más que albergues temporales y visitas oficiales, reclaman programas de reubicación digna, viviendas seguras y proyectos de saneamiento que eviten que cada lluvia se convierta en tragedia.
La solución, coinciden expertos y comunitarios, pasa por una intervención integral: drenaje pluvial, recuperación de espacios ribereños, viviendas sociales y acompañamiento económico para quienes pierden sus medios de vida, porque mientras la temporada ciclónica vuelve cada año, sus vidas no pueden seguir en pausa, ni en riesgo, esperando que las promesas se conviertan en soluciones reales.